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Reforma de Telecomunicaciones

Hace muchos años me tocó participar en el proceso de privatización y re-regulación de Telmex. La empresa adolecía de muchísimos defectos operativos: la oferta de líneas crecía inadecuadamente, la calidad del servicio prestado era muy mala, los tiempos entre fallas eran muy cortos y los tiempos para repararlas eran largos. Las tarifas también estaban cruelmente distorsionadas: la larga distancia era carísima, mientras que la tarifa de servicio local estaba por debajo del costo de proveer servicio.

Estos problemas eran el resultado de que Telmex fuera un monopolio operado por el Gobierno. Como Telmex no enfrentaba competencia, no corría el riesgo de perder clientes, aunque su servicio fuera malísimo, y como la empresa era del Gobierno no había peligro de que quebrara.

Privatizar Telmex era la única solución realista a los dos problemas, pero como las tarifas estaban desquiciadas, se tomó la decisión de rebalancearlas a lo largo de varios años. Para este fin se instrumentó un mecanismo de precios tope que reducía el costo de la canasta de servicios gradualmente mientras se iban rebalanceando las tarifas. La idea era abrir los mercados de servicio local y larga de distancia cuando las tarifas alcanzaran niveles competitivos. En el caso de la larga distancia, esto sucedió alrededor de 1997 y coincidió con la entrada de nuevos jugadores como Alestra y Avantel.

Cuando Telmex se privatizó, las tarifas de servicio local eran tan bajas que no había incentivos para que participaran nuevos competidores. Las inversiones requeridas para competir al tú por tú con Telmex eran tan grandes que no se esperaban nuevos entrantes. Pero la tecnología avanzaba velozmente, por ello se tenía la esperanza de que alguna empresa armara una oferta alternativa basada en redes privadas y tecnología celular. Eventualmente, la evolución tecnológica llevó a la entrada de nuevos jugadores. A pesar de la competencia desigual que caracteriza a la telefonía del País, el mercado actual de telecomunicaciones es incomparablemente más competitivo que el que había al momento de vender la empresa. Este cambio se debió primordialmente a la privatización de Telmex y el rebalanceo de tarifas. Lo que no salió igual de bien fue la re-regulación del sector.

Telmex se privatizó en 1990. Pasaron 5 años para que se promulgara la nueva Ley Federal de Competencia y se creara la Comisión Federal de Telecomunicaciones. La Ley establecía las bases para sector altamente competitivo en el cual las fuerzas del mercado determinarían los resultados que obtendrían los diversos competidores. La Ley establecía barreras bajas a la entrada de nuevos competidores y establecía reglas para que fuera la competencia la que determinara las tarifas en el mercado y la naturaleza de la oferta telefónica. No se anticipaba que fuera necesario que la Comisión tuviera que intervenir constantemente para resolver cuestiones. La Ley suponía que las empresas buscarían resolver sus diferencias con base en negociaciones voluntarias. Un caso ejemplar de este tipo de temas eran las tarifas de interconexión; como ésta había muchas otras cuestiones a resolver. Se pensaba que los regulados estarían deseosos de llegar a acuerdos sin la intervención de Cofetel. Ese no fue el caso.

Los problemas inherentes al nuevo marco regulatorio no tardaron mucho en aflorar. Telmex y posteriormente varios más de los actores del sector se negaron a negociar soluciones concertadas, obligando a la autoridad a tomar partido en la solución de los conflictos en el sector. Después, conforme la autoridad fue dictando resoluciones, retaron sus fallos por la vía de cientos de amparos que se fueron acumulando. Los amparos que se concedieron a las empresas reguladas neutralizaban la acción regulatoria causando que los fallos de la Comisión tardaran años en resolverse. La principal debilidad del nuevo marco regulatorio no eran las propuestas recogidas en la LFT, y ni siquiera la calidad de los fallos de la Comisión. No, la falla principal es que las facultades de la Cofetel se podían retar anteponiendo amparos contra la acción del regulador. Por medio del uso del amparo, Telmex logró anular o demorar la ejecución de muchas de las principales decisiones de la Comisión. El marco regulatorio favoreció a Telmex y causó que se creara una situación que de facto fortaleció su posición dominante en el mercado.

La reforma regulatoria recién propuesta resuelve esta debilidad haciendo que el nuevo regulador derive su autoridad de la misma Constitución. Bajo las nuevas condiciones, los fallos del nuevo ente regulatorio seguirán su curso mientras no haya una resolución definitiva en contra del regular. La situación resultante es un giro de 180 grados contra la condición que prevalecía anteriormente. Ni Telmex ni ninguna otra empresa del sector podrá usar el amparo para nulificar la acción regulatoria. Como dice el refrán: “Tanto fue el cántaro al agua…”.

Roberto Newell G. es Economista y Vicepresidente del Instituto Mexicano para la Competitividad, A.C. Las opiniones en esta columna son personales.