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Tarifas eléctricas eficientes

La electricidad en México es cara.  Por ejemplo, un consumidor residencial de clase media (del tipo que lee esta columna) consume alrededor de 850 KWH al mes.  Si ese consumidor vive en la zona Centro del País (que incluye la zona metropolitana del Distrito Federal), paga una factura mensual de $3084.50. El mismo consumo en Houston, Texas costaría $1138.21;  la clase media mexicana paga 2.7 veces más lo que pagan los consumidores americanos.  Dependiendo de a quién se pregunta recibe uno diferentes explicaciones sobre a qué se debe esto.  Algunas apuntan a causas estructurales que no tienen remedio, pero otras apuntan a sobre-costos y distorsiones que se pueden eliminar. 

Vamos por partes. Hay dos razones legítimas por las cuales pagamos más por el fluido en México.  La primera es que estamos en desventaja respecto a la disponibilidad de combustibles baratos para generar electricidad.  En la zona de Houston usan un cocktail de combustibles más barato: primordialmente usan carbón mineral (que en México casi no tenemos); le sigue la energía nuclear (que en México aporta una parte modesta del total) y tienen agua (cuyo potencial en México es escaso y ya casi se agotó).  En Texas la demanda pico se surte con plantas de ciclo-combinado; mientras que para CFE el gas y el combustóleo son las fuentes primarias.  Lamentablemente, los dos combustibles que tenemos han seguido una trayectoria ascendente de precios.  En suma, la generación eléctrica de México es intrínsecamente cara, y probablemente lo será siempre, por la mezcla de recursos energéticos que tenemos.

Hay otra razón por la cual la electricidad es y será más cara en México que en otras partes: La energía se produce en grandes máquinas generadoras que cuestan cientos de millones de dólares adquirir.  Como el capital es escaso en México, su costo es más alto.  Para determinar el rendimiento mínimo esperado para este capital se deben considerar dos elementos.  Primero, el costo de los recursos financieros a largo plazo contratados por el gobierno federal y, segundo,  la prima de riesgo del sector eléctrico.  He hecho las cuentas varias veces y como quiera que haga el cálculo los resultados siempre apuntan a que el costo de capital es más alto para México que para la mayoría de los países desarrollados.  Pasarán muchos años más para que esto cambie significativamente.

Pero todo lo anterior no significa que las tarifas eléctricas están libres de distorsiones.  Los dos párrafos anteriores solo sugieren que hay dos razones legítimas que explican parte de las causas de que las tarifas sean más caras en México. 

En mi opinión hay cuando menos tres otros factores que causan que las tarifas en México sean más altas de lo que cobraría una empresa eficiente en competencia. 

1. CFE emplea mucho más personal que lo que emplean empresas análogas en otros países.  Para colmo, el personal que trabaja en CFE gana mucho más que lo ganarían si trabajarán en otros sectores de la economía.
2. Las pérdidas de fluido en la red de distribución son mucho más altas en México que en el resto del mundo.  Las pérdidas técnicas y no-técnicas de electricidad duplican los niveles que se ven en otras partes.  Esto se debe principalmente a que se ha invertido de menos en la red de distribución y a que hay un gran descontrol comercial en la zona de operación que atendía la LFC.  Sea como sea, las pérdidas de fluido encarecen las tarifas que pagamos.
3. El gobierno federal aprovecha el monopolio que tiene en el sector para mantener tarifas más altas que las que prevalecerían en un mercado abierto.  Una muestra de esto está a la vista en la tarifa DAC, ilustrada arriba. 

Ninguna de estas condiciones prevalecería en un mercado en competencia.  Los precios tan altos que cobra CFE serían una invitación para que los competidores atacaran a la empresa, descremando el mercado de los clientes más rentables de servir y forzando a la empresa paraestatal a reducir costos o entrar en bancarrota, como ha sucedido a empresas como Mexicana de Aviación.

El sector eléctrico es un talón de Aquiles de la economía mexicana.  Afecta directamente al bienestar de los consumidores, como se mostró en el primer párrafo de esta nota.  Pero probablemente el impacto negativo más grande sea el efecto que tienen los precios altos sobre la competitividad de la oferta de bienes y servicios.  No hay mucho que se pueda hacer para reducir el efecto de las condiciones estructurales del México, pero las distorsiones enumeradas arriba, ameritan atención inmediata.

Roberto Newell G. es Economista y Vicepresidente del Consejo del Instituto Mexicano para la Competitividad, A.C.  Las opiniones en esta columna son personales.