Un buen trimestre

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El tercero del año fue un buen trimestre en lo que a materia económica se refiere. Después de dos años en los que la economía mexicana apenas se movió, el dato que publicó ayer el INEGI amerita ser destacado. Según la estimación oportuna, en 20 días conoceremos la cifra definitiva; el PIB creció 0,9% entre julio y septiembre respecto a los tres meses previos. Frente al mismo trimestre del año pasado, el crecimiento se nota más, 3,2%, el más alto desde el tercer trimestre de 2023. Superó lo que se anticipaba, que giraba en torno al 0,7%. Quienes señalamos con frecuencia el estancamiento de la economía mexicana también tenemos la obligación de señalar cuando las cosas salen mejor.

Sin embargo, conviene leer los números completos, no únicamente el titular.P

rimero lo bueno. El crecimiento fue generalizado entre los tres grupos de actividades. En la variación trimestral, las actividades primarias fueron las únicas que retrocedieron 0,4%. Las secundarias, pensemos en la industria de la transformación, incluyendo manufacturas, construcción y minería, crecieron 0,8%. Las terciarias, donde se concentra la mayor parte de la actividad productiva del país, avanzaron 1,1% en el trimestre. En el acumulado de enero a septiembre, la economía habría crecido 1,8%, frente a un magro crecimiento de 0,1% en el mismo periodo del año pasado.

En segundo lugar, el trimestre confirma que lo ocurrido entre abril y junio no fue solamente una observación aislada, sino que podría ser el inicio de un cambio de tendencia. Después de una caída de 0,3% en el primer trimestre, la economía creció 1,4% en el segundo y 0,9% en el tercero. Son dos trimestres consecutivos de buen crecimiento. Podría empezar a parecerse a una recuperación.

Pero hay que tomar los datos siempre con cautela. El principal motor de la economía mexicana en este momento son las exportaciones, en particular las de equipo de cómputo. La enorme inversión de Estados Unidos en centros de datos para la inteligencia artificial, junto con una posición arancelaria relativa favorable para México, ha permitido el despegue de las exportaciones de esos equipos. La industria automotriz, que se ha visto fuertemente afectada por los aranceles, mostró una ligera mejoría en los últimos datos disponibles. El comercio exterior se ha disparado. Las exportaciones hasta septiembre habían sumado 627.194,2 millones de dólares, es decir, exportamos aproximadamente 96 mil millones de dólares por hora.

La inversión pública empieza a moverse. Se ha recuperado después de un periodo de recortes y empieza a impulsar la construcción de obras de ingeniería civil. Si esas obras están bien realizadas y dirigidas a proyectos con rendimientos positivos, podrán generar efectos multiplicadores en la economía en el corto plazo y aumentar la capacidad productiva en el largo. Hay señales también de que la inversión privada empieza a despertar en un entorno de tasas de interés reales más bajas.

No sorprende entonces que varias instituciones estén ajustando al alza sus pronósticos de crecimiento, llegando algunas a coincidir con el escenario de la Secretaría de Hacienda, 2%, para todo 2026.

Como siempre, hay que tomar las noticias con algunos granos de sal.

El trimestre terminó con menos dinamismo que con el que empezó. Todo parece indicar que la actividad económica en septiembre habría caído cerca de 0,5%, después de crecer 0,6% en agosto. Podría ser más débil de lo que anticipaba el indicador oportuno del INEGI. Un mal mes no define una tendencia, pero podría complicar lo que resta del año.

La mejoría tampoco es homogénea. Buena parte de las manufacturas y algunos servicios, como el turismo, siguen débiles. La minería se ha desacelerado de forma significativa en los últimos meses. El consumo privado ha perdido impulso y, en particular, el gasto en bienes producidos en México sigue sin repuntar, en parte por la fortaleza del tipo de cambio (a pesar de la depreciación de las semanas recientes). La recuperación de la inversión privada aún no se consolida. En julio, el último dato disponible, creció 5,9% en su comparación anual, su mayor avance en 30 meses. Sin embargo, la inversión privada no residencial, la que se traduce en mayor capacidad productiva -plantas industriales, fábricas, maquinaria y equipo-, sigue débil en el acumulado del año. El repunte que se vio ese mes en maquinaria fue básicamente de bienes importados. Nótese que se refiere a julio; la fortaleza del peso en ese momento debe haber sido determinante. La inversión privada de hoy determina cuánto podremos crecer mañana. Mientras esa no despegue, el crecimiento de hoy se sostiene en cimientos frágiles.

Además, el motor de crecimiento más importante actualmente no está bajo control del país. Depende de que Estados Unidos siga invirtiendo a un ritmo acelerado en inteligencia artificial y de que México conserve la ventaja arancelaria. Hoy, esos bienes que estamos exportando destinados a esa industria provienen de otros países, es decir, los importamos, les agregamos un poco de valor –como el ensamblaje y el empaquetado– y los sacamos hacia Estados Unidos. El valor que agregamos puede ser fácilmente sustituido en otro país y ese es un riesgo que debemos tener presente. Mientras no demos un paso más allá para agregar más valor, ese riesgo estará presente.

Aun con este repunte, México seguiría creciendo menos que Estados Unidos, que América Latina y que el mundo en su conjunto. Crecer 2% es mejor que crecer 1%, no cabe duda. Pero no alcanza para cerrar brechas, para absorber más población al mercado laboral formal, ni para reducir de forma estructural la pobreza.

¿Qué hacer para que un buen trimestre se convierta en una buena década?

Lo primero es convertir la oportunidad en inversión privada. La demanda de Estados Unidos ya está ahí; lo que falta es que las empresas decidan instalar aquí la capacidad para atenderla. Eso exige certeza y un entorno de seguridad que permita operar sin pagar costos extraordinarios. Ningún incentivo fiscal compensa la incertidumbre jurídica.

Lo segundo es resolver los cuellos de botella. Los centros de datos, la manufactura avanzada y la industria automotriz necesitan electricidad suficiente, confiable y limpia, además de agua, transporte y conectividad. Sin inversión en generación y transmisión eléctrica, que requiere la participación privada, el auge exportador chocará tarde o temprano con un límite físico.

Lo tercero es aprovechar la revisión del T-MEC para dar certidumbre de largo plazo. La ventaja arancelaria de México es valiosa, pero solo si los inversionistas creen que va a durar. Cerrar la revisión con un acuerdo sólido vale más que cualquier campaña de promoción.

Lo cuarto es aumentar el contenido nacional de lo que exportamos. Hoy, buena parte del valor de la manufactura de exportación proviene de insumos importados. Si el auge de la inteligencia artificial se limita a ensamblar en México componentes fabricados en otros lugares, el beneficio para la economía será acotado. Desarrollar proveedores locales, invertir en capital humano técnico y fortalecer los vínculos entre las grandes empresas exportadoras y las pequeñas y medianas es la manera de que el crecimiento llegue más allá de unos cuantos sectores y regiones.

No hay que confundir el dato con el mérito. Es tentador adjudicarse los buenos números. Pero si el crecimiento de este trimestre se explica sobre todo por la demanda estadounidense de equipo de cómputo, el diagnóstico correcto no es que la estrategia económica funciona, sino que tenemos una oportunidad que todavía no hemos sabido capturar del todo.

Fue un buen trimestre. Hay que reconocerlo. Lo verdaderamente difícil viene ahora: lograr que no sea solo un buen trimestre.

@ValeriaMoy

02-11-2026

Publicado en El País