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Una discusión importante

El Gobernador del Banco de México aprovechó su participación en un evento en la Universidad Panamericana para comunicar el punto de vista de la Junta de Gobierno de la institución que preside sobre la situación que guardan las finanzas públicas del Gobierno federal y Pemex. El mensaje del doctor Carstens fue claro: urge al Gobierno hacer recortes de gasto significativos para evitar que los requerimientos financieros del sector público provoquen desequilibrios financieros difíciles de remediar.

El mensaje de Carstens revela dos cosas. La primera está relacionada con la sustancia de su mensaje: preocupa a Banco de México la situación fiscal del País. Las autoridades monetarias piensan que el Gobierno federal debe hacer recortes relativamente profundos al gasto público para evitar que los requisitos de financiamiento presionen a la economía real, reduciendo el financiamiento disponible para el sector privado y causando otros efectos indeseables, incluyendo una mayor depreciación del peso y/o alzas significativas de las tasas de interés. Si estos ajustes no se hacen a la brevedad posible, la necesidad de un ajuste futuro mucho más profundo y costoso crecerá, sobre todo durante el ejercicio de 2017, cuando ya no habrá coberturas que protejan los ingresos petroleros.

Pero eso fue sólo una parte de la noticia. Para entender la totalidad del mensaje de Carstens es importante reconocer el contexto en que hizo su pronunciamiento. Normalmente, las autoridades fiscales y monetarias evitan hacer públicas sus diferencias para no asustar a los mercados y abonar a la incertidumbre económica.

Por ello, la advertencia del Gobernador del viernes pasado debe ser interpretada como una llamada de atención relativamente severa para el Gobierno con el fin de comunicar su descontento e insistir en la necesidad de ajustes fiscales más profundos de los previamente planteados. Y en su discurso Carstens no solo se pronunció respecto de la necesidad de recortar el gasto, también fue enfático al insistir que urge hacer ajustes en Pemex.

En suma, el discurso de Carstens revela que en últimas fechas las autoridades fiscales y monetarias del País no han estado totalmente alineadas en su lectura de la situación económica ni en las medidas requeridas para remediar los efectos de los choques externos provocados por la caída del petróleo y la depreciación del peso.

La Constitución otorga a Banco de México autonomía jurídica y operativa. Esta autonomía es indispensable para que pueda cumplir el objetivo de mantener la estabilidad cambiaria y de precios. Consecuentemente, aunque lo deseable es que haya colaboración entre las autoridades monetarias y fiscales, si existen desacuerdos entre ellas, el Banco de México está facultado para actuar independientemente. En pocas palabras, el diseño institucional crea instancias para que colaboren, pero no obliga a la autoridad monetaria a alinearse dócilmente. Son colegas, no empleados del Gobierno federal.

Una lectura optimista del nombramiento del doctor González Anaya en la Dirección General de Pemex es que posiblemente el desacuerdo entre el banco central y el Gobierno federal está en vías de resolución. Muchos piensan que su nombramiento puede (y debe) ser interpretado como una señal de que está a punto de iniciar un esfuerzo mayúsculo para reducir el gasto corriente y de inversión de la empresa.

Inevitablemente, esto significa confrontar al Sindicato de la empresa y hacer recortes profundos a la nómina y prestaciones de los trabajadores de Pemex. La necesidad de hacer tales cambios se conoce desde hace décadas, pero el costo político asociado con esas medida había causado que ningún gobierno quisiera entrarle al tema. Indudablemente, hubiera sido mejor dar este paso en una coyuntura económica más favorable. Pero así es como siempre se toman estas decisiones. Las acciones requeridas se van posponiendo hasta que ya no queda otra alternativa.

En todo caso, parece que por fin llegó el momento de reestructurar a la empresa petrolera. Ojalá que los recortes en Pemex y en el gasto del Gobierno federal sean suficientes para reducir el riesgo de tener que hacer un ajuste económico más severo en el futuro y para que la viabilidad económica de Pemex mejore.

Acabamos de ser testigos de un ejemplo que ilustra el valor que tiene la autonomía del Banco de México. El Gobernador del banco central nunca hubiera dicho lo que dijo si fuera empleado del Presidente o del Secretario de Hacienda. Ojalá que su advertencia detone un proceso de cambio largamente pospuesto en Pemex e indispensable para la salud económica del País.

Publicado por Reforma
11-02-2016