
Quizá el dato más recurrente en la discusión pública durante la segunda mitad de 2025 fue la reducción de la pobreza anunciada por el INEGI. Más allá de su importancia intrínseca, dada la magnitud del problema en México, el peso que cobró este resultado se explica, sobre todo, por el contexto político nacional. Para el gobierno actual y sus simpatizantes, la cifra se convirtió en un pilar de legitimidad. Sin embargo, en ese énfasis han pasado casi desapercibidas otras mediciones de pobreza que son igualmente relevantes y que ofrecen perspectivas complementarias para entender el fenómeno.
Un ejemplo es la estimación de pobreza a nivel local y nacional basada en el Método de Medición Integrada de la Pobreza (MMIP), elaborada por el Consejo de Evaluación de la Ciudad de México (organismo autónomo del gobierno capitalino) y publicada en noviembre de 2025. Desde luego, el INEGI ha hecho un trabajo destacable tanto en el levantamiento de la Encuesta Nacional de Ingreso y Gasto de los Hogares (ENIGH) como en el cálculo de la pobreza, tarea que asumió por primera vez el año pasado tras la eliminación del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (CONEVAL). Aun así, los resultados del MMIP son valiosos por al menos tres razones: primero, porque permiten explorar formas alternativas de medir de manera integral las carencias humanas; segundo, porque muestran que distintas metodologías producen diagnósticos distintos; y tercero, porque confirman —por si quedaba duda— que la pobreza se ha reducido en los últimos años.
Como se ha explicado en otros espacios, ninguna medición de pobreza es perfecta. Precisamente por eso, las distintas propuestas son útiles siempre que estén respaldadas por criterios conceptuales y técnicos rigurosos. Sin entrar en detalles excesivos, el MMIP destaca porque parte de una visión integral de la pobreza e incorpora dimensiones que suelen quedar fuera de las mediciones tradicionales, como el tiempo libre. Además, atiende una de las críticas más frecuentes a la ENIGH: el subreporte de ingresos. Para ello, utiliza factores de ajuste por tipo de fuente de ingreso que alinean los datos de la encuesta con las Cuentas Nacionales, sistema estadístico del INEGI que mide la actividad económica del país.
La metodología —diseñada por los académicos Araceli Damián y Julio Boltvinik— se estructura en tres dimensiones: ingresos monetarios, tiempo y Necesidades Básicas Insatisfechas (NBI). Esta última incluye ocho subdimensiones: energía doméstica, bienes durables, adecuaciones sanitarias, vivienda, salud, telecomunicaciones, seguridad social y educación. A ello se suma el uso de una línea de pobreza que incorpora costos diferenciados de bienes y servicios por edad y sexo, así como la distribución de los gastos dentro de los hogares.
Estas características, entre muchas otras, conducen a resultados distintos a los del INEGI. Aunque el estudio pone especial énfasis en la Ciudad de México, el Consejo publica estimaciones para todo el país. Bajo este enfoque, 72.2% de los hogares se encuentra en situación de pobreza, lo que equivale a 94.1 millones de personas. De ellas, 20.7% vive en pobreza extrema y 51.5% en pobreza moderada.
La dimensión más extendida es la pobreza de tiempo: 64.7% de la población la padece; 63.2% presenta al menos una necesidad básica insatisfecha y 46.7% enfrenta pobreza por ingresos. En términos simples, casi dos terceras partes de los mexicanos tienen tiempo muy limitado para el ocio y el cuidado personal, pues la mayor parte de su jornada se destina al trabajo remunerado, al trabajo doméstico y de cuidados, o a cubrir necesidades básicas de supervivencia.
A pesar de este panorama, los datos también confirman una reducción relevante de la pobreza en los últimos años. Entre 2018 y 2024, la pobreza total disminuyó 6.9 puntos porcentuales, lo que implica que alrededor de 3.8 millones de personas dejaron de ser pobres. Más notable aún es que cerca de 11 millones de personas salieron de la pobreza extrema. Aunque esta cifra es menor a la estimada por el INEGI (13.4 millones), no deja de ser significativa. La pobreza de tiempo también se redujo, aunque de manera más modesta, al pasar de 84.7 a 84.2 millones de personas.
Los hallazgos son muchos más y este texto no pretende ser un análisis exhaustivo del MMIP ni de sus resultados. Lo central es subrayar tres ideas: existen propuestas conceptuales y metodológicas rigurosas que suelen quedar fuera del debate público; la pobreza es un fenómeno mucho más complejo que el ingreso; y, aunque con limitaciones importantes, sí ha habido mejoras en las condiciones de vida de muchos mexicanos en los últimos años.
@isaaccruzpardo
15-01-2026