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  • Corrupción Real vs Fake News

    Autor: Max Kaiser

    Max Kaiser

    Max Kaiser | @MaxKaiser75

    Los corruptos tienen una nueva herramienta: las Fake News.

    Es un arma que puede usarse en dos sentidos. Los corruptos suelen usarla como defensa frente a una acusación, o como misil en contra de un contrincante. En ambos casos, la víctima es la misma: la verdad.

    El desprestigio de la clase política y las instituciones públicas está en su punto más álgido en décadas. Quedan muy pocos referentes de ambos que generen confianza y esperanza en la población. Esto tiene causas reales.

    Por los menos en nuestro país, la corrupción y la impunidad parecen haber llegado al punto más alto en la historia moderna. Y, sin embargo, a diferencia de otros países europeos, árabes o latinoamericanos, no parece haber puesto en jaque al gobierno. ¿Por qué?

    Uno de los más grandes logros de los corruptos en los últimos años ha sido el de convencer a la población de que “Todos somos iguales”, de que no hay alternativa real entre uno u otro. Ser político o servidor público, es pertenecer en automático a un grupo de egoístas que sólo usan el poder para su beneficio. Es un logro gigante para los corruptos porque confunde, generaliza y genera desesperanza.

    Cuando una persona dice “todos son iguales” al referirse con apatía a los servidores públicos, en realidad está renunciando a uno de sus derechos democráticos más importantes: pedirle cuentas a cada uno, para premiar con un voto y confianza a quien hizo adecuadamente su labor, y castigar con desprecio y desconfianza a quien traicionó a la sociedad.

    La corrupción debería ser precisamente el elemento que define nuestro criterio respecto de una opción política, respecto de un gobierno, un partido o una persona.

    Un gobierno, un partido o una persona que usan el poder para beneficio privado traicionan nuestra confianza y generan riqueza privada a costa nuestra, por los que merecen un castigo legal, uno social y uno político.

    Hace no mucho tiempo un escándalo de corrupción como los que han envuelto al presidente norteamericano hubieran implicado la absoluta imposibilidad de gobernar, y por los tanto, su salida del gobierno. Pero, ¿Por qué se mantiene? ¿Cómo ha logrado distorsionar el criterio de un grupo enorme de norteamericanos?

    Usando esta poderosa herramienta en ambas vías. Por un lado, atacó a su contrincante durante toda la campaña con verdades a medias y mentiras completas, respecto a diversos temas que siempre tenían una intención: dibujarla como una persona corrupta y poco confiable.

    Pero cuando las acusaciones eran dirigidas a su persona, a su campaña y hoy a su gobierno, el concepto de Fake News funciona en sentido opuesto: la noticia es falsa, y sólo pretende generarme desprestigio, acusa el presidente.

    Y así, la impunidad se genera en dos sentidos. Por un lado, se convierte en una estrategia común de la batalla política el acusar de cualquier cosa a un contrincante, aunque sea falso. Y por el otro, se vuelve normal y válido usar como defensa el atacar y desprestigiar medios, comunicadores, columnistas e instituciones.

    En la gráfica anterior realizada por Buzzfeed se muestra el enorme crecimiento de la interacción de la gente con este tipo de notas a través de la red social Facebook durante el 2016, año de las elecciones. Se trata de notas compartidas y difundidas sin ningún criterio, pero que generan un contexto y una opinión en quienes las reciben y comparten.

    De acuerdo con esta encuesta de Pew Research Center, el 64% de los americanos se dicen muy confundidos gracias al enorme uso de este tipo de información. El daño está hecho. ¿En quién puedo confiar ahora?

    En las elecciones de este año en México, esta será una de las más grandes tentaciones. La corrupción es, junto con la inseguridad, la preocupación más importante de los ciudadanos (ENCIG 2015 INEGI). Por eso, acusaciones van y vienen, entre candidatos, partidos y gobiernos, en torno a estos temas. Y esta estrategia electoral, sólo ira en aumento.

    Y con esto, ¿cómo hacerle para tener un buen criterio, para ser un votante educado, en la época del Fake News?

    Les propongo 5 elementos para evaluar la información a la que tendremos acceso, y así saber cuándo estamos frente a un escándalo que debe indignarnos y hacernos reaccionar, y cuándo estamos a punto de entrar en la guerra de lodo electoral:

    1. Evaluar la fuente

    Hasta hace poco tiempo era relativamente sencillo evaluar a las distintas plataformas informativas. Los periódicos, noticieros de radio y televisión y las páginas de internet dedicadas a difundir noticias tenían un prestigio ganado con años de rigor periodístico, métodos de confirmación de información, fuentes confiables y trabajos de verdadera investigación.

    En esos mismos medios existían espacios de opinión, pero era fácil distinguirlos de los espacios noticiosos. Estaban perfectamente clasificados como uno y otro.

    La explosión del internet y las redes sociales generaron un fenómeno que es a la vez benéfico y trágico.

    Por un lado, se democratizó la difusión y acceso a la información. Se rompieron muchas barreras y cada vez es más pequeño el espacio vetado al público en general.

    Pero por otro, se crearon todo tipo de plataformas que se llaman a sí mismas periódicos, revistas o noticieros, y que supuestamente difunden información, cuando en realidad son sólo espacios de opinión.

    Nada malo en eso, per se.

    El problema se da cuando son citados como fuente de información, como fuente de “noticia” que pretende sólo describir una realidad, y se usa para atacar a un contrincante.

    No es difícil evaluar la seriedad y profesionalismo de un medio de comunicación. Les sugiero tres criterios:

    1. ¿Cómo vive? ¿De dónde o de quién obtiene sus recursos?
    2. ¿Cuántas veces se ha probado que mintió con una nota o “estiró” la verdad?
    3. ¿Qué tan fácil es distinguir su sección de opinión con la de noticias? ¿Lo hace de manera explícita?

     

    1. Revisar la fecha de los hechos

    Es común que en plena época electoral se desentierren viejas acusaciones que ya tuvieron una explicación, o que, en el contexto actual, y explicados a medias, implican algo completamente diferente.

    Estas notas viejas se usan con el supuesto fin de dar contexto a la historia real o a la personalidad de un candidato, cuando en realidad no es más que un misil dirigido a la imagen de la persona.

     

    1. Evaluar al vocero, y también nuestras preferencias

    No es lo mismo un escándalo de corrupción que surge de una autoridad que, en conferencia de prensa explica el caso y enseña algunas de las pruebas que sustentan el caso, que un candidato, vocero de campaña o líder partidista enseñando carteles, notas periodísticas, encuestas o gráficas. No siempre sabemos la intención de las primeras, pero siempre sabremos la intención de los segundos.

    Lo mismo pasa con columnistas, comunicadores y analistas que han expresado claramente su preferencia electoral o alguna fobia respecto de un partido o candidato. Están en su derecho, pero ponen en entredicho su objetividad como voceros. 

    Con respecto a nuestras preferencias, es importante tenerlas claras para poder hacer una evaluación medianamente objetiva sobre el vocero. Es muy probable que seamos mucho más confiados de aquellos voceros que pertenecen a nuestra preferencia.

     

    1. Considerar la existencia/ausencia de pruebas

    Hay una enorme diferencia entre una acusación que empieza con las palabras “sabemos de buena fuente que…”, a otra que dice “de acuerdo con los estados de cuenta, cheques, fotos, testimonios de varios testigos, así como de la investigación que hizo este medio para relacionar cada uno de estos elementos”.  Presentar pruebas reales, expertos que las expliquen así como evidencias gráficas, le dan un valor mayor a las acusaciones.

     

    1. Analizar la reacción del señalado

    La reacción del señalado nos puede dar muchos elementos para definir nuestra opinión.

    Un buen criterio para saber que la acusación tiene elementos, es que el señalado corra a Panamá, EU o alguna isla sin tratado de extradición con México.

    Otro buen criterio es que de pronto aparezca con enormes y caros equipos de abogados, que toman las entrevistas en su lugar.

    Un tercer criterio para saber que la acusación tiene elementos es la técnica que el presidente norteamericano, y varios políticos mexicanos han perfeccionado últimamente, que se conoce como el “whatabaoutism”. Esto es, la técnica de desviar la atención de una acusación, sin hablar de ella, pero acusar al que señala de algo similar (“what about him…”)

     

    Ejemplo:

    Los candidatos presidenciales que se ubican en los primeros 4 lugares de preferencias se han cruzado todo tipo de acusaciones con respecto a un tema en específico: su patrimonio. Al día de hoy, no parece haber una sola acusación que pase con éxito los 5 criterios antes señalados.

     

    Nuestra tarea como ciudadanos

    Si empezamos a utilizar de manera cotidiana estos 5 elementos es muy probable que nos convirtamos en ciudadanos con mucho mejor criterio. Esto hará posible que puedas distinguir mejor entre las distintas opciones políticas, y puedas usar de mejor manera tu derecho ciudadano más importante: darles el poder.

    Ahora, los ciudadanos tenemos otra responsabilidad, además de usar estos 5 criterios.

    Según esta encuesta del PRC el 16% de los norteamericanos difundió o compartió notas que después se enteró eran falsas, el 14% las compartió a sabiendas de que era falsas, y el 23% hizo ambas cosas.

    Así, nuestra responsabilidad en estas elecciones es no convertirnos en parte de la maquinaria electoral que difunde mentiras, y en cambio, convertirnos en una verdadera contraloría social.

    Consulta la participación de Max Kaiser en el espacio de Martha Debayle aquí.
    07-02-2018

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