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Construyendo autonomía en México

FOTO: PATRICK/PEXELS

Hace un mes me mudé sola. Soy la primera mujer de mi familia en vivir completamente sola. No fue un acto de valentía ni un sueño cumplido. Fue una decisión necesaria y, también, un poco aterradora. Con el tiempo entendí que lo que estaba buscando tenía un nombre menos romántico, autonomía.

La autonomía suele pensarse como una meta individual, como el resultado del esfuerzo personal o de tomar buenas decisiones. Pero en realidad depende de algo más profundo. Depende del acceso a educación, de la seguridad para desplazarte por tu ciudad, de las oportunidades laborales disponibles, de la existencia de servicios de cuidado, del transporte público y, sobre todo, de la posibilidad de generar ingresos propios y suficientes para no depender económicamente de alguien más.

En México, esa posibilidad sigue siendo limitada: 26% de las mujeres de 15 años o más no percibe ingresos propios. Esto reduce su margen de decisión y aumenta la probabilidad de depender de transferencias familiares o programas sociales. Sin embargo, esta cifra es solo la superficie de un problema estructural más profundo.

Una de las desigualdades que explican este problema está en la distribución desigual del trabajo no remunerado. El trabajo del hogar y de cuidados —realizado en su mayoria por mujeres— limita el tiempo disponible para participar en el mercado laboral, puede condicionar el tipo de empleos a los que acceden las mujeres y se convierte en una de las principales razones por las que muchas pausan sus carreras, reducen su jornada o, en algunos casos, salen permanentemente del mercado laboral.

Las trayectorias laborales de las mujeres no suelen ser lineales, son interrumpidas, fragmentadas y con mayores obstáculos para acumular experiencia, ingresos y patrimonio. De aquellas que sí tienen un empleo, 37% vive en pobreza laboral, es decir, aun trabajando no gana lo suficiente para cubrir la canasta alimentaria. Además, muchas encuentran en el emprendimiento una alternativa para conciliar ingresos y cuidados, sin embargo, 83% de las emprendedoras opera en la informalidad, generalmente en negocios de baja escala y menor productividad.

Si con este panorama, mudarse sola parece un privilegio lejano, ser dueña de tu propia viviendalo es aún más, apenas una de cada diez mujeres en el país lo logra. La autonomía económica no es una aspiración abstracta, es un objetivo que México todavía no ha logrado asegurar.

Volviendo a mi historia personal, como muchas personas en México, llega un momento en el que migrar a otro estado parece la única forma de acceder a mejores oportunidades. La Ciudad de México fue mi destino. Comparada con Durango, ofrece mayores probabilidades de empleo, ingresos más altos y una mayor posibilidad de alcanzar autonomía económica, de acuerdo a la medición del IMCO. Sin embargo, la autonomía también tiene costos, como vivir lejos de las redes de apoyo, reconstruir una comunidad y adaptarse a un entorno distinto.

La pregunta entonces deja de ser individual. ¿Quién gana y quién pierde cuando la autonomía solo es posible migrando? A primera vista parecería una decisión personal, pero en realidad es una señal de desigualdad territorial. Los estados pierden talento, las economías locales pierden diversidad y el país concentra oportunidades en unos cuantos lugares.

La autonomía de las mujeres no debería depender de la capacidad de desplazarse cientos de kilómetros. Cuando las oportunidades se concentran, las desigualdades también lo hacen. Y eso no solo limita a las mujeres, sino que limita el crecimiento económico y la competitividad del país.

Garantizar autonomía implica un esfuerzo conjunto, fortalecer la generación de empleo formal, incorporar a más mujeres en sectores de mayor productividad, construir un sistema nacional de cuidados que redistribuya el trabajo no remunerado y ampliar su acceso a activos productivos como vivienda o crédito formal.

La autonomía no es independencia absoluta ni libertad perfecta. Es algo básico y es más urgente, la posibilidad real de elegir. En México, todavía cerca de 10 millones de mujeres no tienen esa opción. Construir un país donde la autonomía no dependa del lugar donde naces ni de la necesidad de irte, debería ser una prioridad, no una excepción.

@_Paolavm_

Publicado en Opinión 51

05-03-2026