
Tomo prestado el título a partir del análisis que el IMCO hace de las cifras financieras que genera Pemex trimestralmente. El relevo en la dirigencia de la petrolera anunciado el jueves pasado por la presidenta Sheinbaum muestra que hay empresas, como el caso de Pemex, que parecen vivir en un estado de emergencia permanente.
Después de año y medio en la Dirección General, Víctor Rodríguez Padilla, quien conocía el sector primordialmente desde la perspectiva académica, deja el cargo para ser relevado por Juan Carlos Carpio Fragoso, que hasta entonces había sido director corporativo de finanzas de la empresa. La presidenta explicó que ese siempre fue el plan: Rodríguez Padilla quería desde un inicio regresar a sus actividades académicas y se había acordado que, a los 18 meses del encargo, lo dejaría para regresar a lo suyo, la academia. Un poco contrario a esa misma narrativa, se le dio un puesto de nuevo en el servicio público. Ahora estará a cargo del Instituto Nacional de Electricidad y Energías Limpias, el INEEL, un centro que –de acuerdo con la información proporcionada por el propio gobierno– realiza innovación, investigación y desarrollo tecnológico para las necesidades del sector energético de México. Supongo que será desde ahí que retomará sus actividades académicas.
Todo parecería ordenado, previsto, conforme al plan. Eso se comunicó. Pero suena raro. Pemex es una de las empresas más problemáticas del mundo; de las petroleras, quizás la que más. Ofrecer el cargo a alguien que de entrada condiciona su permanencia a un año y medio sonaría demasiado optimista. Quizás si los resultados de la empresa hubieran dado un giro de 180 grados en este periodo, la razón estaría del lado del argumento de la presidenta, pero al ver los datos financieros de la empresa, definitivamente no ha sido el caso.
Es cierto que Pemex arrastra problemas desde hace décadas. Su pasivo laboral, el costo de refinación que genera pérdidas mes tras mes y el desorden operativo —aunado a delitos como el huachicol y el huachicol fiscal— han hecho de la empresa un nudo impresionantemente difícil de desenredar.
Rodríguez Padilla deja Pemex con algunos datos positivos. La deuda financiera de Pemex se redujo de forma notable durante su gestión: de cerca de 97.600 millones de dólares a finales de 2024 a unos 79.000 millones al cierre del primer trimestre de 2026. Eso es una reducción de casi 23.000 millones de dólares en poco más de un año, lo que ubica el pasivo en su nivel más bajo en más de una década. Las tres grandes calificadoras —Moody’s, Fitch y Standard & Poor’s— mejoraron la nota crediticia de la empresa por primera vez en once años. Siendo una de las empresas más endeudadas del mundo, la reducción no es menor.
Sin embargo, vale la pena preguntarse cómo se logró esa disminución. Para lograr un ajuste de esa magnitud, el Gobierno Federal inyectó recursos a una velocidad que exige reflexión sobre el destino de los recursos de la federación. Solo en 2025, las aportaciones de capital del Estado a Pemex ascendieron a 396.200 millones de pesos -- casi tres veces el monto aprobado para ello en el Presupuesto de Egresos de la Federación de ese año. En el primer trimestre de 2026, llegaron otros 58.300 millones de pesos adicionales. Si se suman todas las transferencias desde que comenzó el llamado “programa de fortalecimiento” en 2019, el monto acumulado supera 1,8 billones de pesos, de los cuales 1,45 billones corresponden únicamente a aportaciones de capital. La deuda bajó, sí, pero en gran medida porque el Estado la pagó.
Los números operativos son aún más reveladores. El reporte del IMCO para el primer trimestre de 2026 muestra que Pemex registró una pérdida neta de 46.000 millones de pesos, un deterioro de 6.1% respecto al mismo periodo del año anterior. La producción de crudo —1.368 millones de barriles diarios— sigue siendo el segundo nivel más bajo desde 2011. La inversión presupuestal cayó 47,5% respecto al primer trimestre de 2025. Y el patrimonio neto de la empresa es negativo: sus pasivos totales equivalen al 86% más que sus activos. Pemex debe mucho más de lo que tiene.
Las cifras financieras no capturan lo que vivió la empresa en los primeros meses de 2026 en términos de seguridad. Ocho incidentes en menos de cuatro meses: un derrame de hidrocarburo en el complejo Abkatún-Cantarell en el Golfo de México, tres incidentes en la refinería Olmeca de Dos Bocas —incluido un incendio en marzo que cobró la vida de cinco personas—, una explosión en la refinería de Salina Cruz que dejó seis lesionados y un trabajador fallecido días después, y un derrame de diésel en la refinería Deer Park en Texas. El índice de gravedad de accidentes creció 128,7% respecto al primer trimestre de 2025.
A esto hay que sumar que Pemex siguió quemando gas natural a un ritmo alarmante: 618 millones de pies cúbicos diarios en el primer trimestre del año, un incremento de 78,6% respecto al mismo periodo de 2025. Eso equivale a desperdiciar en el aire 12,7% de toda su producción de gas. No es solo un problema ambiental; es dinero literalmente quemado y enviado a la atmósfera.
Juan Carlos Carpio llega con un perfil más técnico y más enfocado en lo financiero. Es economista por la UNAM, maestro por el CIDE y tiene más de dos décadas en el servicio público. Antes de Pemex, estuvo en la Secretaría de Finanzas de la Ciudad de México cuando Claudia Sheinbaum era jefa de Gobierno. Es un hombre de confianza de la presidenta y de la secretaria de Energía. Conoce a Pemex desde dentro y fue quien lideró la estrategia financiera para reducir la deuda y avanzar en el pago a proveedores.
Pero no bastará con reducir la deuda. Los cambios operativos serán necesarios. Los datos lo confirman trimestre a trimestre: sin reformas estructurales que incentiven la exploración de nuevos yacimientos y fortalezcan la operación de los existentes, Pemex difícilmente alcanzará su objetivo de independencia financiera del Gobierno federal para 2027. La empresa sigue recibiendo recursos del presupuesto público para pagar deudas que ella misma no puede liquidar con sus ingresos operativos. La producción de crudo lleva años en declive. El gas natural producido es casi 29% menos que en 2011. La inversión presupuestal de este año arrancó en su nivel más bajo en ocho ejercicios.
Carpio Fragoso tendrá que lidiar con todo eso. Cambiar al director de Pemex es inevitable cuando los tiempos políticos lo exigen. Lo que no es inevitable es seguir tratando los síntomas sin curar la enfermedad. Pemex lleva décadas en urgencias. Habrá que ver si alguien es capaz de curarlo.
@ValeriaMoy
Publicado en El País
17-05-2026