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Resultados de Latinbarómetro

La semana pasada, Latinbarómetro publicó los resultados de su encuesta anual. Esta evalúa el estado que guardan los sistemas políticos del subcontinente, incluyendo el de nuestro País. Los resultados de la democracia mexicana son muy malos. Sólo 37 por ciento de los encuestados estuvieron de acuerdo con la aseveración "La democracia es preferible a cualquier otra forma de gobierno". En toda América Latina, sólo los guatemaltecos tienen una peor opinión de la democracia.

Los resultados de este año siguen una tendencia que inició hace años, como se ve en la gráfica. El mejor momento de la democracia mexicana coincidió con la alternancia en la Presidencia. La elección de Fox despertó el entusiasmo de la mayoría de los encuestados. La calificación más alta correspondió al segundo año de Gobierno de Fox. En ese año, poco más del 60 por ciento de los mexicanos opinó que la democracia es preferible a cualquier otra forma de gobierno. Ese resultado es comprensible: en ese momento era plausible tener una opinión favorable de la democracia. La transición a un régimen plural se había dado pacíficamente y todavía no era obvio que funcionaría la estrategia de sistemáticamente oponerse a las principales iniciativas del Ejecutivo novel.

Aun en el mejor momento del PAN, la convicción de los mexicanos que la democracia es la mejor forma de gobierno era tibia. Actualmente, alrededor del 80 por ciento de los encuestados de otros países, incluyendo Argentina y Venezuela, piensan que la democracia es el sistema político óptimo. En esos dos casos esa buena opinión puede ser efímera, puesto que descansa sobre bases económicas endebles. Pero en los casos de Brasil, Chile, Colombia. Perú y Uruguay, los resultados favorables pueden ser duraderos, puesto que están respaldados por mejores resultados económicos.

Muchos factores explican el pesimismo de los mexicanos. Su experiencia democrática ha sido decepcionante. Durante la década de la alternancia, la economía creció a ritmos mucho más bajos que las expectativas de los votantes; el régimen democrático tampoco sirvió para erradicar la corrupción. Por el contrario, lo que ese periodo mostró es que la corrupción es endémica a todos los partidos políticos, incluyendo al PAN, que se ufanaba de ser el partido de la "gente decente". El periodo democrático también coincidió con un largo periodo de violencia, que causó el descrédito del sistema de procuración de justicia y del pluralismo político.

Para colmo, la impugnación de las elecciones presidenciales de 2006 debilitó la credibilidad de las instituciones encargadas de vigilar los comicios y legitimó las protestas callejeras como método de expresión política.

Los resultados recientemente obtenidos en la encuesta de Latinbarómetro muestran que México avanza por un camino peligroso. De 2002 a la fecha, la democracia mexicana ha perdido más del 40 por ciento de sus adherentes. Actualmente, poco más de la tercera parte de los ciudadanos piensa que la democracia es el mejor sistema de gobierno posible. La mayoría de los mexicanos está dispuesta a confiar la conducción del País a un sistema político autoritario.

Es imprescindible cambiar esta tendencia. Me consta que en los tres partidos principales hay demócratas convencidos. Pero si estas personas permiten que otros miembros de sus partidos asuman conductas antidemocráticas, se seguirá erosionando el respaldo a los valores liberales y llegará el momento en que se instale un régimen autoritario en el País.

Vamos mal, muy mal. Debimos haber corregido el rumbo hace mucho. Ojalá que no sea demasiado tarde para probar que democracia no es sinónimo de desorden, inseguridad, parálisis política y desempeño económico pobre. Nuestra democracia puede mostrar la vitalidad y dar los resultados que ha dado en otros países. Es tiempo de mostrar que también en México puede funcionar el pluralismo.

Publicado por Periódico Reforma.