
El Acuerdo Global Modernizado que México firmó con la Unión Europea el 22 de mayo llegó en el momento correcto, se negoció de la manera correcta y corrige problemas reales. No siempre pasan las tres cosas al mismo tiempo. Es la actualización más ambiciosa de la relación en 25 años, y llega justo cuando México más necesita demostrar que puede construir vínculos comerciales sobre bases institucionales sólidas.
Importa porque la relación con Europa tiene peso propio. El reporte del IMCO sobre inversión europea en México documenta que entre 2015 y 2024 los países de la Unión Europea invirtieron 88.7 mil millones de dólares en el país. España y Alemania concentran casi dos terceras partes de ese total. Volkswagen, BMW, Heineken, BBVA, Barceló: empresas que construyeron plantas, generaron empleos y echaron raíces. La manufactura de equipo de transporte, los servicios financieros y la industria de bebidas explican tres cuartas partes de esa inversión acumulada. Europa no es un socio marginal. Es el tercer socio comercial de México y su segundo mayor mercado de exportación.
Importa, también, porque el marco que regulaba esa relación tenía muchas áreas de mejora. El acuerdo que rigió los últimos 25 años no incluía protección de inversiones, dejaba fuera buena parte del sector agropecuario y no contemplaba comercio digital ni estándares de sostenibilidad. La modernización era necesaria. México recibe menos inversión europea de la que podría, considerando su ubicación geográfica y su red de tratados. El nuevo acuerdo libera el 99% del comercio de bienes, incorpora un sistema único y transparente de protección a las inversiones, y añade capítulos que no existían en el año 2000. Para los inversionistas europeos, significa reglas claras y predecibles por décadas.
Importa, además, porque los datos de hoy muestran que la inversión llega cuando hay certidumbre. México atrajo 23,591 millones de dólares en el primer trimestre de 2026 usando cifras preliminares. España creció 18.5% en sus flujos hacia México. Alemania sigue siendo el tercer mayor inversor extranjero en el país. Eso ocurre antes de que el nuevo acuerdo entre en vigor. ¿Cuánto más podría crecer con un marco legal moderno que proteja esas inversiones y amplíe los sectores donde Europa puede apostar por México?
Importa, sobre todo, porque el proceso fue lo opuesto al caos. La negociación concluyó en enero de 2025, la Comisión Europea adoptó sus propuestas en septiembre, el Consejo autorizó la firma en mayo de 2026 y el acuerdo se estampó el día 22. Tedioso, burocrático, lento. Pero predecible. Contrasten eso con la revisión del T-MEC: amenazas arancelarias, anuncios en redes, negociaciones que avanzan y retroceden según el humor de una administración impredecible. El 82.7% de nuestras exportaciones van a Estados Unidos. El acuerdo con Europa no elimina la concentración, ni pretende hacerlo, pero sí construye un contrapeso con bases firmes.
Para convertir el tratado en inversión real en semiconductores, transición energética y manufactura avanzada, México necesita certidumbre regulatoria, infraestructura y una política activa de atracción de capital. La firma es solo el punto de partida.
@ValeriaMoy
Publicado en El Universal.
26-05-2026