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Una tesís que contribuye al debate

Uno de los principales obstáculos que enfrentan los que estudian en nuestras universidades es concluir exitosamente la tesis. Una elevada proporción tropiezan con este obstáculo y hasta ahí llegan en sus estudios.  Otros más afortunados o prudentes buscan fórmulas para exentar ese requisito.

La minoría que logra concluir el proyecto de tesis prepara un documento que sin pena ni gloria satisface el trámite. Es rara la tesis de licenciatura que vale la pena leer. La tesis de licenciatura de una joven economista del ITAM es uno de esos casos excepcionales.

Acabo de ser sinodal del examen profesional de Alejandra Mendoza Alcántara. Su tesis se intitula Proteccionismo Arancelario, un Freno a la Competitividad del Sector Manufacturero. En ella examina la relación entre la protección arancelaria efectiva y las exportaciones de 65 clases de productos manufactureros del País durante el periodo 2003-2006. Utilizando un modelo de regresión de paneles demuestra que la protección arancelaria tiene un efecto negativo sobre la competitividad de las empresas en mercados de exportación. El resultado obtenido por la joven economista muestra que cada uno por ciento de reducción de la tasa arancelaria efectiva real a los bienes finales causa que las exportaciones crezcan 3.8 %. En el caso de aranceles sobre los insumos obtiene un efecto relativo similar, 3.4 %. Tales resultados sugieren que en las circunstancias actuales de la economía la protección tiene efectos paradójicos: lejos de fortalecer a las empresas e incentivarlas a mejorar su productividad y competitividad, la protección causa que demoren su modernización y deteriora su capacidad para competir en la economía global.

La tesis de referencia tiene dos méritos, uno es analítico; el otro ejemplar. El mérito analítico fue probar la hipótesis arriba descrita. Pero, creo que el mayor mérito de Mendoza fue crear una base de datos cuya estructura conforma con el método de clasificación sectorial que se usa en Estados Unidos y Canadá, sin la cual hubiera sido imposible hacer las pruebas de hipótesis arriba descritas. En términos de tiempo y esfuerzo, la pruebas estadistas fueron un juego de niños; donde la joven economista invirtió la mayor parte de su tiempo fue en el armado de la base de datos de exportaciones y tasas efectivas de protección de 65 clases de productos de siete industrias, que son: la industria alimentaria; la de bebidas y tabaco; fabricación de insumos textiles y acabados textiles; fabricación de productos textiles (excepto prendas de vestir; fabricación de prendas de vestir; fabricación de productos de cueros, piel y materiales sucedáneos; fabricación de equipos de computación, comunicación, medición y otros equipos y componentes y accesorios electrónicos.

Para las 65 clases de productos en cuestión se consultaron las partidas arancelarias correspondientes y se calcularon los aranceles nominales (de Nación Más Favorecida) y los aranceles realmente pagados, ponderados por comercio y tipo de preferencia otorgada a cada uno de los países con que tiene México pactado un acuerdo comercial.

Adicionalmente, Mendoza comparó los aranceles realmente pagados por los productos finales con los aranceles promedio que las empresas importadoras pagan al importar insumos. Tales datos se ponderaron por la mezcla de insumos (alrededor de 3500 productos) requeridos para producir los bienes finales de cada clase. Con estos datos Mendoza determinó el nivel de protección efectiva de cada una de las clases. Fue para este conjunto de datos que llevó a cabo las pruebas estadísticas arriba descritas.

La base de datos cubre solo una parte de la totalidad de las clases de productos manufactureros que México comercia. Extender el análisis a la totalidad del comercio internacional del País hubiera requerido un esfuerzo adicional enorme; tan grande, que hasta la fecha ni INEGI ni las áreas de Secretaría de Economía interesadas en el tema lo han podido (o querido) realizar. Pero, como lo muestran los resultados de Mendoza, hacer el esfuerzo adicional valdría la pena, puesto que la información y los resultados adicionales abonan evidencias útiles para el debate que se libra sobre la conveniencia de una desgravación unilateral, del tipo que Secretaría de Economía ha instrumentado.

La utilidad de la base de datos de Mendoza no se agotó con las pruebas de hipótesis realizadas. Otro sinodal comentó que la misma información podría utilizarse para revisar los efectos de la política comercial sobre el empleo o el valor agregado de las clases industriales analizadas. Preguntas como estas se pueden resolver gracias a que Mendoza desarrolló la base de datos que comento. Por su valor potencial para otros analistas, la base de datos estará disponible en el sitio electrónico de IMCO.

Qué bueno que la tesis de Alejandra Mendoza fue más que un mero trámite académico.

Roberto Newell G. es Economista y Vicepresidente del Consejo de IMCO. Las opiniones en esta columna son personales