Artículo
Consecuencia insospechada
Sin embargo, el optimismo desmesurado es un vicio conductual de los tontos. Las soluciones a los problemas del siglo pasado se han convertido en los desafíos y los dolores de cabeza del presente. En 1997, cuando el PRI perdió la mayoría absoluta en la Cámara de Diputados, los legisladores del PAN y el PRD asumieron un reclamo justo de aquel momento histórico: los gobernadores estatales no tenían dinero. La abundancia o bancarrota de las arcas estatales dependía de un guiño presidencial y del visto bueno de la burocracia federal. La construcción de una magna obra de infraestructura en alguna entidad de la República dependía de las gestiones, ruegos y antesalas que hiciera su respectivo gobernador. La discrecionalidad y falta de transparencia del gobierno federal con las autoridades estatales provocó una rebelión federalista. Parafraseando a Joaquín Pardavé, en una película que dirigió Julio Bracho: Qué tiempos aquellos, Señor Don Simón, en que los gobernadores no tenían dinero. El surgimiento de una República de virreinatos fue una consecuencia insospechada de la exigencia de que el presidente de la República empezara a rendir cuentas.