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Valor de la renta petrolera

Uno de los aspectos más valiosos del documento de Imco sobre la reforma petrolera es el fuerte énfasis que pone en identificar las principales fuentes de valor de la reforma.

Imco centra su atención en entender qué sucederá al valor económico de las rentas petroleras si se instrumenta la apertura del sector. El Instituto cuenta con un modelo de simulación que permite calcular el valor económico de cuatro decisiones claves, que son: permitir al sector privado participar en la exploración y producción de petróleo en aguas profundas; establecer un régimen de concesiones para la extracción de hidrocarburos atrapados en yacimientos de lutitas (shale); desarrollar una red más amplia para transportar gas a mercados finales y, por último, establecer un marco regulatorio que permita la participación del sector privado en la construcción y operación de refinerías.

Cada una de estas decisiones aportaría valor a la economía. Pero, las dos más importantes son las que tienen que ver con las rentas petroleras asociadas con la producción de gas y petróleo en aguas profundas y en yacimientos de shale.

Hasta la fecha, la mayoría de los análisis que conozco sobre los beneficios derivados de instrumentar una reforma petrolera son conceptuales y omiten cuantificar los efectos económicos de la reforma. Es posible que esto se deba a la complejidad técnica de los temas en cuestión, pero esta omisión debilita las probabilidades de éxito de la reforma y juega a favor de los que se oponen a ella. En mi opinión, el mejor argumento a favor de la reforma es el valor que aportará al bienestar de los mexicanos, tanto los que ya están vivos como los que aún no han nacido. Por ello, es indispensable conocer y comunicar el valor económico que aportará la reforma a los mexicanos.

Una columna de opinión no es un espacio idóneo para hacer una descripción detallada de un modelo económico y de los supuestos utilizados al hacer proyecciones. Por ello, no me queda otra opción que aseverar que el modelo en cuestión es relativamente sencillo e intuitivo, y que fue preparado para simular lo que puede suceder a partir de la apertura del sector de hidrocarburos. El modelo permite estimar los efectos económicos directos e indirectos de la apertura, incluyendo: el crecimiento de la producción, la renta petrolera, los ingresos del Estado, el crecimiento de la economía, el consumo de las personas y el empleo formal.

El modelo opera con candados fiscales y monetarios que neutralizan los efectos de los ingresos petroleros sobre la tasa de cambio y la estructura de precios de la economía. Esto significa que el modelo implícitamente incorpora medidas para evitar que la economía incurra una "enfermedad holandesa".

Los resultados que aparecen a continuación derivan de un escenario relativamente conservador en lo que toca a dos supuestos claves. Primero, los precios de petróleo y gas que se utilizan son similares a los que proyecta la agencia de energía de EUA en su escenario moderado. Los de petróleo se mantienen en niveles parecidos al valor actual de la mezcla mexicana, mientras que los de gas son los de Henry Hub. En otras palabras, escogimos un escenario conservador. Segundo, en el escenario planteado, la producción de shale inicia en 2017. Se escogió esa fecha pensando que se requerirán varios años para establecer las instituciones que permitan aprovechar el recurso. Los resultados aparecen a continuación:

En el escenario, la producción de shale crece más rápidamente de lo que declina la producción de las fuentes convencionales actuales. Consecuentemente, en 2030, México produce 2.6 veces petróleo que hoy. Más de la mitad de la producción viene de shale; la producción en aguas profundas empieza a crecer a partir de 2019, pero sólo logra compensar la caída de la producción convencional actual.

La producción de shale permite que la renta petrolera vuelva a crecer en forma sostenida a partir de 2017, revirtiendo lo que sucederá a la renta si no se hace la reforma.

El valor presente de la renta petrolera resultante es enorme. En el escenario planteado, la recaudación del Gobierno es 50 por ciento más alta que la actual, aun sin considerar los efectos de ingresos fiscales derivados del crecimiento económico que la reforma detona. El petróleo de shale contribuye la mayor parte de la recaudación incremental; el resto viene de aguas profundas.

En el escenario planteado, la reforma también detona mayor crecimiento económico. Consecuentemente, en promedio, el ingreso per cápita crece un punto por arriba de lo que crecerá si no se hace la reforma y se crean alrededor de 200 mil empleos formales más al año.

Sabiendo todo esto: ¿habrá alguien en su sano juicio que no quiera la reforma?

Roberto Newell G. es Economista y Vicepresidente del Instituto Mexicano para la Competitividad, A.C. Las opiniones en esta columna son personales.