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Reforma energética

DE CONVICCIÓN LIBERAL

Por fin, el fin de semana pasado se publicó la versión del dictamen que se ha estado debatiendo en el Senado. Me gusta bastante la propuesta. Elimina la mayoría de los obstáculos que ha impedido el desarrollo de un sector energético del País. Llegó tarde la reforma, pero mejor tarde que nunca.

En esta columna me referiré exclusivamente a cuestiones relacionadas con la explotación de hidrocarburos. En la siguiente comentaré lo concerniente al sector eléctrico.

A final de cuentas, el PRI y el PAN recurrieron a una solución pragmática para resolver cómo incorporar el sector privado a las actividades de exploración y producción petrolera. Sigo pensando que para incentivar la inversión y reducir la incertidumbre, el esquema jurídica preferible era otorgar concesiones plenas a las empresas interesadas en explorar y producir petróleo en México, pero la resistencia política a tal medida fue imposible de vencer.

Dadas las circunstancias, la segunda mejor opción era establecer condiciones reglamentarias lo más flexibles posible. La propuesta de los dos partidos tiene esa virtud. Abre espacios jurídicos que permitirán establecer mecánicas diversas, incluyendo soluciones híbridas que mezclen varias fórmulas de remuneración (participación en las utilidades, pagos con un porcentaje del producto extraído, pagos en efectivos y licencias de exploración y producción económicamente análogas a los derechos que se adquieren vía las concesiones). Con tantas opciones disponibles, el Gobierno federal podrá establecer fórmulas de remuneración satisfactorias para los inversionistas privados.

También me gustó la claridad con la cual se definen las funciones de los diversos organismos reguladores involucrados en el sector petrolero. Creo que fue un acierto claramente diferenciar el rol normativo y político de la Secretaría de Energía de las tareas más bien técnicas y económicas que se asignan a la Comisión Nacional de Hidrocarburos. Estoy seguro de que en el día a día operativo irán surgiendo dudas sobre cuáles precisamente son las fronteras entre el campo de acción de una y otra entidad, pero el texto propuesto debe ser un punto de partido útil para poner en marcha el nuevo marco institucional. Como vayan avanzando en la ejecución de sus roles, las áreas grises se irán haciendo más claras.

Me gusta que se vaya a crear un fideicomiso para manejar las rentas petroleras. Hubiera preferido que se estableciera otra mecánica de distribución menos generosa con el Gobierno federal. Pero esto se debe a que desconfío profundamente de la capacidad del Estado para gastar sensatamente los recursos que recibe. El punto de partida de la fórmula de distribución de rentas 2013 es cuestionable, tanto por el nivel del precio del petróleo de este año como por el nivel de la producción petrolera. Es probable que en el futuro próximo la producción petrolera baje y no sería sorprendente que el precio del barril de la mezcla mexicana también se reduzca. Por lo tanto, es probable que pasen unos diez años antes de que el fideicomiso empiece a acumular montos importantes de recursos.

También, que fue una gran idea aprovechar la reforma para transformar el estatus jurídico de Pemex, convirtiendo a la paraestatal en una empresa productiva. Nadie sabe exactamente qué significará esto en la práctica, pero no cabe duda de que urge transformar a Pemex para que la empresa empiece a manejarse como una empresa que participa en un mercado altamente competido. El marco jurídico actual de Pemex contribuye a la muy baja eficiencia con que opera la empresa; seguir así hubiera sido perpetuar el derroche de recursos, sobre todo en las áreas de refinación y distribución. Una vez que Pemex cuente con una hoja de balance propia y tenga que luchar por sobrevivir competitivamente en el mercado de energía primaria, empezarán a desaparecer prácticas inmorales y grotescamente ineficientes.

Al margen de lo anterior, hay varios aspectos de la reforma que no acabo de comprender, quizá porque todavía no se ha desarrollado la legislación secundaria al respecto. Por ejemplo, la decisión de asignar los campos que están produciendo sin costo a Pemex se me hace cuestionable. Creo que hubiera sido mejor licitar estos campos entre inversionistas privados e invertir los recursos resultantes en la modernización de Pemex. Estoy bastante seguro de que otras empresas privadas del sector podrían extraer más valor de esos yacimientos que Pemex.

Tampoco estoy seguro de qué se propone hacer con el sistema de refinación y distribución de gasolinas de Pemex. Como están las cosas, es un lastre económico pesadísimo que Pemex tendrá que arrastrar, pero estoy siendo impaciente, seguramente esto se empezará a resolver un poco más adelante.

Concluyo; ¡albricias, el dictamen de reforma constitucional contiene muchas propuestas que se deben aplaudir! Aleluya.

Roberto Newell G. es Economista y Vicepresidente del Instituto Mexicano para la Competitividad, A.C.

Las opiniones en esta columna son personales.

Publicado por Reforma 

12-12-2013