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Resultados del primer semestre

El primer semestre del año concluyó con buenos resultados. Durante el segundo trimestre, la economía creció 1.04 por ciento respecto al trimestre anterior. Si se sostiene tal ritmo de crecimiento durante los tres trimestres subsecuentes, habrá crecido 5.7 por ciento, o sea, a un ritmo parecido al que se pretende con las reformas estructurales. Después de los resultados tan pobres del último, hubiera sido deseable un crecimiento más alto, pero realmente no me puedo quejar.
Las tres áreas de actividad crecieron: las primarias a una tasa anual de 3.6 por ciento, las del sector secundario al 4.1 por ciento y las del sector terciario a 7.0 por ciento. El dato más alentador es el de las actividades terciarias, por dos razones: primero, porque incluye el sector comercial, el cual había estado deprimido desde 2013 debido a los efectos negativos de la reforma fiscal, y segundo, porque son las que más pesan en la economía. No obstante lo anterior, la economía nacional todavía no se recupera totalmente. En consecuencia, la PEA desempleada y subempleada todavía estaba creciendo el mes pasado.

Aún no se publica información respecto a los diversos componentes de la demanda agregada, pero es probable que tres de ellos contribuyeron fuertemente al crecimiento del segundo trimestre. Mi hipótesis al respecto es que las exportaciones, el gasto del sector público y la demanda de consumo privado fueron los tres motores de crecimiento. Dudo mucho que la formación de capital fijo haya contribuido mucho al crecimiento del segundo trimestre, aunque apostaría a que despegará en crecimiento dentro de poco.

Sin lugar a dudas, el mejor resultado del primer semestre fue haber concluido las negociaciones para la aprobación y promulgación de las reformas del sector energético. El impacto de estas reformas aún no se puede ver en las cifras de coyuntura, pero indudablemente estos cambios serán trascendentes. Por lo pronto, han detonado extraordinario optimismo e interés entre inversionistas domésticos y extranjeros. Creo que también fue un gran acierto acelerar el calendario de la asignación de las zonas de exploración y producción de las Rondas Cero y Uno. Con ello, el Gobierno transmitió la señal de que tiene la intención de apresurar los cambios y hacer irrevocable el proceso de apertura del sector. Por ello, estoy seguro de que dentro de poco la economía empezará a mostrar los efectos de una fuerte ola de inversiones para la producción primaria de hidrocarburos. Por lo pronto, varios grupos empresariales, entre ellos Alfa, Carso, Grupo México y otros, han anunciado que participarán con inversiones en varios campos de la Ronda Uno.

El Gobierno también está apresurando la puesta en marcha de los cambios del sector eléctrico. En días recientes, CFE anunció todo tipo de proyectos para mejorar su competitividad y eficiencia. Destacan entre ellos una serie de iniciativas para reducir las pérdidas de fluido eléctrico en las redes de distribución y otros para reforzar la red de gasoductos con el fin de proveer combustible más barato para las plantas de generación de la empresa. Estos pasos son indispensables para reducir los costos de generación y distribución de la paraestatal para que algún día, ojalá no muy remoto, se puedan reducir las tarifas que pagan los consumidores.

Quienes leen mi columna saben que he sido muy crítico de la reforma fiscal que instrumentó el Gobierno. Ésta dañó el bienestar de los consumidores y está sirviendo para financiar aumentos en el gasto público que son difíciles de justificar y aceptar. No obstante lo anterior, el balance final del conjunto de reformas es positivo: las reformas al sector energético y a las telecomunicaciones fomentarán el crecimiento económico; la reforma educativa algún día debe conducir a que mejore el capital humano del País, aun cuando su instrumentación inicial ha dejado mucho que desear; la reforma laboral no parece haber aportado gran cosa, pero tampoco parece haber perjudicado el funcionamiento de ese mercado, mientras que la reforma fiscal fue innecesariamente costosa y cuestionable. Pero los efectos de los cambios en los sectores de telecomunicaciones y energía son tan poderosos que el resultado neto debe ser muy positivo.

Es probable que cuando algún historiador económico futuro revise los resultados alcanzados durante los últimos meses concluirá que el Gobierno logró cambios trascendentes y que antes parecían imposibles de lograr. Dudo mucho que ese historiador preste mucha atención a los resultados de la coyuntura, aunque estos hayan sido buenos. Pero lo que incuestionablemente reconocerá es que el momento de México por fin llegó en 2014.

Publicado por Reforma 
28-08-2014