Artículo

Reforma de los negocios de refinación

Para los mexicanos de mi generación, los lugares donde se vendía gasolina se identificaban con el "charrito Pemex". El logo del "charrito" era simpático, muy mexicano y ubicuo. Seguramente tenía detractores, pero eran otros tiempos menos sensibles a la corrección política; no recuerdo a nadie que se sintiera ofendido por sus piernas deformadas o su estatura. Hoy, a nadie se le ocurriría usar esa imagen para representar a la paraestatal. Aunque siendo honestos, esa imagen reflejaría más fielmente la situación del área de refinación de Pemex que el águila estilizada que se usa actualmente.

Pemex Refinación perdió alrededor de 60 mil millones de pesos el año pasado, o sea, 170 millones de pesos diarios. Esos resultados reflejan todo tipo de problemas. Algunos son intrínsecos al diseño de las plantas; otros derivan de la forma en que opera el área.

El principal problema de Refinación es que las plantas fueron diseñadas originalmente para procesar un crudo de menor viscosidad y azufre que el que actualmente produce PEP. Esto no es culpa de nadie, así sale el crudo del subsuelo. Pero esta circunstancia tiene implicaciones económicas difíciles de resolver.

El petróleo más pesado causa que la operación de las refinerías se tenga que interrumpir frecuentemente para hacer reparaciones no programadas. Cada interrupción significa enormes pérdidas económicas que se van acumulando. Para que esta situación cambie no hay otra opción más que hacer grandes inversiones en la modernización de las refinerías. Pero los montos a invertir son enormes e inciertos, como también lo son los periodos durante los cuales dejan de operar las refinerías. Un ejemplo de lo anterior es el caso de la reconfiguración de la refinería de Cadereyta, que ha costado y tardado mucho más de lo previsto.

Pero si este fuera el único problema, quizá ya se estaría resolviendo. Además de este, Pemex Refinación tiene muchos otros problemas que son de manufactura humana. La lista es larga: sobra muchísimo personal; los procesos de compras de materiales y equipo no son confiables, ni transparentes; el Sindicato controla funciones clave con consecuencias económicas graves para Pemex como en el tan mentado caso del transporte que causó la multa de CFC por prácticas monopólicas, y como estos hay muchos otros ejemplos.

En Refinación es donde está más arraigada la corrupción y los que acaban pagando los costos derivados de la situación actual son los consumidores.

Para que las condiciones del área mejoren se requiere dar un giro de 180 grados. El principal obstáculo a vencer es el monopolio de Pemex en refinación y distribución de hidrocarburos. Mientras no haya competencia, las cosas no cambiarán, puesto que estarán ausentes los incentivos requeridos para transformar el desempeño del área.

La competencia es indispensable, puesto que la refinación de petróleo es un negocio de costos fijos altos que se tienen que cubrir produciendo grandes volúmenes para ganar márgenes pequeños. El éxito en este negocio deriva de que se preste gran atención a la eficiencia de operación y los procesos, esto es imposible sin una transformación del capital humano disponible y su relación con la empresa.

Aun las mejores refinerías del mundo operan con márgenes apretados. Aprovechan todas las oportunidades disponibles para optimizar sus procesos, procurando capturar todas las ganancias incrementales disponibles.

Las refinerías más exitosas aprovechan los insumos disponibles al máximo y ponen especial énfasis en abatir el costo de la energía que consumen. También aprovechan las oportunidades que ofrece el mercado, procurando producir la mezcla de petrolíferos que más conviene en cada coyuntura. En suma, la refinación es un negocio dinámico que premia la excelencia operativa y la eficiencia de los procesos. Pemex Refinación está lejos de los estándares de operación de las mejores empresas internacionales.

Reitero: parte del problema de las refinerías de Pemex deriva de su diseño original, pero antes de tratar de remediar este problema, es indispensable que el área se aproxime más a los estándares de operación y uso eficiente del capital humano de refinerías similares en tamaño y diseño.

Lamentablemente, Pemex Refinación está lejos de los estándares operativos que logran las mejores empresas del mundo. Mientras así funcione el área, reconfigurar o construir refinerías nuevas sería una mala idea.

Para que Pemex Refinación mejore, es indispensable que tenga competencia y un dueño que se preocupe por mejorar su desempeño. Las propuestas del PRI y el PAN apuntan en esta dirección; ojalá que se logren esos propósito en la práctica.