
El inicio de una nueva guerra en Medio Oriente nos recuerda que el vecindario importa. El cierre del estrecho de Ormuz y la subsecuente alza en los precios del petróleo y del gas natural licuado, así como el riesgo de un alza en el precio de los fertilizantes, ponen en el centro del debate la importancia de la seguridad energética regional y de la resiliencia de las cadenas de suministro.
Más de cuatro años después de la invasión de Rusia a Ucrania, las consecuencias del conflicto todavía afectan a Europa. La Unión Europea continúa sufriendo los estragos, con energéticos encarecidos, cadenas de suministro forzadas a reconfigurarse, y un gasto público en defensa elevado a costa de otras necesidades.
Más allá de lo geopolítico, ¿por qué la mirada de la competitividad es relevante, una vez más, a medida que se desenvuelve el conflicto armado?
Las conversaciones bilaterales entre México y Estados Unidos de cara a la primera revisión sexenal del Tratado México-Estados Unidos-Canadá (T-MEC) suceden en este entorno, donde América del Norte pareciera estar en la mejor ubicación posible, con abundancia energética –que va desde el gas natural más competitivo del mundo hasta un alto potencial en energías renovables como solar fotovoltaica y eólica–, complementariedad demográfica entre los tres países, un elevado nivel de integración logística y un instrumento trilateral que ofrece, todavía, certidumbre y predictibilidad para el comercio y la inversión.
En medio de un orden global fragmentado e instituciones internacionales cuestionadas, la certidumbre y la predictibilidad son dos bienes escasos. Las disrupciones que enfrentan otras regiones deberían servir como recordatorio de la importancia de preservar el instrumento que ha dado certidumbre al comercio de la región por más de tres décadas.
Entonces, ¿cómo llegamos a la mesa de negociación -o revisión, en este caso-? Para el lado mexicano, las dos principales prioridades son –entendiblemente– preservar el Tratado y eliminar los aranceles a vehículos ligeros, acero, aluminio y cobre, entre otros bienes, que impactan las exportaciones mexicanas a Estados Unidos. Sin embargo, México debe ir más allá de la postura defensiva: cosa distinta sería una estrategia que impulsara la reducción de barreras para el comercio y la inversión en la región más allá de los aranceles.
Una agenda que realmente incremente la competitividad regional tendría, desde mi punto de vista, tres componentes. En primer lugar, la revisión ofrece una ventana para incorporar disciplinas sobre sectores que no existían o no tenían la relevancia actual al momento de la negociación del T-MEC en 2017-18, como la inteligencia artificial, las energías renovables o los semiconductores. En el fondo, ese es el espíritu de la cláusula de revisión, una oportunidad para adaptar el Tratado a nuevas realidades, sin modificarlo sustancialmente. Incorporar mecanismos de cooperación y coordinación en estos sectores sería una buena manera de modernizar el instrumento.
En segundo lugar, está la reducción de las barreras no arancelarias que prevalecen en América del Norte. Eliminar los casos de dumping (cuando se acusa a una parte de exportar un producto a un precio artificialmente bajo) entre los tres socios norteamericanos, por ejemplo, o adquirir un compromiso de evitar el uso de medidas sanitarias y fitosanitarias para fines proteccionistas.
Finalmente, está el nada insignificante “factor China”. En medio de la disputa entre la segunda mayor economía mundial y Estados Unidos por el liderazgo económico y comercial, la integración de América del Norte adquiere una relevancia mayor. Para Washington, contar con cadenas de suministro regionales resilientes es una forma de reducir vulnerabilidades. Esto es especialmente importante para garantizar el acceso a minerales críticos, insumos esenciales en sectores como semiconductores, baterías e inteligencia artificial.
El reto para el gobierno mexicano será convencer en Washington de que el país es un socio y aliado confiable para fortalecer las cadenas regionales de valor. Preservar el T-MEC es, ante todo, una apuesta por la certidumbre y la predictibilidad de América del Norte en un entorno global cada vez más fragmentado e incierto. Ojalá sepamos navegarlo con éxito.
@OscarOcampo
Publicado en Substack
18-03-2026