Artículo

Transición demográfica reloaded

The Economist acaba de publicar otro de esos ensayos geniales que hacen que esta revista sea una de las publicaciones más útiles e influyentes del mundo. El artículo en cuestión aborda el tema de la transición demográfica, o sea el cambio de una situación en la cual en la sociedad hay relativamente pocas personas de edad avanzada en relación con las personas en edad de trabajo a una en la cual la proporción de personas de más de 65 años es relativamente elevada. El ensayo examina lo que está sucediendo en algunos de los países en los cuales la transición ya es un hecho. La mayoría de estos países son sociedades de altos ingresos medios, como Alemania y Japón. Su situación actual ilustra lo que posiblemente sucederá en México dentro de algunos años. Pero antes de entrar en esto, conviene repasar por qué la transición demográfica preocupa a los analistas que estudian el fenómeno.

El problema que más preocupa a los analistas es la sostenibilidad económica y financiera del acuerdo intergeneracional tácito respecto de la carga económica, financiera y fiscal que deriva del envejecimiento de la población. En la mayoría de los países avanzados el arreglo convencional dicta que las personas dejarán de trabajar a los 65 años y dedicarán el resto de su vida a actividades de ocio cuyo costo integral será sufragado por programas de pensiones y salud privados y públicos.

Este acuerdo no parece ser sostenible por dos razones: Primero, porque las expectativas de vida de la población se han prolongado mucho más de lo previsto; segundo, porque la mayoría de los gobiernos no han establecido las reservas para financiar los costos de salud y pensiones de los derechohabientes. La combinación de estas condiciones significa que la carga fiscal que tendrán que asumir los que todavía trabajan será mucho mayor de lo que es política y económicamente factible. Por ello, varios gobiernos están tratando de corregir el problema aumentando la edad de retiro y reduciendo el paquete de beneficios a financiar, aunque la mayoría todavía está lejos de una solución integral.

El reto financiero arriba descrito es sólo parte del problema que deriva de la transición demográfica. La estructura cambiante de la pirámide poblacional también augura que la economía crecerá a un ritmo más bajo por el solo hecho que habrá menos personas en edad de trabajo. En estas condiciones, para que estas economías sigan creciendo la productividad media de la población ocupada debe crecer más rápidamente de lo que decrecerá la población económicamente activa. En muchos casos todavía no es obvio cuál de las dos tendencias prevalecerá.

Si la productividad de la población que se retira es más alta que la media de la población que seguirá trabajando, el efecto neto resultante será un nivel agregado de producción más bajo. Por ello, no sólo es importante renegociar el acuerdo financiero intergeneracional, también lo es crear incentivos para que la población más productiva se retire más tarde.
El ensayo de The Economist aporta nueva evidencia al respecto. Las noticias son buenas. La evidencia apunta a que en las economías en transición las personas más productivas (y también de más alto nivel educativo) están extendiendo su vida laboral. La decisión de estas personas tiene varias implicaciones positivas: primero, en vez de convertirse en netos consumidores a una edad relativamente temprana, siguen aportando a la producción (y a los ingresos fiscales) durante varios años más. Segundo, su decisión les permite seguir acumulando ahorros que se pueden utilizar para financiar proyectos productivos que sirven para elevar la productividad media de la población más joven. Tercero, como estas personas poseen destrezas y conocimientos relativamente escasos, no compiten en el mercado de trabajo de las personas de baja productividad. Consecuentemente, su presencia no crea problemas de empleo para personas de menor nivel educacional y productividad. Por el contrario, su participación laboral ayuda a crear (o cuando menos mantener) oportunidades de empleo para otras personas en el mercado laboral.

Todo lo anterior tiene implicaciones para la economía del País. Sin duda alguna, la más importante es asegurar que el acuerdo intergeneracional sea financieramente sostenible. Este tema es clave, puesto que la acumulación de reservas para financiar el retiro está creciendo a un ritmo demasiado bajo. Pero también se debe poner atención en asegurar que los incentivos que se creen para la población de más alta productividad laboral los invite a aportar sus conocimientos y energía a la economía más allá de la edad de retiro convencional.

Publicado por Reforma 
01-05-2014