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¿En qué se gasta el presupuesto para la igualdad de género en México?

Crédito: Cuartoscuro

María Romero, pasante de verano 2026

El presupuesto para la igualdad entre mujeres y hombres en México creció 263% en términos reales entre 2020 y 2025. A primera vista, es una buena noticia: más recursos, más prioridad, más compromiso. Pero un presupuesto que crece no es lo mismo que un presupuesto que cierra brechas. Si hay más recursos destinados a la igualdad, ¿por qué las brechas persisten?

Los anexos transversales permiten identificar, dentro del presupuesto federal, los recursos destinados a atender determinados grupos poblacionales y temas prioritarios. No son recursos adicionales, sino una forma de etiquetar cuánto del presupuesto existente se destina a cada objetivo. En particular, el Anexo 13 agrupa el presupuesto orientado a reducir la desigualdad entre mujeres y hombres. Esto importa porque pocas cosas reflejan mejor las prioridades reales de un gobierno que hacia dónde decide destinar sus recursos. 

El monto importa, pero la clave está en cómo se distribuyen esos recursos. El diseño del Anexo 13 permite que programas universales, sin un objetivo explícito para cerrar brechas de género, convivan con aquellos creados específicamente para hacerlo. En 2025, seis programas de la Secretaría de Bienestar concentraron 76.1% de todo el presupuesto del Anexo 13. Uno solo, la Pensión para el Bienestar de las Personas Adultas Mayores, representó 54 de cada 100 pesos del presupuesto total. Esto implica que más de la mitad del dinero etiquetado para la igualdad no tiene ese objetivo principal.

Un análisis del CIEP, con base en el índice desarrollado por la Red por una Política Fiscal Feminista, evaluó qué tan bien están diseñados los programas del anexo para cerrar brechas de género. El puntaje promedio del anexo es de apenas 29%. La Pensión para el Bienestar de las Personas Adultas Mayores, es el programa que recibe más recursos para la igualdad de género, apenas alcanza 23.3 de 100 puntos posibles en esta evaluación. El programa enfocado en refugios y atención a mujeres víctimas de violencia, 700 veces más chico, alcanza una evaluación de 76 de 100. Los programas mejor diseñados para cerrar brechas de género tienden a recibir menos dinero.

El dinero asignado a la igualdad enfrenta otro obstáculo, y es saber si realmente se gasta. Cada año, uno de cada cuatro programas del Anexo 13 no ejerce 70% del presupuesto que ya tenía aprobado, dinero que fue autorizado para un objetivo en específico pero que termina sin usarse. En política pública, cada peso que se planeó y no se gastó es una meta que no se cumplió.

A esto se suma que la mitad de los programas no logra mantenerse en el presupuesto para la igualdad de forma constante. De 129 programas que han sido etiquetados entre 2020 y 2025, 54% estuvo presente durante el periodo. Uno de cada cinco apareció una sola vez antes de desaparecer, fusionarse o cambiar de nombre. Un programa que aparece un año y desaparece al siguiente no alcanza a generar resultados sistémicos. Además, sin continuidad, tampoco hay forma de evaluar si el programa funciona. No solo importa cuánto dinero se etiqueta para la igualdad, también importa si ese dinero se ejecuta, y si el programa detrás de él tiene continuidad para lograr un objetivo a largo plazo.

Contar con un mecanismo que obligue al gobierno a identificar, año con año, cuánto invierte en cerrar la desigualdad entre mujeres y hombres es un punto de partida que muy pocos países en América Latina tienen. La pregunta no es si México debería seguir teniendo este anexo, sino qué necesita para que se empiecen a cerrar las brechas. En un país que todavía enfrenta desigualdades profundas entre mujeres y hombres, un presupuesto para la igualdad no deja de ser necesario. Pero tampoco puede considerarse suficiente si no funciona como debería.

 

Publicado en Substack.

29-09-2026