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Y ahora, ¿qué?

Las últimas dos semanas han sido una pesadilla para la economía mundial.  El 29 de julio, el gobierno de EUA publicó cifras definitivas sobre el desempeño de la economía.  Sus datos muestran que la economía americana ha estado creciendo a un ritmo más bajo de lo que indicaban las cifras preliminares.  Tres días después,  al cuarto para las doce, los Republicanos y Demócratas por fin autorizaron aumentar el límite de la deuda pública.  Esa misma semana, los principales gobiernos de Europa y el Banco Central Europeo pactaron un programa de rescate para Grecia con alcances tan limitados que no convenció a nadie.  El paquete financiero pactado generó nuevas dudas sobre las perspectivas de repago de la deuda   griega, lo que motivó a inversionistas a vender bonos soberanos de Italia, España, Portugal e Irlanda.  Por ello, aumentó el costo del financiamiento en estos países. Quién tenga que financiar activos nuevos o capital de trabajo, tendrá que pagar réditos bastante más altos.

Tantas malas noticias en un periodo tan corto causaron que los mercados de capitales reaccionaran con fuerza.  La bolsa de Nueva York sufrió  pérdidas diez días al hilo.  La baja fue tan pronunciada que en una semana la mayoría de las bolsas perdieron todo lo que habían ganado durante el año anterior.  Esta baja indica que los mercados prevén lo que muchos analistas temían: que la economía global vuelva a entrar en recesión, pero esta vez con menos herramientas para enfrentar el problema, como veremos a continuación.

El conflicto entre Demócratas y Republicanos y las negociaciones subsecuentes eliminó la posibilidad de usar el gasto público para estimular a la economía y evitar que la recesión sea profunda.  El acuerdo que negociaron obliga a reducir el gasto público.  Si la demanda agregada fuera robusta, esto no sería problema,  pero ese no es caso.  Por el contrario, los consumidores americanos están pesimistas y temen quedarse sin empleo,  por ello, están consumiendo menos de lo acostumbrado.  Mientras tanto, las empresas ven tan negras las cosas que muchas de ellas están cancelando inversiones.  Es justo en momentos como estos   que es útil intervenir con medidas contra-cíclicas que moderen la caída del empleo y el consumo.  Pero, los grados de libertad disponibles para los americanos son limitados; el techo de endeudamiento autorizado no lo permite y el momento del gasto social es tan alto, que dentro de poco las facciones en el Congreso se estarán peleando sobre la siguiente ronda de reducciones de gasto. 

Por si lo anterior no fuera suficiente, Standard & Poor’s bajó la calificación crediticia de EUA, de triple A,  a doble A.  Después de todas las barbaridades que han hecho sus políticos los americanos se merecían la nota, pero el anuncio desató una nueva ola de críticas y polémicas.  El Estado americano recibió críticas de todas partes, incluyendo comentarios hirientes de parte del gobierno chino y de varios líderes internacionales.  La ola de críticas creó  más incertidumbre y causó que el lunes posterior al anuncio de la baja de calificación la bolsa americana cayera estrepitosamente; el índice de S&P 500, cayó 6.7% el lunes 8 de agosto.

La baja acumulada de la bolsa durante estas dos semanas ha golpeado al patrimonio de las familias americanas.  Muchas ya estaban quebradas porque el valor de sus casas no repunta; el nuevo golpe al valor de sus carteras de acciones no las favoreció en lo más mínimo.  Por ello, es probable que los consumidores recorten aún más su consumo.  Las empresas y los países que producen los bienes que estas familias consumen sufrirán las consecuencias de lo anterior.

Estamos entrando en un nuevo ciclo recesivo.  Las economías de EUA y Europa están deprimidas y en el horizonte solo se ven nubarrones negros que anuncian una nueva tormenta.  Muchos analistas piensan que la unión monetaria europea en torno al Euro no aguantará la presión que ejercen las economías en crisis de Europa.

Los BRICs, por su parte, muestran señales de fatiga: La economía rusa depende excesivamente del petróleo; los bancos de India han acumulado mucha deuda incobrable y podrían dejar de prestar; el Real brasileño está tan sobre-valuado que el gobierno decidió reducir la tasa de impuestos que cobra a las empresas más afectadas por las importaciones que llegan de China. 

Solo China parece estar fuerte, pero hasta esto se cuestiona: Economistas de la talla de Roubini (el economista/gurú que vaticinó la crisis de EUA de 2008), pronostican que China entrará en crisis dentro de poco tiempo debido a una burbuja financiera que acabará con su sistema bancario.

En suma, las cosas estaban mal, pero acaban de empeorar.  Lo que viene se ve muy feo.

Roberto Newell G. es Economista y Vicepresidente del Instituto Mexicano para la Competitividad, A.C..  Las opiniones en esta columna son personales.