
FOTO: CAROLINA JIMÉNEZ/CUARTOSCURO.COM
Cualquiera diría que apenas nos enteramos de que México será sede del Mundial. El aeropuerto de la Ciudad de México sigue sin estar listo y las vías de comunicación de las tres ciudades donde habrá partidos son, siendo amable, un desastre. Pero más allá de los temas logísticos, preocupantes en sí mismos por la falta absoluta de planeación, la semana pasada vimos el inicio de una cadena de improvisaciones que dejan en claro cuánto se valora la educación en México.
El jueves, mediante un anuncio en redes sociales y con un tono jubiloso y alegre, el secretario de Educación nos informó que el ciclo escolar terminaría cinco semanas y media antes de lo previsto por el calor y por el Mundial. El viernes, la presidenta dijo que era solo una propuesta. El fin de semana se decidiría. El lunes empezó con reuniones y por la tarde el Consejo Nacional de Autoridades Educativas -Conaedu-, anunciaba que el calendario escolar se mantendría sin cambios, hasta el 15 de julio como estaba previsto. Ese Consejo, que reúne a los 32 secretarios de Educación de las entidades con la SEP, acompañó al secretario el jueves del anuncio. El jueves a favor de cortar el ciclo escolar, el lunes a favor de mantenerlo como estaba.
En pocos días quedó transparentada la improvisación total que existe hacia la política más importante en materia de desarrollo de cualquier país.
Mientras esto sucede, hay datos preocupantes. En la prueba PISA 2022, México se ubicó en lugar 35 de los 37 países miembros de la OCDE. El puntaje promedio de esos países fue 478, el de México fue 407. México es el tercer país peor evaluado en esa prueba en Matemáticas y Comprensión Lectora y ocupa el último lugar en Ciencias.
La ENIGH más reciente muestra que 24.2 millones de personas presentan rezago educativo, 18.6% de la población. Las entidades con mayor rezago son Chiapas, Oaxaca y Guerrero.
Cantidad no es sinónimo de calidad. Más horas de clase no garantizan ni mejores resultados académicos ni procesos de aprendizaje sólidos. De los países de la OCDE, México está en el lugar 17 en horas de escuela, pero las diferencias entre países son abismales. México destina 4,560 horas de clase al año. Dinamarca, 7,000. Alemania, 2,901.
En esa línea, el secretario de Educación señaló que el último mes de clases los alumnos no hacen nada; solo hay procesos administrativos en las escuelas, que se mantienen abiertas como lugares de cuidado, pero no de enseñanza. No lo dudo, pero eso no lo hace menos grave. ¿Es esa la educación que merecen los niños mexicanos? ¿Es esa la educación que preparará a los más de 23 millones de niños y jóvenes que están cursando educación básica? ¿Con eso bastará para prepararlos para el cambio tecnológico, para fomentar el pensamiento crítico y la curiosidad que les permita enfrentar un mundo cada vez más complejo? Si el problema es la calidad del tiempo en el aula, la solución no es recortar el calendario: es mejorar lo que pasa dentro de él.
Las horas de estudio, el rendimiento, la calidad del aprendizaje, el impacto sobre la dinámica laboral y familiar, son temas que ameritan seriedad, evidencia y planificación. Lo visto en los últimos cinco días es justo lo contrario.
@ValeriaMoy
Publicado en El Universal.
12-05-2026