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Recoger el Tiradero

En las recientes elecciones los ciudadanos de Wisconsin eligieron a un gobernador Republicano, cuya principal promesa fue eliminar el déficit público reduciendo la nómina estatal.  El gobernador Walker recibió un mandato electoral claro.  No solo ganó las elecciones, sino que los Republicanos obtuvieron la mayoría del Congreso Estatal. 

Con base en ese apoyo, el Gobernador planteó una reforma profunda de la relación entre el Ejecutivo Estatal y los sindicatos de burócratas (maestros de escuela, trabajadores administrativos, policías, proveedores de servicio de salud, etc.).  La propuesta del Gobernador consta de tres objetivos: Reducir el costo de la burocracia vía recortes de personal; disminuir el valor presente del paquete de prestaciones de los burócratas vía la renegociación de las cláusulas más onerosas y mejorar la productividad de los burócratas haciendo cambios a las condiciones de trabajo contenidas en los contratos colectivos.

Lo que empezó como una negociación económica casi instantáneamente se convirtió en un campo de batalla político.  La confrontación pone a prueba dos conceptos diametralmente opuestos sobre la relación que debe haber entre los trabajadores del Estado y el Ejecutivo Estatal.  El conflicto de Wisconsin es emblemático.  La batalla que se libra en Wisconsin se esta repitiendo en muchos Estados de la federación americana, entre ellos California, Nueva York, Florida, Nueva Jersey, Michigan y varios más.  Ninguno de los gobiernos de estos Estados aprovechó el periodo de bonanza previo a la crisis para corregir los desequilibrios subyacentes; hoy están pagando las consecuencias.

Los problemas de finanzas públicas de los estatales datan de varios lustros.  La crisis recrudeció recientemente debido a la severa recesión económica que detonó la crisis financiera de EUA.  La crisis toca todas las dimensiones de las finanzas públicas estatales: Los ingresos se desplomaron, sobre todo la captación de impuestos sobre la renta e impuestos prediales (que fluctúan con el valor de los bienes raíces).  Además, varios gobiernos estatales decidieron combatir los efectos de la recesión con el gasto público.  Muchos se endeudaron y hoy no tienen con que pagar.

Para colmo, la crisis financiera también causó estragos a los sistemas de pensiones de los gobiernos estatales, como el de CALPERS.  En un entorno de rendimientos tan bajos como el actual, ha sido imposible resarcir estas pérdidas; el boquete financiero es enorme.

La crisis en Wisconsin es ilustrativa de la fragilidad del acuerdo político entre gobernantes y gobernados en Estados Unidos.  Mientras la economía crecía, tal acuerdo no se puso a prueba, pero la crisis económica ha hecho evidente la falta de acuerdos de las principales fuerzas políticas de ese país.  A la larga, el conflicto llevará a la creación de una nueva estructura política que indiscutiblemente tendrá consecuencias para la economía global y para México.

La nueva estructura política probablemente se inspirará en varias de las “causas” populares más sentidas. Todo indica que el nuevo arreglo girará en torno al &88220;ciudadano común”.  En la situación actual, no veo cómo puedan alinearse las condiciones para que el nuevo arreglo favorezca los intereses de los sindicatos, pero tampoco los de las grandes empresas americanas, sobre todo financieras. 

Es probable que la crisis económica y fiscal enfrente a la población de mayor edad, cuyos intereses económicos de largo plazo son el gasto en pensiones y salud, con la población de personas jóvenes, que tienen hijos en las escuelas públicas, cuyos intereses se alinean más con la formación de capital humano y el empleo y con una carga fiscal menos onerosa.

Actualmente, ninguno de los dos partidos ha logrado adueñarse de los temas que definirán el futuro del país.  Los Demócratas están más cerca de la población más joven, pero la coalición de intereses que representan tiene muchas debilidades: son proteccionistas y se les percibe como demasiado cercanos a los sindicatos, que la mayoría de la población repudia.  Los Republicanos tampoco la tienen fácil.  Si bien ellos fueron los que definieron el debate actual, una fracción significativa de la población americana repudia las posiciones extremas de varios de sus líderes más visibles.

La sorprendente victoria electoral de Obama demuestra que ninguno de los partidos tiene garantizado su futuro.  Para formar una mayoría ganadora se necesita armar una coalición de grupos que “resuelva” los dilemas de nuestros vecinos.  La batalla política que viene será intensa y sus efectos resonaran durante años.  El debate que se está librando es fascinante.               
 
Roberto Newell G. es Economista y Vicepresidente del Instituto Mexicano para la Competitividad, A.C. Las opiniones en esta columna son personales.