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Trump y Peña

En la superficie es difícil pensar en dos políticos tan distintos. Uno es un patán desparpajado y el otro un dechado de buenas formas. En menos de dos meses, el nuevo presidente de Estados Unidos ya tiene un largo inventario de descortesías con los visitantes a la Casa Blanca. En contraste, el presidente Enrique Peña Nieto es un hombre forjado en una cultura política donde el protocolo ceremonial es forma y fondo. En su mandato, Peña Nieto ha cometido tropezones de lengua y momentos de humor involuntario, pero no le recuerdo un solo acto de flagrante descortesía. A pesar de esta afortunada diferencia, Trump y Peña comparten métodos para nominar colaboradores y designar personajes para cargos de relevancia constitucional.

Trump nombró a Scott Pruitt como director de la Agencia de Protección Ambiental de EU (EPA). En distintos momentos, Pruitt se ha declarado en contra de la política ambiental del gobierno estadounidense y cuestiona la evidencia científica sobre el cambio climático. La iglesia en manos de Lutero y la naturaleza bajo el cuidado del Ecoloco.

Desde el sexenio de Ernesto Zedillo, la Sedesol ha formado cuadros técnicos que han buscado mejorar la focalización de la lucha contra la pobreza. En sucesivos gobiernos se han hecho esfuerzos por reducir el uso electoral de los programas sociales. ¿A quién coloca Peña Nieto en Sedesol? A Luis Miranda, un operador político-electoral, que inyectó dinero a la CNTE y puso en riesgo de muerte a la reforma educativa. La estatura de un líder se mide fácilmente con el perfil y temple de los individuos que componen su equipo de trabajo. Cuando Peña Nieto mire sus porcentajes de aprobación arrastrándose por el piso debería voltear la mirada a varios colaboradores de su gabinete. Cuando los músicos desafinan, el director de orquesta es el blanco de todas las rechiflas.

Un gobierno exitoso es en esencia una red de instituciones y organismos regidos por el talento, e idealmente, la meritocracia. Los servicios civiles de carrera, con incentivos bien diseñados, son las rutas más certeras para construir instituciones gobernadas por la reputación y los resultados. El INEGI, el Banco de México, el Servicio Exterior son de las pocas instituciones del Estado mexicano con una sólida cultura meritocrática.

La postulación de Paloma Merodio a la Junta de Gobierno del INEGI no ayuda a fortalecer a la institución, ni a consolidar su meritocracia. Por un error político y estratégico, el INEGI sufrió un importante daño a su reputación con los cambios metodológicos en la encuesta que se utiliza para medir la pobreza en México. En ese contexto es necesario que las designaciones a sus cargos de alta dirección no susciten controversias adicionales, ni se contaminen del desprestigio inherente de la figura presidencial.

Paloma Merodio no tiene la culpa de que Peña Nieto haya puesto a Luis Miranda en Sedesol, a un aprendiz de diplomacia en Relaciones Exteriores o a Fidel Herrera como cónsul en Barcelona. Sin embargo, la postulación de la maestra Merodio no se puede sustraer de este desdén por proteger la reputación de las instituciones del Estado mexicano.

El INEGI tiene un déficit medieval de participación femenina en sus cargos de alta dirección. Dentro del propio INEGI, el Banco de México y la academia, hay profesionistas con experiencia y talento que podrían dinamizar su vida interna, sin añadirle un copete de duda al prestigio de la institución. Paloma Merodio, hoy funcionaria de Sedesol, tiene una hoja de vida que habla cosas muy buenas de su pasado y aún mejores de su futuro.

Si a Enrique Peña Nieto le importara la reputación de su investidura debería enviar a Luis Miranda a repartir despensas a los mítines del PRI, a Paloma Merodio como nueva secretaria de Sedesol y a una profesionista, con autonomía técnica, a la vicepresidencia del INEGI. México saldría ganando.

Publicado por Reforma
19-03-2017