Opinión

Cobrar peaje en Ormuz

Lo de Trump es delirante. Pasa por los desplantes egocéntricos como querer salir en la foto celebrando con el equipo español su triunfo en el Mundial hasta el deseo de ser el principal protagonista en el escenario internacional.

La semana pasada, en plena escalada militar con Irán, Donald Trump anunció que Estados Unidos se convertiría en “el guardián del estrecho de Ormuz” y cobraría una tarifa de 20% sobre toda la carga que transitara por ahí. Como si el estrecho, a más de 12 mil kms de Estados Unidos, le perteneciera. Un día después hizo lo obvio, dio marcha atrás y la cambió por promesa vaga de que los países del Golfo harían “acuerdos de inversión” en Estados Unidos.

El anuncio original dice mucho sobre cómo intenta reescribir el orden comercial internacional a punta de posts en redes sociales.

Un peaje del 20% no es un detalle menor: para un petrolero típico habría representado más de 30 millones de dólares adicionales por trayecto, y hasta 16 dólares extra por barril de crudo. Es un impuesto al comercio mundial cobrado por un país sin soberanía sobre esas aguas. Por no hablar siquiera de que no está permitido.

Ormuz es un estrecho compartido entre Irán y Omán, protegido por el derecho de paso en tránsito de la Convención de Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar. Ese derecho existe para que ningún país, tenga o no presencia naval ahí, convierta una vía de navegación internacional en una caseta de cobro. La propia administración Trump llevaba meses calificando de “ilegal” cualquier intento iraní de cobrar por el paso, e incluso amenazó con sancionar a Omán si ayudaba a Teherán a montar un esquema similar. El peaje anunciado el lunes era, en la práctica, el mismo esquema que Washington llevaba meses condenando, solo que con otra bandera.

Las navieras calificaron la idea fundamentalmente equivocada, sin importar qué país la impusiera. Y los números ya hablaban antes de la reversa: el tráfico por el estrecho cayó de 37 embarcaciones en una semana a apenas 14, según datos de Kpler. Un peaje no habría “abierto” el estrecho; lo habría vaciado más.

Irán llevaba semanas cobrando, de facto, un peaje propio a cambio de “paso seguro” tras minar parte del estrecho. EU denunció esa práctica como ilegal. Cuando Trump propuso su 20%, el canciller iraní Abbas Araghchi respondió, con ironía evidente, que el presidente tenía toda la razón: quien garantiza el paso seguro merece ser compensado.

Estados Unidos pasó, en horas, de acusar a Irán de piratería regulatoria a proponer el mismo modelo de negocio, en una escala mucho mayor.

La libertad de navegación ha sostenido el comercio marítimo global desde la posguerra precisamente porque se trata como bien público. Cobrar por ella rompe ese acuerdo tácito y los mercados responden: Dubái negocia un puerto alterno en Fujaira, y Goldman Sachs estima que hasta 45% de las exportaciones de la región podría quedar aislado del estrecho para 2027 vía oleoductos.

El peaje del 20% duró poco, pero el mensaje que dejó —que las reglas pueden ser determinadas unilateralmente según le convenga al presidente de Estados Unidos— probablemente sobreviva. Ese mensaje lo tendríamos que oír en México fuerte y claro.

@ValeriaMoy

Publicado en El Universal.

21-07-2026