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  • Y los ciudadanos ¿qué hacemos frente a la corrupción?

    Autor: Max Kaiser

    Max Kaiser

    Max Kaiser | @MaxKaiser75

    Escucha el audio aquí.

    El problema más grave, complejo y sistémico que tiene México es el ciclo interminable de Corrupción-Impunidad. Se suman los escándalos y nadie parece pagar las consecuencias, pero al final, lo pagamos todos. El pésimo desempeño del gobierno en seguridad, salud, educación, infraestructura y combate a la pobreza, están íntimamente ligados a la corrupción.

    Pero no es sólo un tema de gobernantes corruptos. El fenómeno de la corrupción tiene dos dimensiones: el público y el privado. El primero implica complejas leyes y sistemas, procesos y distintos actores de la vida política. El segundo nos implica a todos los mexicanos, que de varias formas podemos ser cómplices activos o pasivos de actos de corrupción.

    Según el Barómetro Global de Corrupción 2017 de Transparencia internacional, mientras el 51% de los mexicanos aceptó dar un soborno en rubros como servicios, salud y educación, sólo el 3% de los alemanes, el 2% de los holandeses y el 1% de los suecos aceptó haber dado un soborno.

    Fuente: Transparencia Internacional

    No existe un solo estudio que hable de diferencias genéticas entre mexicanos, alemanes, suecos, y holandeses. Y los estudios que se han intentado sobre rasgos culturales, religiosos o históricos arrojan conclusiones por los menos ambiguas.

    ¿Cuáles son nuestras responsabilidades como ciudadanos frente a este fenómeno?

    1. Informarnos

    No hay forma de ser parte de la solución (o por los menos no ser parte del problema) si no entendemos claramente dos cosas:

    a) ¿Qué es la corrupción?

    I. Concepto básico

    La definición que se utiliza a nivel internacional es “El uso del poder público para fines privados”. Es decir, la utilización de las facultades, recursos materiales financieros o humanos, o la plataforma que otorga una institución, para obtener beneficios privados indebidos.  

    II. Tipos

    Los tipos más comunes, en los que puede estar involucrado un ciudadano son: el soborno, el desvío de recursos, el peculado, el tráfico de influencias y el blanqueo de recursos provenientes de la corrupción. Así funciona cada uno del lado del ciudadano:

    a. El soborno se da cuando una persona ofrece o entrega algún beneficio ilegal a un servidor público a cambio de que este haga o deje de hacer algo que era su obligación o facultad. Lo conocemos coloquialmente como “mordida”, y se puede dar desde el ejemplo típico de tránsito, hasta un caso complejo como ganar una licitación multimillonaria.

    b. Participa en desvío el ciudadano que ayuda a un servidor público a usar recursos para un fin privado. Puede ser tan simple como usar vehículos oficiales, o tan complejo como usar recursos del gobierno en campañas políticas.

    c. Es parte del peculado el ciudadano que ayuda a un servidor público a extraer y apropiarse de cualquier tipo de recursos públicos. Por ejemplo, apropiarse de materiales de construcción de una obra pública, o extraer medicinas de un hospital público para venderlas en la calle.

    d. Hay tráfico de influencia cuando una persona pide a un servidor público con influencia que la use indebidamente en su beneficio. Por ejemplo, pedirle a mi compadre el diputado que hable a la delegación para que adelanten mi trámite o me den un permiso que no me corresponde.

    e. Participa en blanqueo de recursos el ciudadano que ayuda a un servidor público a esconder el producto de la corrupción. Los compadres “prestanombres” son mucho más comunes de lo que quisiéremos. Se trata del servidor público que pide a un ciudadano figurar como dueño de un inmueble que obtuvo como producto de la corrupción.

    III. Formas

    Como es obvio, se trata de conductas que se realizan de manera oculta. Suelen implicar redes complejas y bien organizadas, o pueden darse de manera aislada u ocasional. Pueden implicar complejas estrategias financieras, o burdos intercambios de efectivo o regalos. A veces se hace de manera directa, otras a través de terceras personas.

    IV. Consecuencias

    Hoy, el castigo legal parece ser una amenaza poco creíble para el ciudadano. La creación de instituciones eficaces, que castiguen la corrupción será materia de otro programa. Pero aún sin castigo, existen consecuencias que nos afectan a todos. Cada que un ciudadano incurre en un acto de corrupción ayuda a la descomposición del Estado, a la corrosión de la capacidad del gobierno a darnos bienes y servicios de calidad. Y algún día se paga: con un asalto, con una llanta destrozada en un bache, con una medicina que no está disponible en un hospital público para mi tratamiento, en un transporte público ineficiente, etc.

    V. Causas

    Se trata de un tema de oportunidades e incentivos. La impunidad generalizada expande las oportunidades. El bajísimo riesgo de ser detectado, investigado y sancionado genera incentivos para beneficiarse del poder público.

    b) ¿Cuáles son los riesgos que tengo yo como persona de incurrir en un acto de corrupción?

    Los ciudadanos comunes tenemos diferentes niveles de relación e interacción con el gobierno. Los más básicos tienen que ver con trámites para obtener licencias, permisos o beneficios de programas sociales. El siguiente nivel tiene que ver con la propiedad: terrenos, casas, automóviles. El siguiente nivel es el que implica negocios o empresas que son sustento familiar. En cada uno de estos niveles hay distintos tipos de riesgo de incurrir en actos de corrupción.

    1. Decir No

    Una vez que tengo claro el concepto, los tipos y las formas, es posible decir que NO. No puedo decir que NO si desconozco los riesgos de corrupción a los que estoy expuesto en mi vida diaria.

    ¿Qué implica decir que no? Es posible que decir NO atrase mi trámite o incluso provoque que me los nieguen. También puede implicar una represalia, como recibir una multa indebida. En el peor de los casos puede generar un riesgo a la seguridad propia y de mi familia.

    ¿Cuándo puedo decir NO? Cuando existe una alternativa real. Es decir, que no exista un peligro inminente para mí o mi familia, o que se ponga en riesgo un valor esencial como la salud, la educación o la integridad familiar.

    ¿Qué necesito para decir que no? Primero, conciencia, y después mucho valor. Normalmente el camino fácil es el de la corrupción, y por eso además de valor se necesita paciencia. Mucha paciencia.

    1. Denunciar

    No hay forma de acabar con el problema si no se denuncia. Las autoridades necesitan casos, necesitan ser presionadas por la ciudadanía para investigar.

    ¿Cómo se denuncia? Lo común es por escrito. El ciudadano no tiene la obligación de conocer los detalles legales ni de aportar pruebas específicas. Narrar los hechos es suficiente, y eso debe activar a una autoridad. si se aportan pruebas es mejor. Toda autoridad tiene órganos que se conocen como Contralorías, y esos son los primeros lugares para denunciar. Están también las Procuradurías y los Órganos de Auditoría de los Congresos, cualquiera de ellos está obligado recibir tu denuncia.

    ¿Qué peligros hay con la denuncia? No debería haber peligro alguno. Una represalia es un nuevo acto de corrupción que se llama obstrucción de la justicia, y puede incluso ameritar cárcel. Pero no es poco común que la autoridad o persona denunciada busque intimidar, amedrentar o hasta usar su poder o influencia para obstruir la denuncia, la investigación o la sanción.

    ¿Qué alternativas existen para denunciar? Si el peligro es claro e inminente, existen otros canales. La denuncia anónima es válida. También se pueden usar los medios de comunicación o las redes sociales. Una vez hecho público el caso, las autoridades tienen que investigar.

    ¿Qué debemos hacer después de denunciar? Es importante darle seguimiento. Saber en qué acabó y qué consecuencias hubo. Y si no hubo una conclusión satisfactoria, insistir.

    1. Organizarnos

    Decir que NO y denunciar actos de corrupción puede ser costoso, difícil y hasta peligroso si se hace de manera individual. Pero al organizarnos se adquiere fuerza y seguridad.

    ¿Cómo organizarnos para enfrentar el problema? Ser parte activa de las redes sociales es importante pero nunca suficiente. El tipo de organización debe responder al problema. Por ejemplo, si se trata de un problema de agua en la colonia, una sólida organización vecinal puede hacer una gran diferencia. Pero si se trata de un problema más complejo, que implique cambios legales e institucionales, el nivel de organización implica una misión clara, objetivos concretos y especialistas capaces de proponer alternativas. Por ejemplo, modificar el uso de suelo de la zona para evitar que se construyan enormes edificios a pesar de las carencias de servicios.

    ¿Qué herramientas jurídicas hay para atacar el problema desde la sociedad civil organizada? La buena noticia es que ya existen muchas organizaciones de la sociedad civil que se dedican a este tema. Algunas de ellas de dedican a la investigación del problema desde el lado técnico. Otros a la movilización y educación. Pero otras se dedican a la investigación concreta de casos para después generar denuncias, demandas o amparos que activen las instituciones del Estado y provocan consecuencias concretas.

    1. Participar en la discusión política del país

    No es sólo ir a votar el día de la jornada electoral y tachar un logo. Para que el día de la jornada sea realmente un ejercicio ciudadano de participación democrática, es imprescindible votar con conciencia. Esto implica conocer tres cosas: las personas que piden el voto, sus propuestas y las responsabilidades que tendrán.

    Consulta la participación de Max Kaiser en el espacio de Martha Debayle aquí.
    17-01-2018

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