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Tempus fugit

DE CONVICCIÓN LIBERAL

El poeta Virgilio inmortalizó la expresión tempus fugit para recordarnos que el tiempo pasa velozmente. Increíblemente, el domingo pasado, el Presidente Peña Nieto concluyó el primer año de su mandato. Todavía le quedan 5 años más, pero la luna de miel política ya concluyó y aún queda mucho por hacer.

Mucho de lo que el Presidente ha tratado de hacer le ha salido bien. Estoy particularmente impresionado con los logros que ha tenido en la dimensión política. Contra lo que muchos pensaban, el Presidente mostró que la Presidencia todavía es una gran plataforma desde donde lanzar iniciativas y liderar la vida política del País.

El Pacto por México funcionó mejor y por más tiempo de lo que muchos auguraban, mostrando que en México es posible establecer y ejecutar una agenda política de cambios de gran calado. Muchos analistas habían llegado a la conclusión de que México necesita transformar la estructura política del País, pasando de un sistema presidencialista a un modelo parlamentario. Los últimos meses mostraron que aún le queda vida al modelo actual, siempre que se tenga la voluntad, la pericia y la audacia para negociar acuerdos. La fragmentación y el faccionalismo del sistema político actual hace que el papel de Presidente sea más difícil que en el pasado, pero si se tiene el talento, la audacia y la disciplina para asumir esa tarea, la Presidencia sigue siendo la mejor plataforma para transformar al País.

El Presidente también acertó al definir las reformas que el País requiere. Las iniciativas planteadas en el Pacto por México incluyen todas las reformas que México necesita y varias más. El Presidente y sus aliados acertaron cuando decidieron ir por todas las canicas, por dos razones: Primero, porque el ejercicio sirvió para aclarar que falta mucho para concluir la tarea de modernizar la vida política y económica del País. Segundo, porque al ser una agenda incluyente, sirvió para sumar voluntades y crear un frente unido amplio.

Posiblemente una agenda transformacional menos ambiciosa habría sido más fácil de ejecutar, pero no habría tenido la legitimidad política que tiene la lista más amplia que suscribieron los tres partidos. Aun cuando la coalición no se sostenga, la agenda que suscribieron los tres partidos servirá como guía para la reestructuración y modernización política y económica del País.

Pero en el pecado estuvo la penitencia. Retrospectivamente, es evidente que llegaría el momento en que procesar tantas iniciativas en tan corto plazo rebasaría la capacidad de manejo del sistema político. Esto ya sucedió y la lista de pendientes por resolver es impresionante.

La secuencia de las iniciativas también impactó la eficacia del proceso de reforma, creando situaciones que aportaron poco a la modernización del País, pero que consumieron capital político que se requiere para aprobar reformas más importantes, como la energética.

Dos reformas resultaron sorprendentemente difíciles de manejar. La primera fue la reforma educativa, puesto que nadie previó la fiera resistencia de la CNTE a los cambios legales propuestos. Pero ese no fue el único caso con costos sorprendentemente altos. Los contenidos y el manejo que se hizo de la reforma fiscal causaron un enfrentamiento durísimo con el sector privado y fracturó la estructura de la coalición reformadora justo cuando más falta hacía mantener un frente unido. Finalmente, el Gobierno logró la aprobación de la reforma recaudatoria, pero no sin haber pagado un costo político altísimo.

El trámite simultáneo de tantas reformas también causó que el Gobierno se distrajera de la conducción de tareas claves. La tasa de crecimiento de la economía se desplomó debido a una combinación de factores externos y domésticos. Parte de esto se debe a un manejo inadecuado del gasto público corriente y de inversión. Pero ahí no pararon las cosas. El Gobierno también tropezó en la reconstrucción del sistema de procuración de justicia y en el manejo de temas de seguridad: La tasa de homicidios subió en varios Estados y la debilidad del Estado fue evidente en el caso de Michoacán.

Estos problemas se combinaron con situaciones políticas que no acaban de resolverse. Las manifestaciones de la CNTE en el Distrito Federal dañaron el prestigio del Gobierno del Distrito Federal y causaron la impresión de que el Gobierno federal no sabe cómo resolver este tipo de situación, y la fiesta apenas inicia, puesto que el tumulto seguramente será aún mayor en las siguientes semanas, cuando se busque la aprobación de las reformas política y petrolera.

Lo que es innegable es la convicción con la que está actuando el Gobierno. El Presidente ha mostrado que está dispuesto a pagar lo que se requiera para modernizar al País. El primer año ha sido una prueba difícil para el Presidente. La meta que parecía inalcanzable ya no está muy lejos; ojalá tenga reservas para concluir el proceso de modernización.

Roberto Newell G es Economista y Vicepresidente del Instituto Mexicano para la Competitividad, A.C. Las opiniones en esta columna son personales.

Publicado por Reforma

05-12-2013