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Venezuela en crisis

Durante las últimas semanas, el Gobierno de Nicolás Maduro ha enfrentado su más dura prueba política hasta la fecha.
El 16 de julio sufrió un tremendo revés político en la Consulta Popular convocada por el poder legislativo y la oposición.

El 94 por ciento de los 7.2 millones de venezolanos que votaron en la Consulta Popular votaron contra el Gobierno de Maduro. Y aunque el resultado de la consulta popular no haya sido vinculante, el sólo hecho que una proporción tan elevada (38 por ciento) de los votantes elegibles hayan estado dispuestos a correr el riesgo de enfrentar al régimen de Maduro a pesar de sus constantes amenazas y represalias contra los partidos de oposición y sus simpatizantes, el referéndum evidenció el repudio de un enorme segmento de la población hacia el Gobierno de Maduro.

El Presidente sigue en el poder sólo porque cuenta con el respaldo del ejército.
La consulta popular fue la respuesta de los partidos de oposición a la convocatoria de Maduro a eligir una Asamblea Constituyente que sustituiría a la Asamblea Nacional, ostensiblemente con el fin de redactar una nueva Constitución para Venezuela.

La Asamblea Constituyente sustituirá a los Diputados que componen la Asamblea Nacional, mismos que fueron electos hace sólo dos años.
La Asamblea Nacional está controlada por los partidos de oposición al Gobierno de Maduro y es un obstáculo político formidable para su Gobierno.

La propuesta de Maduro para definir la composición de la Asamblea Constituyente fue diseñada para favorecer los candidatos del Gobierno chavista.
La fórmula de representación geográfica propuesta por Maduro confirió un peso desproporcionado a las zonas rurales de Venezuela que el Gobierno controla políticamente.

Por contra, las zonas urbanas del país donde la oposición tiene mayoría, estaban subrepresentadas en la Asamblea Constituyente del Domingo pasado.
Las reglas de los comicios estaban tan amañadas que ninguno de los partidos de oposición estuvo dispuesto a participar en las elecciones de la Constituyente. Consecuentemente, los resultados de la votación del Domingo pasado se conocían antes de que se emitiera el primer voto, puesto que la única organización política que propuso candidatos fue el partido oficialista.

Durante los tres meses posteriores a la convocatoria a las elecciones de la Asamblea Constituyente la oposición organizó incontables protestas y presentó argumentos contra legalidad del proceso para establecer una nueva Asamblea Constituyente, tanto ante el poder judicial (controlado por Maduro) como ante foros y tribunales internacionales. La oposición también organizó la Consulta Popular del 16 de Julio.

Las protestas políticas y jurídicas tuvieron eco en todo el mundo. La maniobra política de Maduro recibió el escarnio de la mayoría de los gobiernos de la región, incluyendo el oprobio de México en la Asamblea de la OEA de junio pasado.
En ese contexto, el resultado de la Consulta Popular del 16 de Julio fue desastroso para Maduro, puesto que aunque el referéndum no tenía valor vinculante, sirvió para mostrar la fuerza política de la oposición política y la voluntad de una gran proporción del pueblo venezolano por oponerse al caos cleptocrático del gobierno de Maduro.

No está claro qué sucederá cuando se instale Asamblea Constituyente. Indudablemente, Maduro aprovechará que tiene control de la Asamblea Constituyente para redactar una Constitución que le confiera autoridad para eliminar cualquier vestigio que quede de lo que fue una de las democracias más robustas de América latina.

Es probable que los partidos de oposición se resistan a desbandar la Asamblea Nacional actual, procurando prolongar su existencia con el fin de legitimar su lucha contra la imposición de Maduro. Pero al no contar con el apoyo (legal o coercitivo) de ningún otro poder, la supervivencia de la Asamblea Nacional solo será un símbolo útil para aglomerar y organizar la resistencia contra el gobierno de Maduro.

La confrontación política en Venezuela está entrando en un capítulo definitorio. El caos económico y político de Venezuela es tan grande, que aunque Maduro formalmente controle todas las funciones de Gobierno, su capacidad para gobernar eficazmente y mantener control político sea efímera. En el corto plazo es muy probable que la confrontación política se intensifique y que el conflicto se transforme en un conflicto civil cruel, asimétrico y doloroso.

Publicado por Reforma
03-08-2017