Artículo

Totalmente norteados

Los conflictos que estamos presenciando en el Senado sobre las modificaciones a la Ley Federal del Trabajo eran totalmente previsibles. Por ello, sentí alivio cuando la iniciativa de Ley salió de la Cámara de Diputados con cambios que no lesionaban el espíritu de las reformas económicas que se proponían en la iniciativa original. Ingenuo yo, llegué a pensar que las modificaciones que se habían hecho en la Cámara baja eran parte de una negociación entre el PAN y el PRI para sacar reformas económicas con las cuales simpatizaban los dos partidos. Era obvio que la fracción de los trabajadores dentro del PRI iría con todo contra la propuesta de reformar los mecanismos que tradicionalmente han usado para mantenerse en el poder y también era ingenuo suponer que estarían de acuerdo con la idea de someterse a una escrupulosa rendición de cuentas a sus agremiados.

En suma, interpreté el voto en coalición del PAN y el PRI en la Cámara baja como una señal de que los dos partidos habían acordado ir adelante con una reforma focalizada exclusivamente en cuestiones económicas cuya adopción reformaría parcialmente el funcionamiento del mercado laboral. Pensé que en algún momento habían acordado posponer reformas fundamentales al funcionamiento interno de los gremios, dando prelación en vez a lograr un acuerdo pragmático que rendiría frutos económicos. Obviamente me equivoqué.

Varias de las reformas económicas que van en la iniciativa aprobada originalmente son valiosas: me gusta lo que trae relacionado con la jornada de trabajo, también la propuesta para combatir la discriminación contra las mujeres en el lugar de trabajo, así como la idea de poner límites a los salarios caídos. También me gustó que diera mayor peso al crecimiento de la productividad laboral.

No me gustó todo lo que va en la propuesta. Por ejemplo, me preocupa el giro que se dio al tema de outsourcing. Además, lamento que la propuesta no aborde el problema más importante de cómo funciona el mercado laboral. La iniciativa de ley no toca la cuestión de qué hacer para que el peso del pasivo contingente laboral sea más manejable. El pasivo laboral actual es oneroso, crece conforme los trabajadores acumulan antigüedad y desincentiva el empleo formal.

No obstante lo anterior, en términos generales los cambios en la iniciativa aprobada apuntan en la dirección correcta y, de aprobarse, mejorarían el funcionamiento del mercado laboral.

Por ello, me preocupa que la fracción del PAN en el Senado decidiera dar marcha atrás a lo que se había acordado en la Cámara baja. Y créanme que no es porque no comparta los objetivos que contenían la propuesta original del Presidente Calderón. Si estos se llegaran a aprobar, no dudo que mejoraría el funcionamiento, representatividad y legitimidad de las instituciones de los trabajadores, pero si esta era la prioridad principal ¿por qué votó el PAN con el PRI para enmendar la versión original de Calderón? Y si de lo que más importaba al partido gobernante eran las reformas económicas, ¿por qué está dispuesto ahora a arriesgarlas en el Senado?

Para colmo, parecería que no se han dado cuenta de que donde están los mayores problemas de corrupción y malos manejos es en los sindicatos de las empresas paraestatales e instituciones del Gobierno que se rigen bajo el Apartado B del Artículo 123, que no se abordan en la iniciativa bajo consideración. Si lo que quería el partido gobernante era librar una batalla contra el corporativismo, buscaron el pleito en el campo de batalla equivocado.

En suma, no entiendo la conducta del PAN. Arriesgar las reformas económicas que contiene la iniciativa aprobada para mejorar las prácticas de gobierno de los sindicatos del apartado A mí me parece un mal negocio, sobre todo si anteriormente el PAN ya había pactado lo contrario en la Cámara baja. Como van las cosas, no va a salir la reforma y quienes acabarán pagando los costos de la vuelta en U del PAN serán las pequeñas y medianas empresas, las mujeres que están impedidas por las circunstancias actuales para trabajar en el mercado formal y los jóvenes que no logran obtener su primer empleo.

Si lo que estamos presenciando es una muestra de indisciplina y confusión derivada de la descomposición del PAN, no saben lo triste que es el espectáculo que están dando. Y si los líderes de ese partido creen que después de este show lograrán convencer al PRI de que deben ser considerados como aliados para llevar a cabo otras reformas, se equivocan. Perdieron la brújula; el norte está en otra dirección, ojalá no sea demasiado tarde.

Roberto Newell G. es Economista y Vicepresidente del Instituto Mexicano para la Competitividad, A.C. Las opiniones en esta columna son personales.