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Señales contradictorias

Imposible saber qué pensar. Acabo de regresar de un viaje a EUA y la verdad es que si no fuera por la televisión y las redes sociales, uno pensaría que las elecciones no tuvieron ningún impacto, bueno o malo, sobre el electorado, por lo menos en los lugares donde andaba: las personas y los grupos interactúan normalmente, los mercados financieros han recuperado parte de sus pérdidas recientes y las personas con las que una interactúa aseguran que las declaraciones más extremas de Trump nunca se materializarán. Donde los efectos de las elecciones son más evidentes es en las cadenas de noticias ( v.gr. CNN, MSNBC y Fox News), en redes sociales y en algunos programas de radio. En esos sitios los enfrentamientos entre los seguidores del Presidente Electo y sus detractores persisten y el tono de los intercambios sigue igual de feo; las descalificaciones y los insultos están a la orden del día.

Tampoco ha sido fácil conciliar la conducta de Trump después de las elecciones con su conducta y pronunciamientos durante la campaña. En los días posteriores a las elecciones sus declaraciones públicas han sido más conciliadoras y mucho menos amenazantes. Por ejemplo, en vez de reiterar la amenaza de que encarcelará a la señora Clinton en cuanto llegue al poder, sus primeras palabras después de ser elegido fueron palabras de reconocimiento y elogios hacia la candidata perdedora.

Pero no todo lo que ha dicho y hecho a partir de su triunfo electoral ha sido moderado y conciliador. Por ejemplo, los nombramientos de Reince Priebus y Steve Bannon a cargos clave en la Casa Blanca son muy difíciles de interpretar. Priebus es una figura del establishment Republicano y es reconocido por su trato afable, cordial y conciliador. Personas que lo han tratado lo describen como una persona cuerda y competente: un político profesional que goza de la confianza de la mayoría de los grupos que componen el Partido Republicano. Me cuentan quienes lo conocen que sería fácil imaginar a Priebus trabajando para políticos Republicanos tradicionales, como los Bush o para el Presidente Reagan. En cambio, Bannon es uno de los líderes más destacados de la facción política conocida como el movimiento Alt-right. El Alt-right no existe como una organización formal, pero sus miembros han construido una red social liderada por Bannon y muchas otras que operan y frecuentemente se pronuncian desde el anonimato, circulando artículos y ensayos inflamatorios con contenidos racistas, anti-semitas, anti-feministas y anti-migrantes. El común denominador de los que participan en el movimiento Alt-right es su repudio total al establishment de los dos principales partidos políticos, a las instituciones gubernamentales de EUA y hacia las principales instituciones religiosas y políticas de ese país. El nombramiento de Bannon equivale a poner la iglesia en manos de Lutero; es como si el Presidente Peña Nieto hubiera decidido nombrar al líder más radical de la CNTE a un cargo de primer nivel en Los Pinos.

¿Qué hacer de todo esto? Realmente, no sé. Un amigo solía decir que le preocupaban más los autogogos que los demagogos, puesto que los autogogos viven en una fantasía total, producto de su delirio mesiánico, mientras que los demagogos sabían que estaban mintiendo. El nombramiento de Priebus cabe dentro del espectro de acciones que tomaría un demagogo que además de azuzar a sus huestes tiene problemas prácticos que resolver, mientras que el nombramiento de Bannon cabría dentro de la categoría de los nombramientos que haría un autogogo.

Por ello, conviene irse con pies de plomo. Creerse la historia que ahora que Trump ganó las elecciones asumirá una conducta ortodoxa y sensata, alineada con la responsabilidad implícita con el cargo político que ocupará a partir de Enero, sería sumamente ingenuo. Pero, simultáneamente es indispensable mantener la mente abierta y darle el beneficio de duda al candidato ganador. A ciencia cierta nadie sabe cuál será el Trump que gobernará; si el nombramiento de Prieubus será más representativo de lo que hará Trump cuando esté en el poder, o si el estilo y las propuestas de Bannon serán dominantes. Es posible que ni el mismo Trump sepa cómo se conducirá cuando ocupe la Casa Blanca.

A diferencia de la mayoría de los Presidentes que han gobernado a EUA, en el caso de Trump no existen una historia de su desempeño en cargo públicos que permita hacer pronósticos certeros de cómo gobernara, cuáles serán sus prioridades y qué conjunto de ideas y valores será la base axiológica de sus decisiones. Pero, si gobierna como ha conducido su vida de negocios es probable que su mandato sea caracterizado por conductas erráticas improvisadas, con algunos aciertos espectaculares y muchos fracasos rotundos.

Publicado por Reforma
17-11-2016