La presentación de los Pre-Criterios Generales de Política Económica 2027 la semana pasada confirman algo que ya se veía venir: México no entrará al grupo de las diez economías más grandes del mundo en 2030.
Después de cerrar 2025 con un crecimiento de 0.8%, la Secretaría de Hacienda mantiene sin cambios su expectativa para 2026, en el rango de 1.8 a 2.8%. Para 2027 es todavía más optimista, con un rango de 1.9 a 2.9%. Si el crecimiento del PIB durante estos años se ubicara en la media de estos intervalos, la economía mexicana se tendría que expandir 6.9% durante los últimos tres años del sexenio para aspirar a llegar al top diez económico en 2030.
No solo es poco probable; se antoja imposible. Como punto de comparación, las instituciones financieras y organismos internacionales estiman un crecimiento de 1.5% y 1.8% en 2026 y 2027, respectivamente.
Un objetivo más que no se cumple en México. Tal vez no amerite las ocho columnas de un periódico, pero el bajo crecimiento tiene implicaciones profundas en materia de finanzas públicas y de las posibilidades de inversión en infraestructura pública que detone, a su vez, una expansión de la economía del país.
Ahora, por la parte del gasto. Los Pre-Criterios contemplan una meta de reducción del déficit en su expresión más amplia (Requerimientos Financieros del Sector Público) para llegar a 4.1% en 2026 y 3.5% en 2027. Considerando que en 2025 el déficit cerró en 4.8%, el grado de ambición de estas metas es alto.
En el fondo, esto se puede alcanzar por dos vías: recortar gastos o incrementar ingresos. Una cuestión binaria. Desde el ángulo del gasto, el margen para recortar es cada vez más estrecho, derivado al gasto cada vez mayor en pensiones, programas sociales, participaciones a entidades, entre otros rubros. La respuesta en otros años ha sido recortar el presupuesto de nueva infraestructura. Sin embargo, esto es un error en la medida en que compromete posibilidades de detonar nueva actividad económica.
Es ilusorio pensar en un recorte de esa magnitud. Especialmente considerando que 2027 es un año electoral donde se renovará la totalidad de la Cámara de Diputados y se elegirán 17 gubernaturas.
Queda la cuestión de los ingresos. Los incrementos en la recaudación del SAT de los últimos años pronto dejarán de ser el vehículo para aumentar ingresos si no hay mayor crecimiento y/o no se amplía la base recaudatoria (algo políticamente inviable).
La respuesta para la sostenibilidad de largo plazo de las finanzas públicas y, en términos generales, para solventar los programas y políticas del Gobierno Federal es el crecimiento económico.
Ante este panorama, es difícil sobreestimar la relevancia de acelerar el despliegue de inversión pública y privada, especialmente considerando la caída de 1.1% en enero reportada por el INEGI. Para ello, el Plan de Inversión en Infraestructura necesita generar confianza entre inversionistas mediante proyectos bien estructurados, bancables, con contratos otorgados con procesos transparentes y competitivos. La iniciativa de ley para tipificar las nuevas figuras de inversiones mixtas va tarde en este sentido.
En este contexto, el verdadero reto no es tanto alcanzar una posición simbólica en el ranking de las economías más grandes del mundo, sino construir las condiciones para crecer de manera sostenida. Eso es lo importante. No es alquimia, pero se requiere compromiso y voluntad política.
@OscarOcampo
Publicado en Substack
08-04-2026