Artículo

Trump sufre un trastorno emocional

La señora Clinton también ganó el segundo debate. Pero, como habían pasado solo 2 días desde que se había difundido el video de Trump en el que jactaba de su irrefrenable apetito sexual y del hecho que su estatus de estrella de la televisión le confería el derecho de hacer tocamientos a cualquier mujer que le gustara, lo que uno hubiera esperado era que ella le propinara una paliza. Eso no sucedió. Ganó Clinton, pero estuvo a la defensiva durante la mayor parte del debate, puesto que Trump la atacó con una andanada de acusaciones, mentiras, calumnias y comentarios soeces, burlones y sarcásticos. Vaya, la conducta de Trump fue tan mala que varias veces se acercó a ella con el claro propósito de intimidarla físicamente, conduciéndose como si fuera un cazador al acecho de una presa.
Nunca había visto algo igual y menos en una competencia política entre los dos principales candidatos para ocupar el cargo ejecutivo más alto de la democracia americana. La conducta de Trump fue tan desagradable que no entiendo por qué los moderadores no le exigieron que se condujera con mayor decoro y seriedad.

Pero su conducta fue tan grotesca que probablemente acabó beneficiando la causa de Clinton. Prueba de ello es que el siguiente día, Paul Ryan, el líder de los Republicanos en el Congreso, anunció que ya no apoyaría la candidatura de Trump.

En la opinión de varios analistas (v Maria Konnikova, "Less than Artful Choices, Narcissistic Personality Disorder According to Donald Trump"; Dan P. McAdams, "The Mind of Donald Trump"; Daniel Wagner, "Trump and Narcissistic Personality Disorder"; Adam Gopnick, "Donald Trump: Narcissist, Creep, Loser", etc.) la conducta de Trump es patológica. Trump exhibe síntomas del trastorno psiquiátrico conocido como narcisismo: manifiesta un sentido exagerado de su importancia y logros personales; exhibe una preocupación exagerada consigo mismo, misma que se manifiesta como una híper-sensitividad hacia la crítica y carece del más mínimo sentido de decoro.

A los que sufren este trastorno psicológico les resulta casi imposible ponerse en el lugar de otras personas o medir las consecuencias de sus actos y exclamaciones. Dicen y hacen cosas socialmente inapropiadas, sin considerar el daño que sus acciones pueden causar a otros o a sí mismos.

Un caso que ilustra el narcisismo de Trump lo tenemos en su decisión de auto-proclamarse genio financiero porque encontró la manera de evitar pagar impuestos federales durante casi 20 años. Su deseo de reconocimiento resultó tan exagerado que su ego lo llevó a presumir como logro la evasión (legal) de impuestos, sin reparar en el hecho que presumir ese "logro" sería ofensivo para millones de ciudadanos americanos que anualmente pagan contribuciones al Gobierno federal.

Otro exabrupto potencialmente más dañino para la democracia americana ha sido la reiterada amenaza de Trump de encarcelar a la señora Clinton cuando llegue a la Presidencia. Amenazas como estas son relativamente comunes en democracias inmaduras como la nuestra, pero nunca se ven en las contiendas políticas de EU.

Lamentablemente, las brabuconadas de Trump no son anodinas. Declaraciones como las dos citadas anteriormente están erosionando el prestigio de la democracia americana y eventualmente debilitarán la legitimidad del Gobierno que probablemente encabezará la señora Clinton. Para colmo, las locuras de Trump probablemente causarán que el partido Republicano sufra una derrota catastrófica en Noviembre, dañando los equilibrios políticos de EU. Reconstruir el partido Republicano requerirá un gran esfuerzo y tomará años.

Lo más preocupante del espectáculo político montado por Trump es que su conducta indudablemente será emulada por otros políticos americanos y del resto del mundo, restando dignidad y seriedad a las justas electorales y contribuyendo al hartazgo que sienten las poblaciones de muchos países con el estado que guardan sus sistemas políticos. Gradualmente, personajes como Trump, López Obrador, Chávez, los Castro y varios más, están destrozando el tejido político que necesitan las sociedades para resolver conflictos políticos con base en fórmulas institucionales democráticas. No sería sorprendente que los habitantes de varios países opten por sistemas políticos autoritarios en su lugar.

Trump probablemente perderá las elecciones, pero los efectos duraderos de su conducta narcisista seguramente contaminará las democracias de todo el mundo. Ojalá que cuando hayan pasado las elecciones americanas los líderes políticos de los dos principales partidos políticos americanos aprovechen la calma relativa para revisar las reglas de acceso al poder con el fin de garantizar que en el futuro existan filtros institucionales legítimos que impidan la llegada de un loco como Trump al poder.

Publicado por Reforma
13-10-2016