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Tonto útil

Algunas fuentes bibliográficas atribuyen la frase “tonto útil” a Lenin. No he podido encontrar una fuente bibliográfica que confirme lo anterior, ni que precise en qué contexto la usó. Lo que sí pude determinar es que durante la Guerra Fría se usaba el término para describir el papel que cumplían los intelectuales de izquierda que defendían y justificaban las atrocidades de Stalin. El término también se usó durante la Guerra de Vietnam para describir el rol que cumplieron celebridades como Jane Fonda, liderando el movimiento de protesta contra la guerra.

En 2010, Fernando Gómez Mont, siendo Secretario de Gobernación, usó la expresión para describir la conducta de los Comisionados de Derechos Humanos que defendían a personas involucradas en el crimen organizado. La frase es parte del léxico común. Se usa para describir a personas cuya inocencia sirve a los intereses de otras muy maliciosas. Recientemente, la he oído otra vez, en este caso para describir a miembros de la inteligencia que defienden a AMLO.

Me autoproclamo tonto útil. No porque sea partidario de ese político, sino porque sé que en cuestiones políticas asumo conductas ingenuas e inocentes. Soy de los que confía ciegamente en el IFE y en su capacidad para garantizar la calidad del proceso electoral. No creo en la existencia de un algoritmo que convierte los votos a favor de AMLO en votos que favorecen a Peña Nieto. Soy tan inocente que confío en la probidad de los ciudadanos encargados de las casillas electorales. No creo que se puedan borrar las marcas que dejan los lápices que usamos en las casillas federales. Soy tan ingenuo que creo implausible imaginar un complot electoral que puedan frustrar la voluntad de más de 15 millones de ciudadanos. Si tal complot existió, en mi ingenuidad no lo percibí.

Tampoco creo que Televisa y TV Azteca puedan sistemáticamente atropellar mis derechos políticos. Esto seguramente se debe a que vivo con la ilusión de que si su programación política me llega a enfadar puedo cambiar el canal y ver la programación de otras empresas de entretenimiento. Seguramente estoy equivocado, pero afortunadamente, existe el Guardián, y está dispuesto a erigirse en defensa de mis derechos políticos.

En suma, soy tan inocente que pienso que nuestro sistema electoral es confiable. Soy tan ingenuo que pienso que los 50 millones de mexicanos que votamos en estas elecciones votamos por la fórmula política que más nos agradó (o menos nos ofendió). No conozco una sola persona que haya votado a favor de un candidato contra su voluntad; seguramente se debe a que no conozco el “México profundo” con el cual otros se han topado. Soy tan ingenuo que creo que si el Gobierno recientemente electo no da buenos resultados, podré emitir un voto de castigo en las elecciones de 2015.

Soy tan inocente que creo que Peña Nieto no nos mintió en su discurso de victoria cuando dijo que aprovechará los próximos meses para preparar las tan mentadas propuestas de reforma estructural. Esto se debe a que soy tan confiado que creo que Peña Nieto recordará que más del 60 por ciento de los que votamos lo hicimos a favor de tres partidos que incluyeron tales reformas en sus plataformas políticas. Esto se ha de deber a que confío que el Presidente electo entiende que más de la mitad de los mexicanos estamos ansiosos de ver el despegue económico del País, el cual sólo se podrá lograr si se aprueban las reformas estructurales.

Soy tan ingenuo que pienso que el PRI de 2012 no es el mismo de 1970, o de 1988. Soy tan inocente que creo que México hoy no es el mismo de hace 12 años; pienso que los ciudadanos nos acostumbramos a ejercitar nuestros derechos políticos libremente y que esto lo saben los que acompañarán a Peña Nieto a Los Pinos.

Soy tan inocente que creo que Quadri cumplió un papel valioso durante la campaña presidencial y que sería útil sumar su inteligencia y capacidad de comunicación al equipo del gobierno entrante. Vaya, soy tan ingenuo que creo que el mejor momento de Vázquez Mota en su campaña fue su discurso de concesión, en el cual mostró ser una persona de convicciones profundas, cuya pasión democrática estará al servicio de los mexicanos si el Gobierno entrante nos falla.

Soy tan inocente que estoy orgulloso del resultado de los comicios del domingo pasado. Soy tan ingenuo que creo que los mexicanos valoramos la democracia en que vivimos y jamás aceptaremos volver a vivir en un sistema autoritario. Soy tan optimista que estoy convencido de que los miembros del PRI tampoco quieren regresar al pasado.

Roberto Newell G. es Economista y Vicepresidente del Instituto Mexicano para la Competitividad, A.C.

Las opiniones en esta columna son personales.