Confianza y Transparencia
En los lejanos años ochenta del siglo pasado había una banda de rock medianamente célebre que se llamaba Van Halen. En sus giras, el grupo musical tenía una exigencia que parecía un capricho extravagante, propio de un cuarteto de divos mareados por un exceso de fama súbita. Una cláusula del contrato establecía que los promotores de conciertos tenían la obligación de poner en los camerinos un tazón de chocolates confitados M&M’s. Sin embargo, bajo pena de cancelación del concierto, se tenían que sacar del recipiente todos los M&M’s de color café. La necedad no era una demanda absurda, sino un sofisticado mecanismo de rendición de cuentas sobre el cumplimiento del contrato.
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