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Ver para creer

Si mi padre estuviera vivo, me estaría recordando que sólo las personas ingenuas se tragan los cuentos que otros cuentan. “Para creer, hay que ver”, me diría. Creo que es un consejo muy bueno que debemos tener en mente. México no está tan bien como de pronto parecen pensar ensayistas que escriben en publicaciones como Economist, New York Times, Wall Street Journal, y el jueves pasado, Financial Times, tampoco estaba tan mal como escribían hace poco más de un año.

Ni muy muy, ni tan tan. El optimismo que expresan estas publicaciones es el resultado de la combinación de circunstancias que hacen que de pronto nos veamos bien: las economías de tres de los cuatro BRIC enfrentan problemas que impiden que crezcan el ritmo acostumbrado. Por otra parte, ni los políticos de Europa, ni los de Estados Unidos, han logrado acordar fórmulas que permitan resolver los problemas fiscales que sufren sus economías. La incertidumbre política también está afectando la actividad económica de estos países: el PIB de Estados Unidos se contrajo en el último trimestre de 2012; España camina como zombi, de crisis económica a crisis política y vuelta a empezar. En Alemania inician los debates políticos de cara a las elecciones que se celebrarán en septiembre. Mientras tanto, para librar los problemas políticos que tiene dentro de su coalición gobernante, Cameron abrió un debate sobre la permanencia de Reino Unido en la Comunidad Europea, y simultáneamente el nuevo Primer Ministro japonés estrena su mandato con una serie de medidas económicas frenéticas para revivir la economía de su país. En pocas palabras: la mayoría de las principales economías globales están pasando por momentos que hacen que el crecimiento de nuestra economía (un modesto 4 por ciento) se vea comparativamente bien.

Mientras las economías de otros países apenas crecen o están en recesión, nosotros vamos relativamente bien; mientras otros países están enfrascados en crisis políticas y escándalos de corrupción, en México, los principales partidos políticos negociaron un pacto político que inmediatamente brinda frutos políticos: la reforma educativa.

El arranque de Peña Nieto ha sido brillante. Consecuentemente, en México se siente un gran optimismo; la euforia llega a todas partes del País y se expresa de diversas formas: en el mercado de valores, en las decisiones de consumo de las familias mexicanas, en las decisiones de inversión de los empresarios mexicanos y en los flujos de inversión extranjera que llegan al País.

Esta buena vibra pagará dividendos: la economía crecerá más rápidamente; el empleo mejorará y se abatirá algo la pobreza. Pero aconsejo que no nos creamos toda la publicidad positiva que oímos, no porque sea falsa, sino porque es un reflejo parcial de nuestras circunstancias.

Para que el optimismo se pueda mantener y esté sobre bases firmes, es indispensable no perder el foco, ni pecar de excesos de optimismo. Lo que se ha logrado durante el arranque de este gobierno es impresionante. Pero las recientes reformas no son todas las que el País necesita, ni está garantizado su éxito.

El éxito durante este sexenio dependerá de que se aprueben varias otras reformas y de que el Gobierno esté preparado para avanzar en la instrumentación y ejecución de los cambios que se inauguren. Para que las reformas penetren y transformen al País, será indispensable invertir en el desarrollo de instituciones que actualmente no existen y cuyas funciones e instrumentos aún no se han definido en detalle.

Por ejemplo, para que la reforma educativa tenga éxito, será necesario crear una institución que sea capaz de evaluar y medir la calidad académica del personal docente empleado por el Estado. En el papel, las tareas que se tienen que realizar parecen fáciles, pero no lo son. Para que el instituto de evaluación de docentes cumpla la tarea que se le ha asignado, tendrá que desarrollar herramientas de evaluación confiables y objetivas. Y para que sus decisiones sean respetadas, las personas que asuman la responsabilidad de encabezar la nueva institución deben tener las credenciales que los acrediten para asumir estos cargos, el valor para cumplir las responsabilidades que se les ha conferido y buen juicio en el momento de ejecutor las funciones que sus puestos demandan.

Para que México se convierta en el Tigre Azteca del que se habla en el artículo de Financial Times, primero se tienen que hacer las reformas largamente pospuestas y luego se tendrán que instrumentar. No tengo duda de que el nuevo Gobierno puede alcanzar los dos propósitos, pero para ello es indispensable evitar caer en excesos de confianza.

Roberto Newell G. es Economista y Vicepresidente del Instituto Mexicano para la Competitividad, A.C. Las opiniones en esta columna son personales.