FOTO: GABRIELA PÉREZ MONTIEL / CUARTOSCURO.COM
A poco más de un mes de la presentación del Paquete Económico 2026, los indicadores más recientes de las finanzas públicas revelan que, a pesar de los anuncios recientes en el marco del Plan México, la inversión pública sigue sin repuntar.
Al cierre del primer semestre de 2026 la inversión del sector público se redujo 7.9% y se ubicó en 382.7 mil millones de pesos, principalmente a causa de una caída de 27.3% en el sector hidrocarburos. Sin Pemex, se observa un incremento de 2.9%, insuficiente después de un 2025 con niveles históricamente bajos de inversión pública.
Se ha vuelto una verdad de Perogrullo afirmar que la debilidad de las finanzas públicas mexicanas ha dejado de ser algo coyuntural para convertirse en algo estructural. Los datos son contundentes: los ingresos crecen 0.1% mientras que el gasto aumenta 2.1%. Se antoja complicado alcanzar el objetivo de cerrar el año con un déficit en su expresión más amplia de 4.1%. Ante este panorama, es difícil incrementar de manera sustantiva la inversión del Gobierno Federal.
El problema de fondo no es si se alcanza o no la meta de reducción de déficit, sino encontrar un camino hacia la sostenibilidad de largo plazo de la hacienda pública. Eso solo pasa por el crecimiento económico. La estimación oportuna del PIB al segundo trimestre de 2026, con una tasa trimestral de 1.5%, es un aliciente frente a la desaceleración observada recientemente, pero no refleja un cambio estructural en la trayectoria del país.
¿Cómo crecer? El primer paso es invertir. ¿Por qué importa la inversión pública? Porque facilita el despliegue de inversión privada, al desarrollar infraestructura como carreteras, vías férreas de carga o redes eléctricas, precursores indispensables para la actividad industrial.
Pemex, ese gran elefante en la habitación de las finanzas públicas en México, es una de las razones que restringen la inversión en otros rubros. La política de apoyos a la empresa ha costado 1.8 billones de pesos desde su inicio en 2019, sin contar los ahorros de la empresa por una menor carga fiscal. Después de recibir 396 mil millones de pesos el año pasado, en lo que va de 2026 la petrolera del Estado se ha beneficiado de 100.4 mil millones de pesos en inyecciones de capital del Gobierno Federal.
A pesar del objetivo de que sea financieramente independiente del Estado a partir de 2027, las pérdidas acumuladas de casi 28 mil millones de pesos –en un entorno global donde los grandes operadores petroleros disfrutan la bonanza del alto precio internacional del crudo– indican que la meta se ve lejana.
¿Se mantendrá firme la apuesta de que a partir de 2027 Pemex navegue por su cuenta? La respuesta la tendremos en unos días cuando se presente el Paquete Económico. La pregunta central en este momento es si el costo de oportunidad de esos 100.4 mil millones de pesos realmente lo vale.
Esa discusión es particularmente relevante en este momento, cuando la revolución de la inteligencia artificial y los centros de datos al otro lado de la frontera ofrecen una oportunidad relevante para México. En 2025, el país representó 25% de las importaciones relacionadas con inteligencia artificial que hizo Estados Unidos. Únicamente Taiwán tiene una participación equiparable.
Ampliar esa participación con mayor contenido nacional requiere acelerar la ejecución de proyectos de infraestructura que permitan atraer inversión privada en este sector. Dos ejemplos de ello son la transmisión y distribución eléctrica y la infraestructura hídrica, cuellos de botella para las inversiones relacionadas con las industrias de vanguardia.
Durante los últimos años la inversión en ambos rubros ha sido insuficiente, mientras se destinan recursos a una empresa cuyos pasivos casi duplican sus activos. En el fondo, se trata de una conversación sobre el modelo de desarrollo del país. Solo apostando por la inversión en sectores de valor agregado se detonará el crecimiento económico que requieren unas finanzas públicas sostenibles.
@OscarOcampo
Publicado en Substack
05-08-2026
