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Secuencias de Reformas

La semana pasada estuvo en México el economista australiano, Gary Banks. Banks preside un centro de investigación aplicada, denominado Australian Productivity Commission, cuya función es preparar recomendaciones de políticas públicas para el Parlamento de ese país. El ejecutivo australiano no está obligado a instrumentar sus recomendaciones, pero en el caso de que opte por una propuesta diferente, está obligado a explicar sus razones. Los reportes de la Comisión han sido la fuente de inspiración de varias reformas que ha instrumentado Australia. La OCDE la atribuye mucho del éxito que ha tenido ese país a la Comisión. La visita de Banks sirvió para repasar las estrategias de desarrollo económico que han impulsado a Australia en la economía global.
Uno de los temas que recurrentemente discuten los interesados en el desarrollo económico es cuál es la secuencia de reformas más recomendable para modernizar a una economía y prepararla para ser competitiva en el siglo XXI. Este tema es muy importante para México, puesto que el país está atorado en el tránsito a economía moderna de mercado. Nuestro País tiene mucho que aprender de países que, como Australia, han resuelto esta transformación exitosamente.
Australia (y varios otros países, v.gr. Chile, Holanda, Nueva Zelanda y Reino Unido) han instrumentado programas de cambio en tres fases. La primera fase consta de abrir la economía a flujos comerciales y de inversión provenientes del exterior. Tal cambio afecta primordialmente a los mercados de mercancías, puesto que los mercados de servicios son principalmente de bienes que no se transan internacionalmente.
La eliminación de las barreras comerciales causa que los productores domésticos súbitamente confronten competencia de otros países. Por ello, el primer efecto es una avalancha de productos extranjeros que benefician a los consumidores locales, pero a expensas de los productores locales.
Después de un breve periodo de ajuste, los productores domésticos generalmente ajustan sus procesos de producción y reducen costos. Las empresas que hacen estos cambios recuperan su competitividad y vuelven a crecer, pero ahora sobre bases que los hace competitivos internacionalmente. Pero en muchos casos las empresas locales se percatan que para mejorar su competitividad es indispensable que los insumos que están obligados a comprar localmente sean de mejor calidad y menor costo.
Como estos insumos no se pueden sustituir con importaciones, las empresas domésticas empiezan a exigir al gobierno que instrumente una segunda fase de reformas. Estas reformas normalmente constan de medidas para mejorar la competitividad de la oferta de insumos locales (v.gr. electricidad, mano de obra, telecomunicaciones, comercio, servicios urbanos, transporte y logística) y fortalecer el marco institucional. Casos de éxito, como Australia, Reino Unido y Nueva Zelanda, muestran que cuando la segunda ola de reformas se lleva a cabo, lo que sigue es un periodo de crecimiento sustentado por mayor productividad laboral.
La tercera ola de reformas requiere se hagan invertir en capital humano para prolongar el periodo de crecimiento con base en mayor productividad.
Australia actualmente está instrumentando la tercera ola de reformas. México no ha podido pasar de la primera. De ahí que su crecimiento sea tan bajo.
Hasta 1987, México tenía una economía cerrada. Las políticas públicas que se aplicaban pretendían estimular el crecimiento económico vía la sustitución de importaciones. La meta de las políticas públicas era crear oportunidades de negocio erigiendo barreras a los productos de otros países, al costo que fuera. Como era de esperarse, la política proteccionista estimuló la creación de un gran número de empresas que para sobrevivir dependían de seguir albergadas de la competencia del resto del mundo.
La política de sustitución de importaciones generó una economía monstruosa en la cual un conjunto de empresas ineficientes compraba insumos domésticos caros y de baja calidad a un conjunto de proveedores domésticos (muchos para-estatales) que tampoco tenían que producir eficientemente. Para colmo, el capital humano y financiero eran escasos. Consecuentemente, el entorno económico premiaba a empresas que tenían acceso a financiamiento y lograban acopiar talento. Así, en México se fueron creando grupos económicos que basaban su fuerza económica en la protección arancelaria, el acceso al financiamiento y la acumulación de talento.
Afortunadamente, este modelo de economía desapareció cuando los gobiernos de De la Madrid y Salinas tomaron la decisión de abrir la economía. Pero al no haber instrumentado la segunda ola de reformas -y menos aun la tercera- nuestro proceso de modernización y cambio se quedó trunco.
La experiencia de Australia nos muestra que si se puede. Para ello se requieren propuestas inteligentes y voluntad política. Yo me apunto. ¿Quien más le entra?
Roberto Newell G. es Economista y Vicepresidente del Instituto Mexicano para la Competitividad, A.C. Las opiniones en esta columna son personales.