Este Mundial es el primero en llevarse a cabo en tres países, el primero que incluye a 48 países, con 63% más partidos que en la edición pasada, 104 frente a 64, y en el que se esperan 1.000 millones más de espectadores que en el de Catar. México, al ser una de las sedes, debería preguntarse si se está construyendo un legado turístico o tratando de sobrellevar el evento. La distinción importa porque los caminos llevan a destinos distintos. En uno, el país aprovecha el escaparate global más grande del planeta para posicionarse durante años. En el otro, se disfruta el evento, se vende todo lo que se pueda y, al terminarse los 13 partidos que le tocan, se vuelve exactamente al mismo lugar en el que se estaba.
La oportunidad es real, pero es distinta a las expectativas. Desde hace varios meses flotó en el ambiente —a partir de una mala interpretación de unas cifras publicadas por alojamientos de corta estancia— la idea de que llegarían al país cerca de 5,5 millones de visitantes para ver el Mundial. Las cifras reales nada tienen que ver con esos millones.
En la Copa Mundial de Brasil, de acuerdo con un estudio de Deloitte la asistencia total de visitantes fue 4,1 millones, concentrándose en el turismo local: 3,1 millones de locales y un millón de turistas extranjeros. Rusia en 2018 tuvo un total de 5,7 millones, de los cuales 2,8 fueron locales y 2,9 extranjeros. Catar en 2022 recibió 1,3 millones, 0,3 locales y un millón extranjeros. Con estos datos, pensar que México recibiría 5,5 millones, al ser anfitrión de solo 13 partidos, sonaba, al menos, ingenuo si no es que engañoso. Las expectativas, como suele suceder, determinan la mirada con la que se observa la realidad.
El mismo estudio de Deloitte calcula que el impacto económico total que tendrá el Mundial para México rondará cerca de los 2.730 millones de dólares, equivalente a 0,14% del PIB, generando 112.000 empleos temporales. El sector gastronómico podría crecer casi 30% en junio y julio en las ciudades sede. El alojamiento en Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey prevé tasas de ocupación que podrían superar el 80% durante los meses del torneo, por encima de los promedios históricos recientes.
Algunas cifras justifican la emoción, pero hay que verlas con cuidado. La programación de asientos en rutas aéreas hacia las ciudades sede para el periodo mayo-agosto de 2026 muestra crecimientos superiores al 5% tanto en rutas nacionales como internacionales, lo que indica que las aerolíneas están apostando por la demanda del Mundial. Las tres sedes —Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey— recibirán en conjunto más de 33 millones de asientos programados en rutas nacionales, un incremento significativo frente a 2025. Pero esto implica reducciones de frecuencias y de asientos en otras rutas.
El turismo no vive únicamente de quienes tienen boleto para el partido. Deloitte estima que alrededor de 4,2 millones de personas asistirán a los Fan Fests distribuidos en las tres ciudades sede: más de dos millones solo en el Zócalo capitalino, más de un millón en el Parque Fundidora de Monterrey y casi un millón en la Plaza Liberación de Guadalajara. Eso es economía del ambiente en su máxima expresión: gente que viaja por el “quiero estar donde se siente el Mundial”, y que consume durante 39 días seguidos. Los precios responden a esa demanda: 310 pesos una cerveza en la inauguración en el estadio y 180 en al menos uno de los Fan Fests. Si ese flujo se organiza bien, la derrama es ordenada y sostenida. Si se ignora, solo genera saturación.
La cifra más interesante, sin embargo, no es la del verano, sino la que viene después. Los datos históricos de mundiales anteriores muestran que el turismo internacional de los países anfitriones creció de forma acumulada más de 23% en los tres años posteriores al evento. Ese es el premio al que México puede aspirar, y es más valioso que el pico coyuntural de un junio lleno de aficionados.
Pero también hay datos que no son positivos. En el primer trimestre de 2026, seis de las diez rutas internacionales con mayor tráfico hacia México registraron caídas respecto al mismo periodo del año anterior. La situación se repite en las rutas domésticas, donde también seis de las diez más transitadas están en números rojos.
El problema se agudiza cuando se analiza el mercado que más importa. Estados Unidos es el principal origen de turistas internacionales para México, y la oferta de asientos programada desde ese país hacia todo el territorio nacional para mayo-agosto de 2026 muestra una reducción de 6,5% frente al año anterior. Cuando se focaliza en los destinos de playa —Cancún, Los Cabos, Puerto Vallarta—, la caída se vuelve alarmante: menos 17,7% en el caso del caribe mexicano, menos 31,9% en el caso de Puerto Vallarta.
Son números que no se explican únicamente por la sustitución que se hace por el efecto del Mundial; reflejan un deterioro real de la conectividad que responde a factores más complejos. Es decir, al mismo tiempo que México aspira a recibir visitantes mundialistas, está perdiendo asientos en las rutas que históricamente han sostenido su turismo internacional.
México llega al Mundial con activos extraordinarios: una gastronomía espectacular, ciudades vivas y diversas, cultura e identidad. Pero hay algo que sí puede echarse a perder con relativa facilidad: la ausencia de una estrategia de promoción turística robusta, articulada y con recursos suficientes. Desde 2019, México opera sin un organismo dedicado a la promoción turística internacional. En el año en que el mundo mirará al país con los ojos de miles de millones de personas, esa ausencia se siente.
México pudo aprovechar los años de antelación para hacer cambios duraderos en materia de infraestructura y conectividad, pero eligió no hacerlo. Ni el aeropuerto, ni el metro, ni los trenes elevados, ni las calles, ni el drenaje estuvieron listos. El Mundial es una campaña de imagen que empieza meses antes de la inauguración y cuyos efectos se extienden años después del partido final. Los países que han sabido capitalizarlo no son los que tuvieron el mejor estadio, sino los que aprovecharon el momento para hacer obras públicas con un pretexto inmejorable.
El turismo ha representado alrededor del 8,7% de la economía mexicana en los últimos tres años. Ese porcentaje podría crecer, pero no lo hará solo. ¿Será el Mundial una oportunidad pasajera o algo que se podrá aprovechar hacia adelante? Creo que ya sabemos la respuesta.
@ValeriaMoy
Publicado en El País.
08-06-2026
