Opinión

Un vistazo al futuro

FOTO: CRISANTA ESPINOSA AGUILAR/CUARTOSCURO.COM

¿Qué tanta adopción tenemos en México de la Inteligencia Artificial? Más allá de usarla para fines sencillos, ¿se utiliza para optimizar procesos, para diagnosticar enfermedades, para garantizar suministros médicos o para ajustar cadenas de suministro? Tengo la impresión de que mientras en el país seguimos debatiendo si ésta debe ser regulada por una nueva comisión, en Dalian, China, más de 1,800 líderes de noventa países acaban de cerrar tres días de conversaciones que deberían al menos obligarnos a voltear a ver lo que el mundo está haciendo para diseñar el futuro.

El Summer Davos -el Davos de verano-, técnicamente la 17ª Reunión Anual de los Nuevos Campeones del Foro Económico Mundial concluyó el jueves pasado con un mensaje que se puede resumir en una sola oración: la carrera ya no es entre quién inventa la tecnología, sino entre quién la despliega más rápido y a mayor escala. Y esa distinción sutil, lo cambia todo.

El discurso inaugural del Premier Li Qiang puso sobre la mesa una visión de Estado que no tiene equivalente en nuestra región. China, dijo, espera aportar más de un cuarto del crecimiento real del PIB mundial en 2026. Pero en esta ocasión no es el PIB lo que importa, es la propuesta de negocio para el mundo. No deja de llamar la atención que China sea ahora el país que llame a la apertura, el que dé la bienvenida al talento y que acoja cuánta inversión quiera llegar. La frase que más circuló en los pasillos fue la de la llamada “China Opportunity 2.0”: una apuesta por la cooperación tecnológica global que, según el premier, significa acceso más amplio a tecnologías avanzadas y beneficios de desarrollo más compartidos. China ya quiere ser la fábrica del mundo. Quiere ser su laboratorio invirtiendo como nunca en investigación y desarrollo.

El giro no es retórico. Es el primer año del 15º Plan Quinquenal chino, que apuesta con toda claridad por la innovación como motor de crecimiento, la manufactura de alto valor y la transición energética. En el foro se presentó un informe sobre la transformación industrial del país, con rutas concretas hacia la digitalización, la descarbonización y la integración de cadenas de valor.

El tema central de las tres jornadas fue la inteligencia artificial, pero pensando la IA como infraestructura nacional, como palanca de productividad industrial y como terreno de disputa geopolítica. La conclusión más repetida fue que la tecnología ya está lista para seguir evolucionando. El problema son las organizaciones y los países que no lo están.

La sesión “Factories that Learn” mostró una nueva generación de fábricas que integran IA y analítica en tiempo real para optimizarse solas, reducir emisiones y responder a disrupciones en la cadena de suministro. Las voces en el foro coincidieron en un punto que hay que considerar: la IA no reemplaza al humano, lo amplifica. “Las personas son el propósito”, dijo un directivo. El objetivo no es una fábrica sin gente; es una fábrica donde la gente pueda hacer cosas que antes eran imposibles.

Lejos de las narrativas apocalípticas del desempleo masivo, el foro propuso un paradigma de “aumentación humana”. El desempleo no viene de la IA, fue la conclusión en varias mesas. Viene de la brecha de habilidades. El trabajador del futuro no compite contra la máquina: trabaja con ella. Pero eso requiere inversión en formación, tiempo y voluntad política. Tres cosas que no se improvisan.

También se habló de los límites. Solo 25% de las organizaciones globales han logrado llevar sus pilotos de IA a una fase de producción escalable. El resto está atrapado en lo que algunos llamaron “purgatorio de pilotos”: experimentos que nunca maduran, frenados por deuda técnica, datos fragmentados que no pueden explotarse y ausencia de estrategia. La ventaja competitiva, en este nuevo mapa, no será para quien descubra primero, sino para quien despliegue más rápido y con mayor coherencia.

Un tercer eje del debate fue la soberanía. Las economías emergentes pusieron sobre la mesa algo que en México deberíamos repetir más seguido: no podemos seguir siendo consumidores pasivos de modelos de lenguaje entrenados con datos que no son nuestros, en infraestructura que no controlamos.

El debate sobre inteligencia artificial en México está muchos pasos atrás del que se tuvo esta semana en Dalian. No porque no haya talento ni ideas, sino porque la conversación pública está atascada en otro nivel.

En Dalian se debatió cómo escalar la adopción industrial de la IA en manufactura, energía y biotecnología médica. Mientras que en algunos países la adopción de IA ya trae partidas presupuestales, calendarios y métricas de adopción, en México la conversación más reciente sobre IA en el Congreso giró alrededor de si los deepfakes en campañas electorales deben etiquetarse. Importante. Urgente, incluso. Pero insuficiente.

La revista WIRED publicó en marzo un artículo con un título provocador: “El gobierno mexicano ya usa la inteligencia artificial, pero no hay normas ni estrategia”. Lo usamos, pero sin reglas.

El índice de gobernanza de IA en México está en 36 puntos, frente a un promedio regional latinoamericano de 71. Mientras tanto, el mercado de IA en el país podría pasar de 450 millones de dólares en 2025 a más de 65,000 millones en 2030. La pregunta no es si ese crecimiento va a ocurrir, sino si México va a participar en él como actor o como mercado de alguien más.

El Summer Davos 2026 no fue una reunión de optimistas ingenuos. Fue una conversación entre países y empresas que están tomando decisiones difíciles y ahora comparan notas sobre cómo implementarlas. El foro cerró con una convocatoria explícita: hacen falta marcos de inversión correctos, políticas públicas que acompañen la velocidad de la innovación, y cooperación internacional que evite que la fragmentación geopolítica destruya el potencial de tecnologías que, por naturaleza, son globales.

México tiene todo para estar en esa conversación. Tiene ingenieros, tiene una posición geográfica que el mundo entero envidia, y podría tener -de decidirlo- una transición energética que sería terreno fértil para exactamente el tipo de innovación que se discutió en Dalian. Pero ninguna de esas ventajas se activa sola. Lo que falta no es tecnología. Lo que falta es decisión.

@ValeriaMoy

Publicado en El País

28-06-2026