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Saliendo de la crisis

La crisis que inició en 2007 parece una mala memoria que gradualmente se hace menos relevante. La economía de Estados Unidos, donde empezó la crisis, lleva 60 meses de crecimiento sostenido a partir de que la economía tocó fondo en 2009. Durante los 5 años que concluyeron en junio pasado, la economía americana creció todos los trimestres, excepto el primer trimestre de este año. Pero el tropiezo económico es atribuible a que el invierno fue durísimo. En cuanto pasó el invierno, la economía americana rebotó con fuerza: creció 4 por ciento a tasas anuales durante el segundo trimestre del año. Consecuentemente, las cifras de empleo han seguido mejorando, y Estados Unidos ya no está lejos de pleno empleo.
El crecimiento económico reciente está sobre bases sanas: la inflación a tasas anuales (< 2 por ciento) está por debajo de la meta que estableció el Federal Reserve y el déficit en cuenta corriente está en un nivel relativamente fácil de financiar con los enormes flujos de inversión extranjera que están llegando al país. Todo lo anterior sugiere que la economía no corre peligro de sobrecalentarse.

La situación financiera de las familias americanas también ha mejorado. El patrimonio de las familias americanas ha crecido 47 por ciento durante los últimos 5 años, recuperando todo lo que se había perdido en la crisis y otro cacho más. Consecuentemente, el efecto riqueza de la crisis financiera que tanto influyó en el estado de ánimo y conducta de las familias americanas, hoy ya no afecta sus decisiones de consumo e inversión. De hecho, durante los últimos 5 años, el consumo de las familias americanas ha crecido a una tasa anual compuesta (3.7 por ciento) más alta que el crecimiento de la economía. Parte de ese crecimiento se debe a que están más ricos que durante el periodo de la crisis.
Por la misma razón, la demanda de viviendas empezó a crecer en 2011 y se ha sostenido desde entonces. Lo mismo ha sucedido con la demanda de bienes duraderos, que ha crecido a una tasa anual compuesta de 5.5 por ciento durante el mismo periodo. La situación financiera de las empresas (incluyendo las del sector financiero) también es buena: las utilidades de las empresas han crecido, y con ellas, los o inventarios y activos fijos.

Después de haber pasado por un periodo de terror, la situación financiera de los bancos también ha mejorado. Por ello, el índice de estrés financiero del Banco de Reserva de San Luis está en muy buen nivel, indicando que los bancos están en muy buenas condiciones, tanto por la situación intrínseca de los mercados que sirven como por el hecho de que han podido formar las reservas requeridas para enfrentar problemas financieros.

Lo que no ha mejorado son las finanzas públicas de EU. Aunque la deuda federal está creciendo menos velozmente que durante el periodo más intenso de la crisis, el cociente de la deuda federal al PIB sigue creciendo y está por arriba de 100 por ciento. Consecuentemente, la mayor debilidad de la economía americana es su situación fiscal, la cual sigue siendo muy pobre.
No obstante lo anterior, el conjunto de condiciones económicas sugiere que la expansión puede sostenerse durante 2 o 3 años más, y si la economía no se sobrecalienta y no se forman burbujas financieras en el mercado de capitales, la expansión puede prolongarse.

Dada la estrecha relación de la economía de México con la americana, esta es una buena noticia, sin embargo, no se debe perder de vista que la situación económica de Estados Unidos sigue siendo vulnerable, puesto que la situación financiera del gobierno es endeble y no hay mucho que la banca central americana y el Gobierno puedan hacer en el caso de un shock externo.

El mayor riesgo actual es que las varias crisis geopolíticas en marcha se salgan de control, causando que se desequilibre la economía mundial, arrastrando a la economía americana a una recesión. Tampoco se puede descartar una crisis fiscal americana motivada por la confrontación política entre Demócratas y Republicanos, sobre todo si, como parece probable, los Republicanos ganan control del Senado y deciden utilizar su posición mayoritaria para reducir impuestos sin recortar el gasto del Gobierno federal.

La situación actual es mucho mejor que la de hace 5 años, pero la economía de Estados Unidos todavía no está a salvo.

Publicado por Reforma 
21-08-2014