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El silencio

"No hay nada más poderoso que una idea a la que le ha llegado su tiempo". La frase de Víctor Hugo resonó en la voz de David Cameron, primer ministro británico, durante el cierre de la conferencia internacional anticorrupción que se celebró esta semana en Londres. La moraleja del evento fue que es imposible enfrentar los desafíos de nuestra era sin frenar el perverso espiral del abuso de cargos públicos para beneficio privado. La pobreza, la inestabilidad política o las migraciones masivas desde las regiones más pobres y violentas del mundo son causadas o agravadas directamente por la corrupción. Esta lucha no es una moda de política pública o la alegoría favorita del momento para adornar discursos, sino uno de los temas centrales de nuestra época.

John Kerry, el encargado de la política exterior estadounidense, espetó una frase con mucha resonancia en el contexto mexicano: "Si la corrupción es un problema cultural, entonces hay que cambiar la cultura". En un texto publicado expresamente para esta conferencia, Christine Lagarde, directora del Fondo Monetario Internacional, no se anduvo por las ramas: "Yo no acepto la visión, o el mito, de que la corrupción es un problema cultural que tomará varias generaciones enfrentar. Hay países que han hecho avances significativos en relativamente poco tiempo". Estonia, por ejemplo, logró una triple transición en muy pocos años: se independizó de la Unión Soviética, terminó con el régimen comunista y quebró la estructura de corrupción institucional que se forjó a la sombra de la hoz y el martillo.

El presidente Obama acaba de presentar una iniciativa legal para que EU deje de ser el paraíso fiscal más grande del planeta. Hoy Delaware y otras entidades de la Unión Americana tienen leyes que permiten ocultar activos con instrumentos muy semejantes a los que se aplican en lugares como Panamá o Andorra.
Hay un proceso global de innovación jurídica para combatir la corrupción. En Singapur, para casos de enriquecimiento inexplicable los fiscales no tienen que probar la culpabilidad del acusado, sino que el presunto culpable tiene que demostrar la probidad de su patrimonio. En aras de combatir la corrupción, se tomó la controversial decisión de desechar la presunción de inocencia. Cualquier cuenta de banco o bien inmueble cuyo origen no se pueda explicar por los ingresos legales del propietario, los tribunales lo asumen como un fruto de la corrupción.
En Eslovaquia, como lo presenta un reciente estudio de México Evalúa, los contratos de empresas privadas con el gobierno sólo cobran validez 30 días después de su publicación en un sitio público de internet. La transparencia es una precondición para el cumplimiento del contrato. En Uganda, cada escuela hace público su presupuesto y las transferencias que recibe del gobierno. El Sistema Nacional Anticorrupción que hoy se discute en el Congreso mexicano no tiene ninguna idea revolucionaria o propuesta transgresora. Apenas nos pondría al día con lo que está sucediendo en países de todos los continentes y niveles de desarrollo.

Durante los meses que van de la discusión del SNA, el presidente Peña Nieto ha guardado un retraído silencio sobre el tema. Este reservado pudor se puede leer como una muestra de respeto a las deliberaciones del Congreso. Sin embargo, el mutismo presidencial también se puede interpretar como el desperdicio de una oportunidad histórica para empujar una reforma que lo toca todo, desde los usos y costumbres de la política hasta los peores lastres de nuestra economía. El movimiento anticorrupción representa un tema central en la agenda de México y el mundo. ¿Cuál es la posición del presidente Peña? ¿Que es un problema cultural? ¿Vería con buenos ojos un periodo extraordinario de sesiones? Nadie espera que el presidente Peña Nieto se eche un discurso con citas de Víctor Hugo, pero sí es fundamental que el Ejecutivo federal defina su postura ante el tema central de nuestro tiempo.

Publicado por Reforma
15-05-2016