
Este fin de semana los mercados financieros se vieron sacudidos por un aumento abrupto en el precio del petróleo y del gas. Los movimientos se dieron más de una semana después del inicio del conflicto en Irán y finalmente el precio del petróleo rebasó los 100 dólares por barril.
Durante el fin de semana cambiaron las expectativas de que este sería un conflicto más breve y con un menor involucramiento internacional. El nombramiento del sucesor del líder iraní y el cierre prolongado del estrecho de Ormuz —por el que pasa aproximadamente 20% del petróleo que se consume globalmente— cambiaron las perspectivas hacia un conflicto más largo y complejo.
Pero no se trata solo de petróleo y gas; el Estrecho de Ormuz es un cuello de botella natural por que entran bienes —incluyendo alimentos— a los países del Golfo Pérsico (Irán, Irak, Kuwait, Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos y Omán) y por el que salen, sí, petróleo y gas, pero también fertilizantes. El choque de oferta es claro, como de libro de texto.
En la mañana del lunes 9 de marzo, ante la volatilidad financiera del domingo por la tarde, los países miembros del G7 anunciaron medidas para contrarrestar el choque negativo en el mercado del petróleo sugiriendo la posibilidad de liberar reservas estratégicas, los inventarios que se pueden liberar al mercado en casos de crisis. El G7 tiene alrededor de 1,200 millones de barriles de reservas públicas de emergencia coordinadas por la Agencia Internacional de Energía. Además, existen cerca de 600 millones de barriles adicionales en reservas industriales obligatorias mantenidas por empresas privadas.
El solo anuncio contuvo la escalada de precios del domingo por la tarde y logró regresarlo a cotizaciones por debajo de los 100 dólares por barril, pero sin volver a los precios previos al ataque. La acción coordinada buscaría estabilizar el mercado de petróleo y mitigar el impacto del aumento de precios en la economía global. El incremento en la oferta contrarrestaría —en cierta medida— el choque negativo previo, pero la duda principal se mantiene: ¿cuál será la duración de la guerra? ¿Será suficiente esta intervención para neutralizar los efectos negativos del cierre del Estrecho de Ormuz? El anuncio del G7 contribuyó a instaurar cierta calma en los mercados financieros, pero no eliminó la incertidumbre que prevalece.
Por la tarde de ayer 9 de marzo, el presidente Trump señaló que la guerra estaba “prácticamente terminada”, que la campaña militar avanzaba más rápido de lo previsto —inicialmente él mismo había dicho que duraría entre cuatro y cinco semanas, luego dijo que se alargaría— y agregó que la capacidad militar iraní ha sido ya gravemente dañada, lo que limitaba su potencial de represalias.
Y el mercado reaccionó. Los precios del petróleo retrocedieron —al cierre de estas líneas se encontraban en 84 dólares por barril— y la volatilidad financiera cedió. Pero los mercados reaccionan tanto a las narrativas como a los hechos. Mientras el Estrecho de Ormuz siga siendo un punto de tensión y la duración del conflicto sea incierta, el riesgo de nuevos episodios de volatilidad permanecerá. El choque de oferta está ahí, solo con el tiempo se dimensionará su magnitud.
@ValeriaMoy
Publicado en El Universal
10-03-2026