
Estamos a unos días de terminar un ciclo escolar más. Es la época dzel año en la que los niños y niñas guardan los libros y las mochilas para disfrutar del verano. Aunque el calendario oficial contempla seis semanas de vacaciones, para muchas familias este periodo puede extenderse hasta diez semanas debido a cierres anticipados del ciclo escolar. Mientras las aulas permanecen cerradas, ¿quién cuida a los más de 23.3 millones de niños y niñas que asisten a la educación básica en México?
En el país, la principal infraestructura de cuidados son las escuelas. Un esfuerzo del entonces Inmujeres (ahora Secretaría de las Mujeres), El Colegio de México y ONU Mujeres por elaborar el primer Mapa de Cuidados identifica un total de 94,931 establecimientos a nivel nacional. De ellos, 91% brinda atención a la población infantil y corresponde, principalmente, a planteles de preescolar y primaria. El 9% restante atiende a personas mayores o con discapacidad.
La existencia de escuelas no implica que las necesidades de cuidado de las familias estén cubiertas. La cobertura educativa entre niños, niñas y adolescentes de 6 a 17 años alcanza 92%, pero solo 5% de ellos asiste a una escuela con horario extendido, según la Encuesta Nacional para el Sistema de Cuidados (ENASIC) del INEGI. Entre la población de 0 a 5 años, que comprende la educación inicial y preescolar, la cobertura cae drásticamente a 45%. A ello se suma que el horario regular de las primarias públicas suele ser de 8:00 a 12:30 horas en el turno matutino o de 13:30 a 18:00 horas en el vespertino. La pregunta es inevitable, ¿qué empleos son compatibles con jornadas escolares de cuatro horas y media?
Los resultados de Estados #ConLupaDeGénero 2026 del IMCO muestran que esta desigualdad persiste en todo el país. La oferta institucional de cuidados para la primera infancia sigue siendo limitada. Ni siquiera Colima, la entidad con mayor cobertura, logra atender a la mitad de la población de 0 a 5 años. En el otro extremo, Quintana Roo apenas alcanza una cobertura de 30%. Al mismo tiempo, aunque 17 estados redujeron la desigualdad en el trabajo no remunerado entre mujeres y hombres, ellas todavía destinan, en promedio, 58% más tiempo que ellos a estas actividades. Porcentaje que supera 60% en estados como Guanajuato y Chiapas.
Los datos anteriores permiten dimensionar la importancia del sistema educativo para los cuidados, con todos los retos que ello implica. Cuando la jornada escolar termina al mediodía o las clases se suspenden por consejos técnicos, fenómenos climáticos, violencia, manifestaciones de docentes o incluso el Mundial, la organización de los cuidados vuelve a recaer en las familias. Pero, ¿quién puede reorganizar su jornada laboral cada vez que esto ocurre y, sobre todo, quién termina haciéndolo?
En la práctica, la respuesta sigue siendo la misma de siempre: las familias y, dentro de ellas, principalmente las mujeres. Muchas recurren a redes familiares o de apoyo, otras pagan cursos de verano o servicios privados de cuidado. Quienes no cuentan con estas alternativas reducen su jornada laboral, solicitan permisos o abandonan temporalmente el mercado de trabajo. Las vacaciones escolares acentúan un problema que existe durante todo el año, la oferta de cuidados es insuficiente y continúa descansando en los hogares.
Más allá de su función educativa, la escuela es una pieza clave de la infraestructura de cuidados del país. Su existencia permite que millones de madres y padres puedan incorporarse y permanecer en el mercado laboral. Escuelas de tiempo completo, servicios de cuidado para la primera infancia y programas vacacionales accesibles son políticas que rebasan el ámbito educativo. Son una inversión que permite liberar tiempo para tener un empleo, fortalecer la autonomía económica de las mujeres e impulsar la competitividad del país.
@fergarciaas
Publicado en El Economista.
08-07-2026