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Voto útil

Me encantaría que mi voto pesara tanto que el simple ejercicio de mi voluntad política fuera suficiente para resolver las elecciones próximas. Lamentablemente, este arrebato megalómano nunca se cumplirá: mi voto pesa exactamente igual que el de 60 millones de otros mexicanos que están registrados para votar. Pero no me resigno a que mi voto pese poco. Deseo que pese lo más posible; que sirva para definir quién gobernará durante el próximo sexenio. Durante estos días he estado pensando por quién votar. Soy uno de los indecisos, pero no porque no tenga preferencias políticas, sino porque quiero maximizar el valor de mi voto para que sirva en la construcción de un País más moderno, próspero, justo y seguro. Lo que estoy tratando de resolver es ¿cuál de las cuatro opciones políticas es la mejor para el País?

La pregunta arriba expuesta debería ser sencilla de resolver, pero no lo es. Si fuera tan sencillo como escoger el candidato más inteligente e informado, votaría por Quadri; si se tratara de escoger el más telegénico, votaría por Peña Nieto; si la decisión fuera escoger a la persona cuya elección tendría el mayor poder simbólico a favor de la igualdad de todo un género, votaría por Vázquez Mota, y si se tratara de elegir al individuo más carismático, me inclinaría por López Obrador. Pero de lo que se trata la elección próxima es de elegir a la persona más calificada para liderar el proceso de modernización integral del País.

Nuestro próximo Presidente debe reunir cuatro atributos: Primero, debe contar con una agenda transformacional moderna y pragmática, que esté alineada con el contexto actual de la economía global. Su agenda de políticas públicas debe estar alineada con la modernización de México en tres dimensiones: la política, la económica y la social. Las tres cuentan; ninguna es secundaria. También quiero que la persona que dirija al País tenga una mente abierta, que sea capaz de entablar relaciones con los representantes de todas las corrientes políticas del País para negociar soluciones pragmáticas que sirvan para resolver los principales problemas del País.

El Presidente que quiero debe tener muchos de los atributos de un buen Primer Ministro en un sistema parlamentario: debe ser un excelente político que sabe cómo negociar las condiciones mínimas para instrumentar los cambios transformacionales que el País requiere. A la vez, debe ser un buen ejecutivo que sepa cómo administrar las funciones principales del Gobierno, sobre todo el manejo de los agregados económicos y la seguridad del País.

El tercer atributo que esta persona debe tener es el respaldo de grupos políticos y económicos representativos que cuenten con la fuerza y la legitimidad mínima necesaria para gobernar al País. Por último, quiero un líder con una historia personal y política razonable. No busco un santo, pero sí alguien cuya historia personal no dé asco o cree reacciones negativas fuertes.

He evaluado a los cuatro candidatos usando estos cuatro atributos. López Obrador quedó eliminado porque falla en tres de cuatro dimensiones: su idea de País no corresponde a la realidad moderna. Tampoco sabe negociar; sus posiciones políticas son dogmáticas e intransigentes, y la memoria de su conducta en las elecciones de 2006 genera reacciones negativas fortísimas. AMLO es, por mucho, el candidato que menos conviene. Si necesitáramos quien encabece un inquisición moderna, sería un candidato espléndido, pero lo que necesitamos es un político moderno, no un demagogo absolutista.

Los que siguen esta columna saben que Quadri me gusta, tanto por la calidad de sus propuestas, como por su inteligencia. Pero el problema que tiene es que no cuenta con el respaldo de una fuerza política respetable y representativa. Si por algún milagro fuera electo Presidente, llegaría a Los Pinos sin el respaldo de un partido fuerte y con un déficit de legitimidad política muy importante. Quadri me gusta, pero la próxima elección exige escoger un líder que cuente con el mejor “paquete político” para liderar al País. Para ello es indispensable elegir un candidato que encabece un partido representativo y fuerte. El Panal no cumple los requisitos mínimos necesarios.

Quedan dos candidatos: Peña Nieto y Vázquez Mota. Ninguno de los dos me causa éxtasis. La candidata representa una ideología social que se quedó en el pasado; mientras que Peña Nieto encabeza una fórmula política que estuvo dispuesta a escalar políticamente obstaculizando cada una de las reformas estructurales que se han debatido recientemente. Su camino de regreso a la Presidencia ha sido muy costoso para el País.

No obstante lo anterior, los dos candidatos arriba citados han propuesto ofertas políticas razonablemente modernas; entienden los cambios que el País requiere y vienen acompañados de equipos económicos y políticos poderosos. Todavía no sé por cuál de los dos votaré. La coyuntura política dictará cuál de los dos candidatos recibirá mi voto. Ojalá pudiera darme el lujo de votar caprichosamente.

Roberto Newell G. es Economista y Vicepresidente del Instituto Mexicano para la Competitividad, A.C.

Las opiniones en esta columna son personales.