
México pasó de tener una mujer por cada diez estudiantes universitarios en 1950 a que hoy ellas representan más de la mitad de la matrícula, de tres mil alumnas entonces a casi tres millones en 2024.
El gran cambio en el acceso de las mujeres a la educación fue producto de una expansión educativa sin precedentes, impulsada por el gobierno en la década de los setenta. El Estado respondió a una población joven con alta demanda educativa. En este periodo se fundó la UAM, se multiplicaron los Institutos Tecnológicos Regionales y se amplió el presupuesto para impulsar las universidades autónomas estatales. La matrícula general en la educación superior creció 3.5 veces, mientras que la matrícula de mujeres lo hizo seis veces, siendo el primer empujón para cerrar la brecha.
Pero la expansión de la oferta educativa no fue la única variable que permitió un mayor número de mujeres universitarias. Dos factores explican que hoy 53% de la matrícula sean mujeres Primero, el acceso a anticonceptivos permitió a millones de mujeres retrasar la maternidad hasta una década. Este mismo acceso contribuyó a reducir el embarazo adolescente a la mitad en seis décadas, de 129 a 60 nacimientos por cada mil adolescentes de 15 a 19 años, derivando en que más jóvenes continuaran su educación. Segundo, más mujeres tienen la posibilidad de acceder a la universidad gracias a que presentan una mayor tasa de egreso en bachillerato.
Sin embargo, llegar a la universidad no significa llegar en igualdad de condiciones. Pese a que las mujeres representan más de la mitad de la matrícula universitaria, se concentran en carreras vinculadas al cuidado y la docencia, que ofrecen menores ingresos. En formación docente de preescolar, por ejemplo, representan 97% de la matrícula. En cambio, dos de cada 100 mujeres eligen carreras STEM (Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas, por sus siglas en inglés), pese a que quienes lo hacen ganan hasta 45% más que el promedio de las mujeres ocupadas y tienen menor probabilidad de emplearse en la informalidad.
La concentración de mujeres en carreras de cuidados y docencia se traduce en condiciones laborales más desiguales. Entre las mujeres que tienen al menos licenciatura, 65% participa en la economía frente a 83% de los hombres, y sus ingresos son en promedio 22% menos. Fomentar que más mujeres opten por disciplinas con alta demanda laboral, como las áreas STEM, podría ser un factor clave para reducir esta brecha.
La buena noticia es que cambiar esta distribución no es imposible. La evidencia muestra que reorientar la matrícula hacia áreas de ciencia e ingeniería es posible. El sector público mexicano lo logró entre 1997 y 2009, creando instituciones tecnológicas y canalizando inversión hacia ese subsistema, logrando un aumento de matrícula para este tipo de carreras. Sin embargo, este éxito fue marcadamente desigual por género, siendo insuficiente para atraer a más mujeres hacia estas áreas.
La historia de las mujeres en la universidad mexicana es una historia de éxito, pero que aún no ha tenido su desenlace. Mientras las mujeres sigan concentradas en los campos de menor remuneración y el mercado laboral no genere las condiciones para que participen en igualdad, los beneficios de la educación superior seguirán siendo una promesa a medias.
Sebastián Corona y Sherlyn Muñoz
Vía Substack
11-03-2026