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Seguro médico

Salvo casos contados, la decisión de tener un bebe se resuelve en la intimidad de la relación de dos personas.  Sin embargo, cada niño que nace implica un compromiso económico para la sociedad: durante su niñez y adolescencia se tienen que cubrir los costos de su educación; a lo largo de su vida se tiene que pagar los bienes públicos que consumirá (seguridad, infraestructura urbana y social, etc.), y para colmo, también tendrá que asumir una parte de los costos asociados con la manutención de su salud.  Mi madre decía que cada niño trae una torta bajo el brazo, pero no es cierto: cada niño trae consigo una hipoteca.

Si nuestro gobierno fuera muy provisor, se aseguraría que cada vez que nace un niño se crean las reservas económicas para cubrir los costos de por vida relacionados con la manutención de su salud.  Durante el fin de semana pasado, me puse a estimar a cuánto asciende la inversión en un fondo cuyos rendimientos cubrirían la totalidad de los costos de salud de un niño mexicano promedio, recién nacido, que vivirá 78 años, manteniendo constante la tecnología médica.  Seguramente algún genio financiero ya hizo estas cuentas, pero si esas estimaciones existen, no están publicadas. Por ello, en las líneas que siguen me basaré en mis estimaciones ramplonas, que espero no estén demasiado lejos de la realidad.

Mis cálculos sugieren que el gasto a lo largo de la vida de esa criatura ascenderá a 1.85 millones de pesos de hoy (sin considerar el efecto de la inflación).  Ahora bien, como las mayores erogaciones llegarán al final de su vida, el valor presente del fondo para hacer frente a los gastos de salud es mucho menor.  Los flujos futuros descontados a 3.0% tienen un valor presente de alrededor de 375.0 mil pesos.  Si cada pareja que quiere tener un hijo tuviera que depositar esa cantidad, solo las parejas más prosperas tendrían hijos.  Pero como vivimos en un País que no establece ese tipo de condiciones;  hemos establecido otras reglas para definir quién pagará los costos de salud.

Simplificando un poco: la regla informal es que los padres son responsables de los costos de salud de sus hijos hasta que estos se casen o lleguen a la mayoría de edad.  (Si a los padres no les alcanza, el costo recae en el Estado).  Al llegar a los 21 años, la responsabilidad de financiar el gasto se transfiere al adulto joven y los padres quedan “liberados”.

Si la responsabilidad se limita a solo a los primeros 21 años de vida, la estrategia óptima de los padres sería establecer un fondo de 105 pesos.  Con esta cantidad podría cubrir los costos esperados para ese periodo.  Pero si solo invirtieran ese monto, estarían heredándole un problema financiero a su hijo, puesto que el valor presente del fondo para cubrir el periodo a partir de los 21 años es de 510 mil pesos; 37% más que lo que se requeriría al inicio de la vida del niño.

La razón de lo anterior es sencilla, pero no obvia: si se hubieran depositado los 375 mil pesos al inicio de la vida del niño, a los 21 años en el fondo aun habría 270 mil pesos de la inversión inicial, más un fondo dotal derivado de los réditos acumulados durante los 21 años anteriores.  Ese monto sería de aproximadamente 240 mil pesos.  Con la suma de estos recursos habría suficiente dinero para hacer frente a los gastos de salud de los años por venir.

Lo anterior apunta a una conclusión importante: si el financiamiento del gasto de salud se maneja como si fuera un gasto corriente, llegará un momento en que a las personas no les alcanzará para pagar sus gastos médicos.  Por ello, es indispensable que las familias y las instituciones (como el IMSS,  el ISSSTE y el Seguro Popular) acumulen reservas para hacer frente a los gastos que llegarán más tarde en la vida.

Para evitar sorpresas económicas, el gobierno mexicano debería establecer un seguro de salud obligatorio al cual todos los ciudadanos deben contribuir a partir del momento en que nace un niño.  Si seguimos la convención social, hasta los 21 años correspondería a los padres cubrir el costo integral de salud de sus hijos, incluyendo la proporción de la reserva que se requerirá en años posteriores.  A partir de los 21 años, cada adulto joven asumiría esa responsabilidad. 

Actuamos como si estuviéramos lejos del momento en que debamos preocuparnos de este problema.  Pero no así.  Ni las familias ni el Estado mexicano están creando las reservas para hacer frente a los gastos de salud por venir.  ¡Pónganse a temblar!

Roberto Newell G. es Economista y Vicepresidente del Instituto Mexicano para la Competitividad, A.C.  Las opiniones en esta columna son personales.