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Riesgo y reformas

El riesgo es a la inversión, lo mismo que la kriptonita a Superman. Para que nuestra economía crezca, no por un momento sino por una generación, debemos reducir los márgenes de incertidumbre en muchos frentes. La inestabilidad política, un mal manejo de la economía, el temor al crimen y la violencia son algunos de los focos amarillos que pueden inhibir las decisiones de inversionistas nacionales y extranjeros.

¿Dónde preferirías invertir tu aguinaldo? En la Venezuela gobernada por la mano firme de Nicolás Maduro o en un país como Chile. Tu respuesta es un termómetro del riesgo político en estos dos países. ¿Dónde recomendarías abrir una nueva fábrica? ¿En Querétaro o en Michoacán? ¿Dónde hay mejores opciones para prosperar? En un sector dominado por una empresa monopólica o en un área de la economía con nuevos participantes que se disputan distintas parcelas del mercado. ¿Dónde preferirías trabajar, en una ciudad con más de 3 mil homicidios al año o una con menos de 500? La primera urbe es Ciudad Juárez en 2010 y la segunda es Ciudad Juárez en 2013. Esta complicada metrópoli industrial es una muestra de que si cambian las evidencias y percepciones de riesgos, cambian las estrategias de inversión.

La autonomía del Banco de México ha derivado en un menor riesgo sobre el poder de compra del peso mexicano. Invertir en un país con inflación elevada es una montaña rusa no apta para cardiacos. Con un mandato simple y enfocado, en 20 años, el Banco de México ha logrado modificar la visión de los mexicanos sobre el comportamiento de los precios. En las últimas décadas del siglo XX, la economía mexicana era un territorio de fluctuaciones y miedos. Hoy, las sorpresas que nos da la inflación no son insumo para una pesadilla.

Mientras más serenas y predecibles sean las circunstancias, mejor es el clima de inversión. Un país que está en medio de un intenso proceso de reformas estructurales inevitablemente genera ciertas aprensiones de corto plazo. Caminemos en los zapatos de una empresa global de telecomunicaciones que se ve atraída a México, por el tamaño de la economía y el poder de compra de la población.

A principios de sexenio se anuncia un ambicioso cambio legal con el fin de promover mayor competencia en telefonía y televisión. Las cosas suenan bien, pero para dar el paso con el huarache bien calzado lo ideal será tomar la decisión ya que se hayan planchado todas las incertidumbres del marco jurídico. Hoy todavía no tenemos una ley secundaria en telecomunicaciones.

México está haciendo en 12 meses las reformas que debieron ocurrir en los últimos 15 años. Somos una economía en proceso de construcción institucional. Desde temas básicos de impuestos hasta la arquitectura de los sectores de electricidad e hidrocarburos se han enmarcado entre monumentales signos de interrogación. La duda, al cierre de este año de reformas, es si estos cambios legales van a ayudar a disminuir el perfil de riesgo de nuestro país.

El cambio constitucional de la presente quincena, la reforma político-electoral, trae algunas semillas de riesgo y conflicto. Los senadores agregaron múltiples causales de anulación de una elección, incluyendo los comicios presidenciales. Las normas electorales deben ser útiles no sólo para organizar el funcionamiento de la democracia, también tienen que funcionar como un asidero de la gobernabilidad. En una democracia sin demócratas, estas nuevas reglas del juego parecen como invocación a la inestabilidad política. Si se hubieran aplicado estas ocurrencias a las elecciones de 2006 y 2012, ¿cuál hubiera sido el saldo de estos procesos electorales? En el país de los guardias civiles de Michoacán, las revueltas de la CNTE y el renovado endeudamiento federal, ahora el Congreso abre la puerta de anular la elección presidencial. Hay zozobras e incertidumbres que conviene ahorrarse. Para crecer, México necesita ser un país más aburrido y predecible.

Publicado por Periódico Reforma (08-12-2013)