Artículo

Trump también quiere la Fed

FOTO: PEXELS

La autonomía de los bancos centrales no es un capricho tecnocrático ni un lujo institucional. Es una condición necesaria para que la política monetaria cumpla su función principal: la de preservar el poder adquisitivo de la moneda. Puesto de otra forma, la autonomía e independencia de los bancos centrales sirven para aislar las decisiones monetarias ?cantidad de dinero y tasas de interés? de los calendarios electorales y del humor de los presidentes en turno.

Por eso preocupa el renovado ataque de Trump contra Jerome Powell, presidente de la Reserva Federal. Powell ingresó a la Junta de Gobierno de la Fed en mayo de 2012. En febrero de 2018 se convirtió en su presidente habiendo sido nominado por el entonces presidente Trump y ratificado por el Senado. Trump criticó bastante rápido a su designado. En julio del mismo año, Trump manifestó su molestia con Powell por su ciclo de subida de tasas, argumentando que eso frenaría la economía.

Hoy, de vuelta en la escena política y envalentonado, el discurso y la afrenta de Trump se intensifican. La tentación es evidente. Influir o francamente controlar al banco central abre la puerta a una política monetaria más laxa, tasas más bajas y un impulso artificial a la economía. El problema viene después. Eventualmente traerá inflación, pérdida de credibilidad y mayor volatilidad financiera.

Este fin de semana la disputa pasó de las palabras a una escalada institucional sin precedentes. Se abrió una investigación criminal frente a Powell por la remodelación de las oficinas de la Reserva Federal en Washington, argumentando que el presidente de la Fed había mentido al Congreso en junio sobre la escala del proyecto.

Contrario a la sobriedad habitual de las comunicaciones de la Fed, Powell dio un mensaje el domingo diciendo que la remodelación es un pretexto y que lo que el presidente quiere en realidad es injerencia en las decisiones monetarias del banco, socavando su independencia. Los mercados financieros globales están escuchando con atención.

La independencia de la Reserva Federal implica que, dentro de un mandato claro ¿pleno empleo y estabilidad de precios? , las decisiones se toman con base en datos, análisis y horizontes de mediano plazo, pero no deberían ¿ni en la Fed ni en ningún otro banco central? basarse en consignas políticas. No se trata de la infalibilidad de Powell o de cualquier otro presidente o gobernador de un banco central. Se trata de hacer lo que esa persona, con evidencia, análisis y técnica, considere mejor para la economía, incluso si eso resulta impopular.

Trump tiene otra lectura. Ha cuestionado abiertamente la postura de la Fed e insistido en que las tasas deberían de ser más bajas. El mensaje es inequívoco: la política monetaria también es parte del botín político.

El perfil del candidato que suceda a Powell, cuyo cargo termina en mayo, será clave; no solo por su visión sobre inflación y tasas, sino por su disposición ¿o resistencia? a las presiones políticas.

La discusión no es menor ni ajena a otros países. En América Latina sabemos bien lo que ocurre cuando los bancos centrales se convierten en extensiones del poder político. Inflación persistente, devaluaciones crisis de confianza. Por eso la autonomía no debería negociarse ni relativizarse.

Trump también quiere la Fed. La pregunta es si las instituciones estadounidenses resistirán la presión. Hasta ahora lo han hecho. Pero la autonomía, como la credibilidad, se construye lentamente y se pierde rápido. Defenderla no es un asunto ideológico, sino económico. Y, sobre todo, de sentido común.

@ValeriaMoy

Publicado en El Universal

13-01-2026