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Redes y totalitarismo

Las redes, un constructo impersonal, han reemplazado a los vínculos personales en la sociedad. Las sociedades democráticas de occidente se distinguen por sus interacciones impersonales. En los mercados de un país donde hay imperio de la ley no necesito conocer a mis proveedores o clientes. El imperio de la ley es una red y todos conocemos las reglas. Cuando hay crimen, hay castigo. Los precios se determinan de manera libre. No tengo que ser amigo de Jeff Bezos para que me den un descuento en Amazon; el descuento será el mismo para mi que para cualquier otro.

En esta semana, hubo un albazo en México. Una iniciativa presidencial en materia de electricidad, una contrarreforma respecto a la Ley de la Industria Eléctrica (LIE) reformada en la administración anterior. En caso de aprobarse, esa iniciativa destruiría todas las certezas que permitieron inversiones privadas en el sector eléctrico, especialmente en la generación a través de renovables, y le daría poder monopólico de vuelta a la Comisión Federal de Electricidad (CFE).

También, la iniciativa presidencial busca que el Suministrador de Servicios Básicos de la CFE ya no acuda a subastas para comprar la electricidad más barata. Esa subsidiaria, bajo la LIE vigente, se encarga de comprar energía y potencia en el mercado eléctrico mayorista (MEM) y entregársela a consumidores residenciales, agrícolas y comerciales de bajo consumo (debajo de 1 Mwh). En ese segmento, es donde hay más diferencia negativa entre la tarifa y el costo integrado (que comprende generación, transmisión, distribución y suministro). Por ello, el Estado históricamente ha tenido que subsidiar ese segmento.

En la electricidad hay también un subsidio cruzado, que no se hace explícito en las finanzas públicas. Los consumidores de alto consumo residencial y los clientes industriales y de servicios grandes, pagan más. Ese esquema ha hecho que la electricidad industrial y comercial en México sea más cara respecto a las tarifas que pagan industriales y empresarios de países competidores. La electricidad barata en el segmento residencial es un incentivo a la informalidad económica: si voy a coser camisetas, es preferible dotar a 30 hogares de dos máquinas de coser con motores de 1 caballo de fuerza y pagarles su electricidad subsidiada, que construir una fábrica de camisetas integrada.

La CFE le puede servir al Estado para ganar elecciones. Si un distrito no resulta partidario de un candidato oficialista, por la vía de la tarifa eléctrica se le puede regresar al redil. A diferencia de otras redes, la red eléctrica y la electoral están amarradas geográficamente. Si a nuestra manzana no le gusta la postura oficial respecto a una obra de infraestructura, no necesariamente tienen que cambiarnos la tarifa: con reducir la calidad del servicio o disminuir las inversiones nos pueden mandar el mensaje de alinearnos con el oficialismo.

La iniciativa del Senador Monreal para regular las redes sociales, con el argumento de que las telecomunicaciones son del Estado, es otro paso hacia el totalitarismo. El Senador Monreal quiere un México que sea como China, con control sobre las redes sociales, y sin contacto con las redes externas. Adiós Facebook y Twitter; hola Caralibro y Pajarito. Las redes oficiales en China promueven las ideas del régimen, y suprimen otras. Al menos, cuando la red telefónica era el único medio de comunicación y era propiedad de Carlos Slim, el ingeniero lo único que quería era extraernos recursos. Hoy el Estado está interesado en extraernos las ideas y reemplazarlas por otras a su gusto.

Las redes de transporte tampoco son ya espacio público; son propiedad del crimen organizado. Ya hay zonas del país donde se requiere un salvoconducto del crimen organizado para circular. La red política es propiedad de una aristocracia que no permite la entrada de competidores. Ese orden les permite disponer del Estado y sus recursos como si fueran patrimonio propio.

Estas nociones son previas a esta administración; son un virus que dejamos crecer en la Constitución y en todo nuestro aparato jurídico. La idea que la propiedad privada y los derechos ciudadanos no son nuestros, que nos los dio el Estado, y que nos los puede quitar en cualquier momento, es lo que permite estos coqueteos de la clase política con el totalitarismo.

El optimismo ocasional de esta columna se derrumba ante estos embates. Aún no somos un régimen totalitario, pero vamos volando para allá. Tenemos que hacer algo al respecto.

Publicado por El Financiero.
03-03-2021