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Reflexiones tentativas

Alejandro Hope | @AHope71

Foto: Xinhua
Foto: Xinhua

Y sucedió.Tomó trece años, tres administraciones federales y miles de horas hombre, pero sucedió: Joaquín Guzmán Loera, El Chapo, El Patas Cortas, ícono del narcotráfico mexicano y cabeza visible de la mayor de nuestras mafias, pisa de nuevo una cárcel.

¿Qué pasa ahora? ¿Qué implicaciones tiene la madre de todas las capturas? Difícil hacer predicciones contundentes, pero van algunas reflexiones iniciales:

1. ¿Es el final del Cartel de Sinaloa? No en el corto plazo: la organización es suficientemente descentralizada para sobrevivir incluso a la detención de su principal dirigente. Pero sin Guzmán, con El Mayo Zambada cerca del retiro, sin sucesores naturales, hay pocos elementos aglutinadores en la banda. Una fragmentación gradual, similar a la experimentada tras la caída de Miguel Ángel Félix Gallardo en 1989, es tal vez el escenario más probable.

2. ¿Otro cártel se beneficia de la caída de Guzmán? Probablemente, pero esa no es la pregunta correcta. Más importante es cómo cambia el crimen organizado. Si en efecto se fragmenta Sinaloa, se aceleraría una transición del crimen organizado, la mutación de bandas sofisticadas de contrabandistas en mafias locales y predatorias, con más vocación para la extorsión que para el trasiego de drogas. En ese sentido, la captura de El Chapo puede marcar un fin de época.

3. ¿Habrá un incremento de la violencia? Tal vez. Una detención de este tamaño puede tener severos efectos desestabilizadores: los cercanos del capo pueden lanzarse a la caza de traidores, reales o imaginarios, las bandas rivales pueden intentar llenar vacíos, los lugartenientes pueden disputarse la estructura. Pero tampoco es imposible suponer que esta captura tenga algún impacto disuasivo. El Chapo Guzmán era la imagen misma de la impunidad: ponerlo de nueva cuenta tras las rejas lanza un mensaje potente sobre las capacidades del Estado. Y ese mensaje podría contener en alguna medida los efectos centrífugos de esta decapitación.

4. ¿La captura es un triunfo para la administración Peña Nieto? Indudablemente. Y es además un triunfo que no se debe regatear: no es cualquier cosa mandar a prisión al más importante criminal de los últimos 25 años. Pero más allá de los méritos de los responsables directos de la operación, es importante destacar que esto es el resultado de un largo proceso de fortalecimiento institucional. La operación de ayer es el premio a la paciencia, a la acumulación gradual de inteligencia sobre El Chapo y su entorno, a la difícil tarea de unir los puntos, de encontrar sentido en piezas sueltas. Detener a Guzmán es un éxito del Presidente Peña Nieto, pero es, sobre todo, una victoria del Estado mexicano.

5. ¿Y Estados Unidos? Aún no sabemos del todo cuál fue su rol en la operación. Sorprendería que las agencias estadounidenses no hubiesen tenido alguna participación, particularmente dado el hecho de que la noticia empezó a fluir desde el país vecino. Esa colaboración pudo haber sido decisiva o modesta, pero, cualquiera que haya sido el caso, ahora el gobierno estadounidense se va a involucrar en lo que sigue. Con alta probabilidad, van a solicitar la extradición de Guzmán y las autoridades mexicanas haría bien en concederla. Hoy las prisiones federales son mejores a las existentes hace trece años, pero, aún así, ¿el gobierno quiere correr el riesgo de otro Puente Grande?

En resumen, la captura de ayer puede cambiar todo, para bien o para mal. Es una victoria, pero bien puede resultar pírrica, si las instituciones no se adaptan al fin del viejo narcotráfico y a la expansión de formas menos vistosas, pero más tóxicas de crimen organizado.

Publicado por Periódico El Universal.
23-02-2014