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Siempre decepcionante

DE CONVICCIÓN LIBERAL

Llegué a pensar que la izquierda mexicana por fin había logrado definir una estrategia política seria que le permitiría participar productivamente en los debates fundamentales del País sin recurrir a conductas destructivas ni exponerse al ridículo. Lamentablemente, estaba equivocado. La izquierda mexicana sigue decepcionando a los que, como yo, quisieran que esta asuma conductas más maduras y responsables, a la altura del papel que les corresponde como representantes de una proporción significativa de la población con derecho a votar.

Nunca fallan en su capacidad para decepcionar. En vez de participar en el debate para modernizar y actualizar las estructuras económicas del sector energético, perdieron la brújula y recurrieron al escándalo y el vandalismo. La imagen sobresaliente de las contribuciones del PRD al debate sobre la reforma energética será el strip tease del diputado García Conejo en el pleno de la Cámara de Diputados.

Otra imagen que indudablemente quedará grabada en la memoria de miles es la toma de la tribuna por el grupo parlamentario del PT y sus aliados. ¿Y qué decir de la interminable protesta de la sección 22 de la CNTE en el centro de la ciudad de México? ¿O de los actos de vandalismo que cometieron miembros de la izquierda radical en la fachada del Congreso Estatal de Jalisco? ¿Y qué del árbol de Navidad incendiado por inconformes que se oponen a que aumente la tarifa del Metro de la Ciudad de México?

Cada una de estas "protestas" tiene un costo político alto, pero no para el Estado mexicano, sino para la imagen de los partidos de izquierda, que con cada una de estas manifestaciones se anota otra victoria pírrica que se va sumando a los miles de agravios de la mayoría de los mexicanos en edad de votar.

Lo curioso del caso es que el PRD parecía haber rectificado su conducta, reconociendo lo costoso que resulta asumir conductas radicales en una sociedad democrática y plural como la nuestra. La facción de los Chuchos y otros perredistas moderados había entendido que la conducta radical del actual líder de Morena les había costado influencia política, aislándolos de decisiones políticas en las que querían y debían participar. La participación del PRD en el Pacto por México les permitió volver a tener influencia en la vida pública del País. Prueba de ello son las reformas recaudatoria y política, las cuales portan el sello inconfundible de ese partido. Pero todo el capital político que el PRD acumuló durante el Pacto lo perdió por los excesos de algunos de sus adherentes y la mayoría de sus aliados durante el periodo que duró la discusión de la reforma energética.

Esto no debería ser así. El sistema político del País se mantendrá más sano en la medida en que cuente con la participación de un partido de izquierda moderno e institucional, del tipo que parecía estarse configurando bajo el liderazgo de los Chuchos. Pero para que esto se dé es indispensable que el PRD mantenga una línea política más sobria y civilizada, dando la espalda a conductas violentas y demagógicas del tipo que varias de las tribus que componen esa formación política mostraron durante las últimas semanas.

Es innegable que renunciar a la violencia y a la protesta radical causará que deserten las tribus más radicales del PRD. Pero mientras el PRD albergue grupos violentos y antiinstitucionales, no tiene ninguna posibilidad de atraer a las clases medias independientes, urbanas, que son la clave para llegar al poder y que hoy se sienten más atraídas por las ofertas del PAN y el PRI.

La estrategia de moderación y negociación del PRD estaba funcionando. Conviene al partido volver a asumir esa conducta. Pero para que el cambio sea creíble, el partido y sus líderes deben pronunciarse en contra de las conductas irresponsables de algunos de sus adherentes y de la mayoría de sus aliados. La violencia, el vandalismo y el sabotaje económico no son conductas acordes con los valores de un partido moderno de izquierda.

Mientras el PRD no cambie, nunca tendrá mi voto. Ni siquiera para roles menores y mucho menos para liderar a la Nación. Es probable que contar con mi voto no les importe mucho, pero como yo hay cientos de miles de votantes más. Juntos contamos mucho.

El Partido Socialista de España, el Congreso Nacional Africano, el Partido Socialista de Chile y el Comunista de Italia son ejemplos de partidos que no tenían ninguna posibilidad de llegar al poder hasta que renunciaron a las manifestaciones políticas violentas y radicales. Estos son los ejemplos que el PRD debe seguir. Ojalá sus líderes tengan el valor y la inteligencia para transformar a su partido.

Roberto Newell G. es Economista y Vicepresidente del Instituto Mexicano para la Competitividad, A.C. Las opiniones en esta columna son personales.

Publicado por Reforma

19-12-2013